La destrucción de Granada, llamada comúnmente quema de Granada, fue un suceso iniciado entre el 22 y 23 de noviembre de 1856, cuando los filibusteros liderados por Charles Frederick Henningsen y bajo órdenes de William Walker incendiaron completamente la ciudad de Granada (Nicaragua). Este suceso se enmarca dentro de la guerra nacional de Nicaragua, marcando el inicio de la retirada de los filibusteros del país. Además, por lo violento de sus circunstancias, es comúnmente comparado por historiadores con la destrucción de Cartago por parte de los romanos.

No pudiendo hacer frente al avance del ejército aliado centroamericano, Walker le dio la orden de arrasar la ciudad hasta los cimientos a Henningsen. Se organizó una procesión con cerca de cincuenta soldados ataviados con vestimenta sacerdotal y al frente un ataúd con bajo el rótulo de «Granada» y, finalmente, lo enterraron en el centro de la plaza central, sobre la cual dejaron un letrero que decía «Aquí fue Granada».

Finalmente, terminó el 13 de diciembre con la retirada de los filibusteros, debilitados por la falta de alimentos y el cólera, luego de varios días siendo sitiados por los centroamericanos. Según Walker: «de los 419, que estaban a las órdenes de Henningsen cuando Granada fue sorprendida el 24 de noviembre, 120 habían muerto del cólera o del tifus; 110 habían sido muertos por el enemigo o estaban gravemente heridos; 40 habían desertado y 2 habían sido hechos prisioneros».

Antecedentes

Sitio de 1854 Durante el año de 1854, la ciudad de Granada fue víctima de uno de los asedios más prolongados de la historia nacional. Así pues, los autores Julián Guerrero y Lola Soriano de Guerrero, refiriéndose a este suceso, escriben lo siguiente:

La ciudad de Granada tiene una forma de plano inclinado, cuya parte más baja es la que se encuentra próxima al lago Cocibolca. Es por ello que los democráticos tomaron la iglesia de Xalteva (que se encuentra en la parte más elevada de la ciudad). El historiador José Dolores Gámez detalla que el jefe de estos, Jerez, solía pasearse por el atrio para reconocer el campo enemigo, siendo que en una de tantas fue alcanzado por un disparo que le dio en rodilla derecha, destrozándole la rótula, al mismo tiempo que otro atravesó el pecho del segundo jefe Pineda.

Según el relato del historiador Anselmo Rivas:

izquierda|miniaturadeimagen|249x249px|La iglesia de la Merced, la cual fue semidestruida por el ejército leonés en 1854. Los leoneses al llegar a la ciudad se dispusieron a incendiar tres manzanas de las principales de la ciudad. No obstante, es necesario mencionar que el propio Chamorro contribuyó a la destrucción de la ciudad ordenando quemar las manzanas adyacentes a la plaza de Xalteva, que era refugio del ejército invasor. La iglesia de la Merced fue semidestruida en el tercer cuerpo de su torre.

Como se mencionó anteriormente, tanto Jerez como Pineda (líder y segundo al mando del ejército democrático respectivamente) se encontraban fuera del campo de batalla. Es por esto que los leoneses, compuestos por hordas indisciplinadas, se dispersaron en varios grupos que se entregaron a toda clase de abusos, lo cual creo un caos total —lo cual les granjeó una mala reputación que logró engrosar las filas adversarias.

Finalmente el asedio terminó la madrugada del 10 de febrero con la toma de Masaya (de donde recibían suministros) por parte del ejército legitimista, lo cual los obligó a retirarse dejando sus mejores piezas de artillería y guerra en general.

Al finalizar este suceso, Chamorro (que había asumido el mando del país como primer presidente el 30 de abril de 1854) dejó el gobierno en manos de José María Estrada para ponerse al frente del ejército en contra de los leoneses, que el 11 de junio de 1854 habían nombrado a Francisco Castellón como «Supremo Director del Estado del Gobierno provisorio de León» en el cabildo de la misma ciudad.

