250px|miniaturadeimagen|Un arqueólogo subacuático del NOOA realizando trabajos de documentación en Florida. thumb|250px|Restos de E. Russ en Estonia, considerado como un monumento nacional. La arqueología es la ciencia que se encarga del estudio de las estructuras históricas, económicas y sociales del pasado a través de la recopilación y la investigación de los elementos de cultura material, fruto de la actividad pretérita de una sociedad. La actividad arqueológica bajo el agua ha recibido diversos nombres a lo largo del tiempo: hidroarqueología, acqueologia, arqueología marina, arqueología submarina y arqueología subacuática.
Opción actual La comunidad de arqueólogos/as a nivel internacional consideran que cualquiera de los términos con respecto a este desarrollo de la modalidad restringe el trabajo. Por lo que lo importante es considerar que nunca seamos restrictivos y que el término pueda ser usado lo más global posible. Arqueología marítima: es el estudio arqueológico del ser humano y su interacción con el mar, pudiendo incluir sitios no sumergidos pero relativos a actividades marítimas, tales como faros, construcciones portuarias o estaciones balleneras. Arqueología marina: comprende el estudio arqueológico de restos materiales creados por el ser humano que han sido sumergidos en el medio (aguas saladas), como el caso de una aeronave. Arqueología náutica: es el estudio arqueológico de los sistemas de navegación (barcos y los sistemas constructivos empleados en los mismos). Este concepto puede incluir sitios terrestres relacionados con embarcaciones o la construcción de las mismas (incluyendo los cementerios de barcos), restos de pecios que aparezcan en el medio terrestre y artilleros.
Diferencias con la arqueología terrestre El medio: Natural, aguas de mares, océanos, lagos, ríos, arroyos, pantanos, marismas, cuevas, cenotes. Artificial, embalses, canales, diques, pozos. Conservación: Mejores condiciones del estado de conservación. Equilibrio con el medio después de transcurrido un tiempo. Duración temporal tras adaptación al medio. Deterioro: Procesos químicos y biológicos propios del medio. Cambios en la estabilidad del material al cambiar las condiciones del medio. Equipamiento de trabajo: Orientado a salvar la condición del medio.
Aparición
La aparición de la arqueología subacuática como modalidad de las ciencias arqueológicas, es el resultado, como se verá, del desarrollo combinado de historia arqueológica, ciencias y tecnología. La arqueología subacuática se ha erigido como una disciplina fascinante en el ámbito de la investigación arqueológica. Sus inicios se remontan al , cuando el desarrollo de la tecnología de buceo permitió a los arqueólogos explorar y estudiar los tesoros ocultos en los fondos marinos y de ríos. Desde entonces, ha surgido como un campo especializado que se encarga de investigar, proteger y preservar el patrimonio cultural sumergido.
Periodo de gestación (1490 a. C. – 1868) Constituye el más largo de los periodos definidos para la historia de la arqueología subacuática. Se caracteriza por el desarrollo de todo tipo de artilugios para satisfacer uno de los más antiguos anhelos del ser humano: poder desplazarse por el fondo de las aguas.
Motivos: Económicos: obtención y aprovechamiento de los recursos que se desarrollan en el medio acuático para el consumo propio o para su comercialización. Militares: medio de defensa o ataque frente a un rival. Rescate: recuperación de los elementos hundidos de valor comercial. Formas: Apnea, conteniendo la respiración (buceadores rodios, urinatores romanos, cachido, ama y funado japonesas, etc.) Mediante implementos que faciliten la respiración.
Implementos rudimentarios Tubo respirador (Snorkel) Quizá pudo tratarse del primer y más básico elemento empleado por el hombre para respirar bajo el agua. Su empleo se realizó siempre en aguas someras. Las primeras referencias a su empleo se recogen vagamente en la obra del filósofo e historiador griego Aristóteles. Su empleo era común entre los urinatores romanos, quienes los usaban con un flotador en su extremo distal. Así lo demuestran los escritos del historiador Plinio el Viejo, quien en su obra Historia naturalis, escrita en el año 77, describe su utilización con fines bélicos.
Jerónimo de Ayanz y Beaumont (1603), inventó un tubo simple con válvula de purga, uno doble con tubos conectados a fuelle superficial y una válvula de purga. Se atribuye también a su invención un tubo conectado a saco de piel.
Robert Fludd (1817), entrega datos sobre un rudimentario tubo respiratorio cuyo extremo terminal flotante tiene forma de embudo.
Manuel Gispert (1733), tubo respiratorio que permite comunicarse con la superficie.
Bolsa de aire (Estanque) Consiste en un odre o recipiente, realizado por lo general con cuero de cabra, a modo de depósito de aire. Constituye, después del tubo respirador, la forma más básica de obtener aire en una inmersión. Sin embargo, al igual que el caso anterior, su uso con estos fines era muy limitado, dado que su capacidad para contener el aire respirable depende de la profundidad (a más de 6 metros la presión aplastaba totalmente la bolsa) y de la distancia (la distancias muy largas hacían que el aire viciado no permitiera alcanzar el objetivo).
Si bien pudieron usarse antes, las primeras muestras del uso de este implemento con fines de buceo se remontan al cuando diversos bajorrelieves asirios y egipcios dejan ver el uso de estos instrumentos en actividades acuáticas.
Bajorrelieve del palacio de Assurnasirpal: escena en la que se representa a un ejército cruzando un río. Bajorrelieve Deir-el Bahari (Tebas 1450 a. C.): exploradores submarinos al servicio de la faraona Hatshepsut. Palacio de Balawat (en bronce): se aprecia un grupo de nadadores bajo el agua provistos de odres de cerdo inflados para respirar.
