thumb|250px|Autorretrato, de Alberto Durero, posiblemente el pintor alemán más conocido de la Historia del Arte. La pintura de Alemania es aquella que se ha producido en el territorio que forma parte del Estado Federal Alemán, o por artistas nacidos en el mismo. El origen de la pintura alemana puede situarse en las miniaturas realizadas en algún taller germano en la época carolingia, y en su evolución pueden identificarse dos grandes épocas de esplendor: la primera va del gótico tardío al Renacimiento, y la segunda arranca en el Romanticismo de finales del para culminar en el expresionismo de principios del .
Se conoce como Edad de oro de la pintura alemana al , con la obra de dos pintores de primera fila, como Alberto Durero y Hans Holbein el Joven, y muchos otros destacados maestros como Lucas Cranach el Viejo y Albrecht Altdorfer.
En la época romántica destacaron los nazarenos y los paisajistas como Caspar David Friedrich. Finalmente, en el , artistas alemanes protagonizaron el movimiento expresionista, sobre todo en su segunda generación y se encuentran en el origen de otras corrientes de vanguardia como el dadaísmo o el surrealismo.
Edad Media Arte carolingio y otoniano Las primeras obras pictóricas se encuentran en el arte carolingio, en particular en sus miniaturas. El arte carolingio fue la forma más primitiva de arte germánico. Carlomagno, como representante de Roma, pretendía hacer un renacimiento del arte romano y su cultura en Occidente. Distanciándose de la iconoclastia del Imperio bizantino, Carlomagno admitió el uso de imágenes en obras artísticas, destacando por su importancia la iluminación de los manuscritos antiguos por todo el territorio carolingio. De todo este ámbito, en lo que hoy es Alemania se situaron talleres menores en la zona de Hesse, como el de Fulda y el de la abadía de Lorsch (Hesse). En su scriptorium se elaboró el llamado Codex Aureus de Lorsch (778 - 820).
miniatura|izquierda|Ejemplo de arte otoniano: Miniatura del Codex Egberti, escena: Egberto de Tréveris, , papel, 10,3 × 13,3 cm, Biblioteca estatal de Tréveris. En la época había frescos en las iglesias y los palacios, pero la mayoría de ellas ya no existen. El Palacio de Carlomagno en Aquisgrán (Renania del Norte-Westfalia) contenía pinturas murales que narran guerras en España. El Palacio de Ludovico Pío en Ingelheim (Renania-Palatinado) contenía imágenes históricas de la antigüedad y del tiempo de Carlomagno. Otros fragmentos de pinturas pueden encontrarse en Renania-Palatinado (Coblenza y Tréveris), Hesse (Lorsch y Fulda), y Renania del Norte-Westfalia (Colonia y Corvey).
Una pintura más exclusivamente alemana se desarrolló a partir del con el surgimiento del arte otoniano. Como toda la pintura occidental, estuvo marcada, inicialmente, por la creación de manuscritos iluminados. Los príncipes y el Alto Clero promovían esta creación artística de carácter aristocrático. Este arte arranca de los modelos carolingios, como se aprecia por su expresividad, y en detalles como la disposición de los cánones, las letras de oro y los fondos de púrpura. Pero, gracias en particular a la emperatriz Teófano, esposa de Otón II, se recibe la influencia bizantina, ganando las imágenes en solemnidad y ampliándose la iconografía con personajes muy cuidados en escenas de la Biblia. Espléndidos manuscritos, enriquecidos con iluminaciones, se produjeron en toda una serie de escuelas monásticas. Destaca por su importancia el monasterio de Reichenau (isla del lago Constanza, en el estado de Baden-Wurtemberg), que no solo hacía espléndidas miniaturas, sino que también encuadernaba las obras con marfil y piedras preciosas. A esta escuela pertenece el Codex Egberti, actualmente en la biblioteca de Tréveris y una serie de obras, como los Evangeliarios de Otón II, relacionados con el miniaturista Liutardo. Hubo otros escritorios en esta época, como los de Tréveris, Colonia (que destacaba por el brillante uso del color), Corvey, Hildesheim (Renania-Palatinado), Fulda, Ratisbona o Tegernsee (Baviera). La doble influencia, carolingia y bizantina, se encuentra también en las pinturas murales de la época, aunque bien es cierto que son escasas las que se conservan: los frescos de San Jorge de Oberzell en Reichenau (Baden-Wurtemberg) y en Goldbach cerca de Überlingen también en el lago Constanza.
