Antonio Pildain y Zapiain (Lezo, Guipúzcoa, 17 de enero de 1890 - Las Palmas de Gran Canaria, 7 de mayo de 1973) fue un obispo católico español. Ocupó el cargo de obispo de Canarias entre 1936 y 1966. Su pontificado ha sido el más largo en la historia de la diócesis y está considerado como uno de los personajes más relevantes de Canarias durante el . También tuvo un breve paso por la política, siendo diputado en las Cortes republicanas entre 1931 y 1933.
Biografía Primeros años Nació en la localidad guipuzcoana de Lezo el 17 de enero de 1890. Su padre, Gabriel Pildain Arrevia, era marino mercante y fue práctico del puerto de Pasajes. Su madre, María Zapiain Arrillaga, era maestra de primeras letras. Tuvo tres hermanas: Teodora, María y Mercedes.
Estudios y formación Hizo sus primeros estudios en su localidad natal. Estudió tres años de latín y de humanidades en el Seminario Menor de Andoáin (1900-1903). Pasó entonces al Seminario Mayor de Vitoria, donde estudió un año más de latín y de humanidades (1903-1904), y tres años de filosofía —en los que, además de las asignaturas propiamente filosóficas, expuestas conforme a la doctrina neoescolástica, se cursaban también asignaturas propias de las matemáticas y de las ciencias naturales— (1904-1907. En esta época destacó en las asignaturas de Lógica y de Metafísica.
Pildain fue un alumno brillante, que obtuvo siempre las mejores calificaciones, lo que le permitió recibir una beca en 1907 para proseguir sus estudios en Roma, como colegial del Pontificio Colegio Español. Estudió cinco años de teología en la Pontificia Universidad Gregoriana (1907-1912), donde obtuvo primero la licenciatura y después el doctorado en Sagrada Teología con la máxima calificación y premio extraordinario. En la Gregoriana fue uno de los alumnos predilectos del catedrático Louis Billot —futuro cardenal—. También hizo, simultáneamente, un año de estudios bíblicos y de lenguas orientales en el Pontificio Instituto Bíblico (1911-1912). Fue ordenado sacerdote el 13 de septiembre de 1913.
Pildain fue políglota. Conocía y hablaba perfectamente siete idiomas: español, francés, italiano, vascuence, latín, griego y hebreo. Era aficionado a la música, especialmente al canto gregoriano y a la música clásica, particularmente la de Schubert. También era aficionado a la literatura clásica, a la pelota vasca y a las corridas de toros.
Sacerdocio y docencia Una vez culminados sus estudios en Roma (1912), su primer destino como sacerdote en la diócesis de Vitoria fue el de profesor de Lengua hebrea, de Historia de la filosofía y de Teología dogmática en el Seminario Conciliar de Vitoria, donde había iniciado sus estudios como sacerdote.
En 1918 obtuvo, por oposición, el cargo de canónigo lectoral de la Catedral de Vitoria, oficio que había quedado vacante por el nombramiento de su anterior titular, Mateo Múgica, como obispo de Osma. Durante la siguiente década Pildain destacó como un brillante orador sagrado. Tanto de Madrid como de otras ciudades españolas se le reclamaba para escucharle hablar desde el púlpito en celebraciones litúrgicas.
Incursión en política durante la Segunda República Con el advenimiento de la Segunda República en abril de 1931 tras el exilio del rey Alfonso XIII; en el País Vasco y Navarra se organizó una coalición católico-fuerista para presentar candidaturas conjuntas a las Elecciones generales de España de 1931. Esa coalición agrupaba a las dos ramas entonces existentes del carlismo, monárquicos alfonsinos, el PNV (nacionalistas vascos) y otros grupos católicos afines. Los ejes de dicha candidatura eran por un lado la defensa de los derechos de la Iglesia católica, atacando fuertemente las disposiciones adoptadas por el gobierno provisional republicano sobre la libertad de cultos y la exclusión de la enseñanza religiosa católica del plan de estudios; y por otro lado la reintegración de los Fueros vasco-navarros abolidos en 1839 mediante un estatuto de autonomía vasco (Estatuto de Estella).