Campana de buceo Constituye uno de los artilugios más eficaces de cuantos fueron empleados desde época antigua para reconocimiento del fondo de mares y ríos, y la recuperación de los objetos que en ellos pudieran encontrarse de interés para el hombre.
Dado que su funcionamiento se basaba en un principio elemental de la física (la altura de la columna de agua al interior de la campana será proporcional a la presión ejercida por el aire comprimido de su interior), este ingenio sostenido desde una embarcación permitía la observación directa del fondo desde una altura prudencial y la salida de los buceadores de su interior por el tiempo que les permitiera el aire de sus pulmones, para volver nuevamente a respirar en el interior de la campana hasta que éste se viciara.
Las campanas podían ser construidas en madera, en cuyo caso requerían de gran cantidad de lastre para que pudieran hundirse, o metálicas, lo que les permitía alcanzar fácilmente la profundidad deseada. En el primero de los casos la estructura podía estar recubierta de cuero con el fin de impermeabilizar el interior. Por lo general eran transportadas por una embarcación desde la cual se arriaban o izaban a través de un conjunto de aparejos y poleas, lo que permitía posicionarlas en un punto determinado o efectuaban por arrastre las inspecciones del lecho, aunque algunos modelos presentaron ingenios para resolver el problema del desplazamiento horizontal bajo el agua (por ejemplo la campana de Santander).
Lebeta griega. Las primeras referencias al uso de este ingenio se remontan al cuando el filósofo griego Aristóteles (284-322 a. C.) recoge en su obra Problemata (360 a. C.) la hazaña protagonizada por Alejandro Magno al sumergirse en el Mediterráneo durante el sitio de Tiro (332 a. C.).
Campana de Guillermo de Lorena (1531). Descrita en la Architectura militare de Francisco de Marchi, quien la empleó para intentar rescatar los barcos del emperador romano Calígula del lago Nemi.
Campana de José Bono (1582). Diseño de campana en bronce con la que el siciliano obtuvo en 1582 licencia real del monarca español Felipe II para bucear las costas de sus reinos (incluidas las Indias), a cambio de la décima parte de lo extraído.
Campana de Buonaiuto Lorini (1597) de reducidas dimensiones con forma rectangular y realizada en madera con refuerzos metálicos que convenientemente lastrada permitía al buzo visualizar el fondo a través de unas ventanas rectangulares con cristales reforzados.
Campana de Francisco Núñez Melian (1626) campana de bronce fundida en La Habana empleada en 1626 para la recuperación de los tesoros perdidos con el hundimiento de los galeones Nuestra Señora de Atocha y Santa Margarita, ocurridos en la península de la Florida en 1622. Su diseño permitía que el rescatista fuera sentado en el interior mientras la campana era arrastrada desde la superficie por un barco de apoyo, de forma que el buzo podía reconocer el fondo sin esfuerzo alguno.
Campana de Francisco Koslero (1644) estructura recubierta de piel de vaca impermeabilizada.
Campana de Edmund Halley (1690). Campana de madera forrada de plomo convenientemente distribuido para permitir su hundimiento y evitar posibles volcamientos durante la inmersión. Con forma troncocónica. En la parte superior disponía de un vidrio para facilitar el acceso de luz al interior, mientras que en la parte inferior una plataforma, separada un metro del acceso a la campana, quedaba suspendida de tres cuerdas con un peso en cada extremo de cincuenta kilos para mantenerla fija en el fondo o suspendida del mismo. Su innovación frente a anteriores campanas estuvo en dotar de un sistema rudimentario de alimentación de aire al interior de la misma.
Con posterioridad a Halley, las campanas empleadas no supusieron más que una continuidad en construcción.
A partir de 1812 James Rennie, tomando como base la campana de Smeaton, extiende el concepto actual de campana de buceo para trabajos de ingeniería. Su campana de hierro fundido y gran dimensión suspendida desde una estructura metálica móvil estaba conectada a través de una manguera a una bomba de presión que llenaba la estructura de aire hasta el punto en que los buzos en su interior trabajaba en seco. El aire sobrante se escapaba por la faldilla de la campana y en su interior siempre se contaba con aire fresco. Es el que se ha mantenido vigente hasta la actualidad.
Implementos complejos Los sistemas rígidos o acorazados de inmersión Siguiendo la definición dada por Rodríguez-ivars (1987) podemos considerar dentro de este amplio grupo los equipos no propulsados, estancos, capaces de alcanzar ciertas profundidades sin verse afectados por la presión exterior del agua y manteniendo la presión atmosférica en su interior.
Trajes articulados o rígidos, equipos capaces de albergar al operador manteniéndolo en su interior a presión atmosférica. Sus características estructurales dotaran de cierto dinamismo al ocupante, de forma que este pueda manipular objetos bajo el agua. El desarrollo y la implementación tecnológica al interior, permitiera con el tiempo mayor eficacia en sus funciones y comodidad del operador.
Equipo de Lethbridge (1715), constituye la primera referencia a este tipo de implementos acuáticos. Se trata de un ingenioso sistema diseñado por este carpintero británico, conformado por un contenedor de madera de 1,80m de longitud y o,75 de diámetro en la parte superior y la mitad en la parte inferior, lo que confería un aspecto troncocónico al equipo. Dos orificios permitían la salida de los brazos a fin de que estos pudieran operar bajo el agua.
El equipo se operaba desde una embarcación en superficie pendiendo de un cabo o cadena que anclado en aquella, y su inventor afirma haber alcanzado con dificultad los 22m de profundidad empleando el equipo para rescatar naufragios en Plymouth, islas maderas, las indias y en el cabo de buena esperanza. Su limitante era la renovación del aire respirable, al que obligaba a realizar ascensiones obligadas cada media hora.