Románico También hay pinturas murales románicas, persistiendo la influencia otoniana y bizantina. Uno de los centros de pintura mural fue Ratisbona, pero pocas obras sobrevivieron. De lo que ha quedado, merece destacarse las pinturas de Schwarzrheindorf (iglesia doble cerca de Bonn), San Gedeón de Colonia y el Juicio Final de Oberzell (Reichenau).
Gótico En el se introduce en Alemania el estilo gótico lineal o franco-gótico, siendo ejemplos de él miniaturas como el Pasionario de Cunegunda o la Biblia Pauperum, con rica iconografía. Pero aparecen ya las primeras pinturas sobre tabla, como el díptico de la Virgen del Museo de Berlín. La segunda fase del gótico, el de influencia italiana, está ejemplificado en el retablo de Hamburgo (1379), del severo maestro Bertram de Minden.
En la centuria siguiente, el arte de la creación de iluminaciones decayó y la elaboración de vidrieras se desarrolló bastante. El principal acontecimiento de este siglo es la expansión de los retablos pintados por todo el territorio, de una gran variedad de estilos. Empiezan a conocerse nombres individuales de grandes artistas, enmarcados en el estilo gótico internacional. En la primera mitad de siglo aparece Conrad Soest, cultivador del estilo suave, que trabajó en Westfalia y de quien puede destacarse su retablo de Niederwildungen. En Hamburgo trabajó en maestro Francke, de quien destaca su Retablo de los Navegantes. En esta época destacó como centro artístico la ciudad de Colonia, hasta el punto de que se habla de una «Escuela de Colonia», con pintores como el Maestro de la Verónica (fl. hacia 1400) y, sobre todo, Stefan Lochner. Lochner mostraba en sus obras delicadas en las que se evidencia la influencia de la pintura flamenca, especialmente de Jan van Eyck y Rogier van der Weyden. Sus dos obras más conocidas se encuentran en Colonia: la Virgen de la Rosaleda en el Museo Wallraf-Richartz y el tríptico de la Adoración de los Reyes (1440) en la catedral de Colonia. thumb|350px|Pintura gótica: Tabla central del tríptico de la Adoración de los Reyes, obra de Stefan Lochner en la catedral de Colonia. Después de Lochner, Colonia recibió una fuerte influencia flamenca, que se ve en el Maestro de la Vida de la Virgen (fl. h. 1460-1480) y el Maestro de la Leyenda de Santa Úrsula (fl. hacia 1500).
Ya dentro de la última fase del gótico, que es el estilo flamenco, cabe citar a Hans Memling, al que se cree alemán de nacimiento y formado en la zona renana, pero desarrolló lo principal de su carrera en Brujas y su estilo es claramente flamenco, reiterando formas y composiciones de artistas precedentes.
De Suabia fueron Lukas Moser, con su notable retablo de Santa Magdalena (1431) de Tiefenbronn y Konrad Witz, de un estilo análogo al del español Fernando Gallego y que trabajó en Basilea (Suiza) desde 1434 hasta su muerte; de Witz destaca el realismo en el paisaje que puede apreciarse en sus retablos. Otros artistas importantes de este período fueron Hans Multscher que trabajó en Ulm; Hans Holbein el Viejo en Augsburgo; el tirolés Michael Pacher, muy cercano al estilo italiano del momento, probable conocedor de Mantegna y, finalmente, hay que citar al pintor y grabador Michael Wolgemut, maestro de Durero.
Debe destacarse en este el desarrollo del arte del grabado sobre madera, la xilografía, que tuvo enorme éxito a lo largo de la historia de la pintura alemana. Dos maestros anónimos, Maestro E.S. (fl. 1450-1467) y el Maestro del Gabinete de Ámsterdam son los inmediatos predecesores de Martin Schongauer, el más célebre de los grabadores y quien tuvo mayor influencia. Schongauer (1448-1491) desarrolló un estilo más individual, caracterizado por las líneas curvas y delicadas, creando imágenes manieristas, a veces recargadas, que fueron copiadas por artistas posteriores. También fue pintor, como puede verse en su Virgen de la Rosaleda.