Intervención filibustera miniatura|300px|Fotografía del reconocido y famoso filibustero estadounidense William Walker (1824-1860) quien logró convertirse en Presidente de Nicaragua y gobernar el país por un año desde 1856 hasta 1857. La intervención filibustera en Nicaragua se dio en medio de la guerra civil entre legitimistas (conservadores) y democráticos (liberales). Estos últimos contrataron a una serie de mercenarios norteamericanos liderados por William Walker para que les ayudaran a ganar la guerra. Así, el 16 de junio de 1855 desembarcaron en el puerto de El Realejo (departamento de Chinandega) e inmediatamente se pusieron al frente de la batalla, siendo nacionalizados nicaragüenses en el proceso.

Después de un ataque fallido a Rivas, Walker logró tomar Granada (sede de los legitimista), y sumado a la muerte Francisco Castellón —líder de los democráticos—, termina fortaleciendo su poder. Además, consiguió negociar con el general Ponciano Corral la imposición de Patricio Rivas como presidente de Nicaragua y la desarticulación de los grupos armados, con excepción de su falange y él como supremo comandante. Sin embargo, Corral no quedó contento con el tratado realizado y el día 1 de noviembre de 1855 solicitó ayuda a varios presidentes, como el de Honduras, José Santos Guardiola, para a expulsar Walker. Sin embargo, este pudo interceptar las cartas el día 4 del mismo mes, y el 5 lo acusó de traición ante un consejo de guerra convocado por el mismo, siendo sentenciado a pena de muerte y finalmente ejecutado el 8 de noviembre a las 2:00 p.m.

La ejecución del general Ponciano causó un gran descontento en el bando legitimista. Aprovechando esto, el presidente de Costa Rica, Juan Rafael Mora, declaró la guerra a Nicaragua argumentando que Walker era un enemigo para la independencia de su país. El primer enfrentamiento entre ambos países se dio en la batalla de Santa Rosa, en la provincia de Guanacaste, con una contundente derrota para el ejército filibustero. A esta le seguirían las batallas de Sardinal y de Rivas, ambas con victoria para el ejército costarricense. Sin embargo, el avance de estos se vio frenado por el cólera, teniendo que abandonar el territorio nicaragüense.

Declaración de William Walker como enemigo Expulsado Mora de territorio nicaragüense, Walker anunció que se debían organizar una nueva elección presidencial, anulando la anterior ganada por Patricio Rivas celebrada en abril del mismo año. Alertado por esto, el 23 de junio de 1856, Rivas declaró a «Guillermo Walker» enemigo de Nicaragua e hizo un llamado a todos los nicaragüenses entre 15 y 60 años «para ponerse en armas contra el mencionado señor Walker». Aprovechando la situación, este se proclamó presidente de Nicaragua y prestó juramento en la plaza de Granada el 12 de julio, después de «haber ganado» con cerca de un 70 % de votos a favor la elección convocada y organizada por él mismo.

Presionados por los gobiernos centroamericanos, los líderes legitimista y democrático firmaron un pacto conocido como el pacto providencial el 12 de septiembre en León para hacer frente a los filibusteros con ayuda de los demás países de la región. A esto pacto le siguieron una serie de derrotas del bando filibustero. Estos, esperanzados en poder tomarla, atacaron Masaya durante tres días y tres noches, sin embargo, la noticia del ataque del ejército aliado centroamericano a Granada les obligó a retirarse y finalmente a refugiarse en la parroquia —hoy catedral— de la ciudad. El avance y la superioridad numérica de los aliados era evidente, sabiendo esto, Walker decidió abandonarla y refugiarse en Rivas, no sin antes dar la orden de para su destrucción.