Antonio Pildain se presentó por Guipúzcoa como católico independiente dentro de dicha coalición, que en este territorio se llamó Candidatura Pro-Estatuto Vasco y salió elegido diputado, siendo el candidato más votado de dicha circunscripción en las elecciones del 28 de junio de 1931, con 35.942 votos. Tanto Pildain como sus compañeros de las coaliciones católico-fueristas formaron en las Cortes la denominada Minoría Vasco-Navarra, formada por un total de 15 diputados.
En el mitin que se celebró en Guernica el 12 de julio del mismo año, Pildain dijo entre otras cosas
Y refiriéndose al Estatuto de Estella
Indalecio Prieto, en uno de sus discursos posteriores en las Cortes, hizo chiste de algunas de las ideas contenidas en el discurso de Pildain al manifestar que lo que se quería con el Estatuto de Estella era establecer un Gibraltar vaticanista.
Lo más polémico del discurso de Pildain fue sus comentarios respecto a la quema de iglesias y conventos que levantaron una enorme polvareda en toda España:
En su etapa como diputado en las Cortes, durante la Legislatura Constituyente, destacó por su encendida defensa de las prerrogativas de la Iglesia. Como orador en el Congreso debatió en cuestiones que afectaban a la Iglesia o a la enseñanza con parlamentarios como Fernando de los Ríos, Álvaro de Albornoz o Julián Besteiro. El político derechista José María Gil-Robles elogió su oratoria durante esos años: “En el grupo vasco-navarro de las Cortes Constituyentes destacaron los discursos de don Antonio Pildain -más tarde virtuoso obispo de Gran Canaria- reveladores de una altísima elocuencia y de una sólida y extensa cultura”. Sus 12 discursos parlamentarios fueron recogidos posteriormente en un libro denominado: En defensa de la Iglesia y de la libertad de enseñanza, publicado en Madrid en 1935.
El 13 de octubre de 1931 la Minoría Vasco-Navarra abandonó el Congreso en protesta por la aprobación de los artículos 24 y 26 de la Constitución que prohibían la enseñanza a las instituciones religiosas, terminaban con la subvención de la Iglesia y las órdenes religiosas por parte del Estado y expulsaban a los jesuitas del país. El 9 de diciembre quedó aprobada la Constitución de la Segunda República española, de carácter laicista y que reservaba al Estado español las relaciones con la Santa Sede, una de las principales aspiraciones de la Minoría Vasco-Navarra, por ello el primer proyecto de Estatuto Vasco resultaba anticonstitucional. Tras la aprobación de la Constitución, los Diputados de la Minoría Vasco-Navarra volvieron al Congreso, pero la Coalición Católico-Fuerista acabó rompiéndose de facto, por desavenencias entre el PNV y el resto de movimientos integrantes del mismo, por el rumbo a seguir de ahí en adelante en lo relativo al estatuto y otras cuestiones, ya que el PNV adoptó una actitud más posibilista con las autoridades republicanas. Pildain quedó en el Congreso como un diputado más o menos afín al PNV, aunque siempre mantuvo su carácter independiente dentro de la Minoría. En las elecciones generales de España de 1933 el PNV trató de que Pildain se presentara a la reelección como integrante de una de sus candidaturas, pero el canónigo que siempre se había considerado apolítico rehusó, abandonó su breve carrera política y regresó al sacerdocio.
Labor pastoral y nombramiento como obispo (1933-1937) En los años siguientes Pildain, en paralelo a su labor como canónigo de la Catedral de Vitoria, se dedicó a una labor de apostolado entre las clases obreras y la juventud dando cursillos en Acción Católica, en la Catequesis de Villa Suso (Vitoria), dando discursos en centros obreros, capillas y misiones populares. Fue muy activo en todo tipo de asambleas religiosas y de índole social.