Edad Moderna thumb|200px|right|La pequeña crucifixión, de Matthias Grünewald, hacia 1502, ejemplo de perduración de modelos «góticos» en época renacentista. Renacimiento Con el Renacimiento surgió en Alemania un tipo peculiar de arte, en contraposición con las obras creadas en Italia. Se abre así el llamado Siglo de oro de la pintura alemana, con pintores como Grünewald (1470-1528), Hans Holbein, Alberto Durero y Lucas Cranach. A la tradición gótica alemana, expresionista y patética, se le une ahora la influencia italiana y la llegada de la Reforma protestante, lo que provoca una pintura con personalidad propia.
El más vinculado con la tradición gótica anterior es Grünewald, y por ello a veces se le clasifica entre los pintores góticos, o se dice que se encuentra a caballo entre la pintura gótica y el renacimiento, cuando en realidad es estricto contemporáneo de Alberto Durero (1471-1528). Grünewald prolongó en el tiempo las concepciones góticas, en pinturas que mantiene el patetismo típico de los primitivos alemanes, con actitudes arrebatadas y luces intensas. La obra más notable de este artista, calificado como «extraño», o «visionario», es el Retablo de Isemheim (1510), conservado en el Museo de Unterlinden de Colmar, con imágenes de la Crucifixión con una extraña iluminación e imágenes de carnes casi putrefactas.
Pero las dos figuras que sobresalen del resto, de fama internacional, son Alberto Durero y Hans Holbein el Joven. Durero es el artista alemán por antonomasia. Formado en Núremberg, viaja a Italia, donde conoce la pintura veneciana, singularmente la obra de Mantegna y la de Giovanni Bellini. Así, en sus obras fusiona el estilo gótico alemán con la pintura renacentista italiana. Cultiva diversos géneros, como la pintura religiosa (Los cuatro apóstoles de Múnich) y el desnudos (Adán y Eva del Prado), así como retratos de gran penetración psicológica, destacando los autorretratos que fue realizando a lo largo de su vida. Además de la pintura al óleo, Durero cultiva el grabado creando infinidad de láminas e imágenes que posteriormente fueron muy divulgadas y copiadas: La melancolía, el Apocalipsis, el Rinoceronte, etc. Igualmente, cabe citar sus numerosas acuarelas, de paisajes, animales y plantas, con gran detalle y realismo, siendo uno de los primeros dibujantes de paisajes puros, esto es, escenas urbanas o rurales sin pretexto de contar una historia. thumb|left|La Melancolía, uno de los más conocidos grabados de Durero (1514). Hans Holbein el Joven era hijo del pintor homónimo llamado «el Viejo» de la época gótica. Además de la tradición germana, Holbein conoció la obra de Rafael, cuya influencia es evidente en sus cuadros de Vírgenes, como la Virgen del burgomaestre Meyer. Pero si destacó en algo fue como retratista. Desarrolló gran parte de su carrera en Inglaterra, en la corte de Enrique VIII, retratándole a él, a algunas de sus esposas y a cortesanos como Tomás Moro. Su obra influyó en la retratística posterior de la época isabelina que imitó su estilo.
thumb|250px|Lucas Cranach el Viejo: Ninfa de la fuente, primer tercio del , Museo de Bellas Artes de Besanzón. Aunque Hans Holbein formó parte de los círculos reformistas, llegando a tratar con Erasmo, el artista alemán más vinculado a la reforma protestante fue Lucas Cranach, amigo de algunos de los reformistas como Melanchton y Lutero, a quienes retrató. Aparte de estos retratos, lo más conocido de su producción son los temas mitológicos o clásicos, con numerosas Venus, sobre todo estando en la corte de Sajonia. Estos desnudos están bastante alejados de los modelos italianos, y se aproximan a la representación germánica gótica de figuras alargadas y lineales.