Historia

Granada pierde el derecho de existir miniaturadeimagen|Charles Frederick Henningsen, encargado de dirigir la destrucción de la ciudad.|307x307px|izquierdaSegún Walker: «el cariño de los antiguos chamorristas [legitimistas] por Granada era grande y peculiar. Amaban a su principal ciudad como a una mujer». Fue por ello que, desde la isla de Ometepe, dio la orden de destruir la ciudad hasta los cimientos, pues «conforme a las leyes de guerra, la ciudad había perdido el derecho de existir, y la conveniencia de destruirla era tan evidente como la justicia de la medida». Según la opinión de Alejandro Bolaños Geyer:

El encargado de ejecutar esta orden fue Charles Frederick Henningsen, que había arribado a Nicaragua a finales de octubre procedente de Nueva York con armas y pertrechos de artillería. Así pues, el 20 fueron evacuados más 200 enfermos en el vapor La Virgen con dirección al puerto de La Virgen, en Rivas. Henningsen anunció a sus soldados que:

El 22, arribó a Granada William Kissane Rogers, un exprisionero con un largo historial incendiario en Arkansas y Ohio, fue él quien le comunicó a Henningsen la orden de Walker. Al saber que los habitantes de la ciudad habían sido evacuados, los generales Martínez y Paredes se dispusieron atacar a los filibusteros, sin embargo, el general Belloso se opuso rápidamente a la idea y sería hasta dos días después que finalmente empezarían a marchar a Granada.

Comienza la quema Henningsen ordenó a sus soldados que destruyeran todo: chozas, casas e iglesias. Para esta misión, le asignó un sector a cada uno cada compañía de soldados, dirigidos por sus respectivos capitanes: Dolan, McChesney, Ewbanks, Johnson y O'Reagan. Fue así como cerca de la media noche del 22 o la madrugada 23 de noviembre con la detonación de un viejo cañón colonial de bronce fundido en Barcelona se dio seña para que los 419 filibusteros que se encontraban en la ciudad dieron inicio a la quema de Granada. Mientras tanto, Kissane robó todos los objetos de valor —tales como anillos, sortijas, rosarios, candelarios y otros— de las siete iglesias de la ciudad, así como de los hogares y edificios públicos; los cuales fueron cargados en el vapor San Carlos. Esto último fue analizado detalladamente el 14 de septiembre de 1859 por las autoridades eclesiásticas valuando, en pesos de la época, las pérdidas sufridas en los templos en las siguientes cifras:. +La Merced33 170La parroquia32 201San Francisco11 708Xalteva8230Guadalupe8176Esquipulas3956San Sebastián3279Total100 720 El historiador Jorge Eduardo Arellano detalla sobre esto:

El mismo Walker llegó a comentar que «el licor y los incendios daban a la ciudad el aspecto de una bacanal desenfrenada más que el de un campo militar» (cabe señalar que el mismo Henningsen y el ministro de finanzas Parker French se encontraban ebrios). Temiendo un posible ataque aliado, también se ordenó la construcción de una serie de barricadas alrededor de ciudad. El fuego se propagó rápidamente desde las suburbios hasta el interior. En medio de la quema, los filibusteros colocaron un cartel con la inscripción «Aquí fue Granada», considerado por autores Ricardo Dueñas Van Severen como: «un epitafio digno de Aníbal». Según cuenta el capitán Horace Bell —que se encontraba a bordo del vapor La Virgen junto a Walker—:

Ese mismo día se evacuaron a los últimos habitantes de la ciudad, y se anunció oficialmente que: «¡Granada ya no existe! Walker la incendió y redujo a cenizas el 22 al verse obligado a abandonarla. Las pobres familias nicaragüenses aterradas, sin abrigo, sin ropa y sin recursos vagan por los campos y las inmediaciones buscando protección y amparo». Años después, Kissane escribiría:

Los aliados llegan a Granada miniaturadeimagen|La Iglesia de Guadalupe, refugio de los filibusteros.|245x245px