Su labor fue finalmente premiada cuando el papa Pío XI lo nombró obispo de la diócesis de Canarias (que engloba la provincia oriental canaria de Las Palmas) el 18 de mayo de 1936, cuando Antonio Pildain contaba 46 años de edad. Sin embargo, el nombramiento de Pildain estuvo plagado de problemas. En primer lugar, el embajador de la República ante la Santa Sede protestó por el nombramiento, debido a la antigua militancia política de Pildain y a que la Santa Sede no había avisado previamente del mismo al gobierno español. En esto llegó el estallido de la guerra civil española en julio de 1936, que pilló a Pildain en Roma. Al poco de estallar la guerra, el embajador oficioso de los sublevados ante la Santa Sede protestó también por el nombramiento al considerar que Pildain era un nacionalista vasco. Para aquel entonces, sin embargo, Pildain se había distanciado mucho del PNV y el régimen franquista finalmente no puso impedimentos a su nombramiento. Fue consagrado obispo en Roma el 14 de noviembre de dicho año, aunque en su ceremonia de consagración las autoridades sublevadas vetaron la presencia de Mateo Múgica, obispo de Vitoria, maestro y mentor (el que había propuesto su nombramiento) y quien en principio iba a cooficiar la ceremonia.
Finalmente Pildain no entró en su diócesis hasta el 19 de marzo de 1937.Personajes singulares del siglo XX: VI – Antonio Pildáin Zapiáin, Obispo de Canarias, intransigente con Franco, Pérez Galdós y Unamuno.
Obispo de la diócesis de Canarias (1936-1966) thumb|220px|Imagen de Nuestra Señora de la Soledad de la Portería Coronada, a quien el obispo don Antonio Pildain profesaba gran devoción y a la cual coronó en nombre del papa Juan XXIII el 19 de marzo de 1964. Antonio Pildain fue obispo de la diócesis de Canarias durante cerca de 30 años, siendo su pontificado el más duradero de la historia de esta diócesis. Su labor al frente de la misma y la influencia que tuvo en la sociedad canaria le han convertido en uno de los personajes más importantes de la historia de las Islas Canarias durante el .
Se cuenta que al menos en una ocasión, como obispo de la diócesis de Canarias, Pildain se interpuso en los accesos a la sima de Jinámar, ubicada en los campos de volcanes del municipio de Telde, en la isla de Gran Canaria, para evitar algunos de los actos represivos ocurridos durante la guerra civil española en este lugar. Los actos de represión se producían por la noche con el propósito de ocultarlo a la población. Los detenidos eran transportados en camiones desde los centros de detención –en su mayoría provenían del campo de concentración de La Isleta (en Las Palmas de Gran Canaria), abierto hasta 1947– hasta la sima de Jinámar, desde cuyo precipicio serían arrojados para acabar sumaria y extrajudicialmente con sus vidas.
Además, durante la guerra y con el fin de evitar los crímenes del bando sublevado, llegó a prohibir a sus sacerdotes que colaboraran con las autoridades franquistas en la denuncia de simpatizantes de la República. En este sentido, el teólogo Enrique Miret Magdalena ha definido así la labor pastoral del obispo vasco durante la Guerra Civil y la dictadura franquista: «Una cuestión que le preocupó mucho a Pildain fue la persecución política en tiempos de Franco, ocurrida frecuentemente sin un juicio justo. Por eso fue a visitar a los presos políticos de su diócesis, interesándose por sus familiares, y pidiendo no sólo justicia auténtica, sino también el indulto».
Antonio Pildain era decididamente tradicionalista en el orden cultural y simpatizante del carlismo, un integrista o, como el mismo se calificaba, “intolerante doctrinal” pero “tolerante” para con el hombre concreto. Así, por un lado se distinguió por su rigor moral en cuestiones de vestir, la decencia cristiana y de «buenas costumbres», siendo famosa la pastoral que hizo leer en su diócesis a propósito de la película Gilda, exhibida en 1947, cuya proyección en la diócesis fue vetada por el obispo, o su carta pastoral de 1953 prohibiendo la obra de Unamuno titulada Don Miguel de Unamuno, hereje máximo y maestro de herejías.https://repositorio.uam.es/bitstream/handle/10486/278/21966_Don%20Miguel%20de%20Unamuno.pdf?sequence=1