thumb|300px|Liberación de 1001 globos azules, «escultura aerostática» de Yves Klein. Reconstrucción realizada en 2007 en la plaza Georges-Pompidou de París, en celebración del cincuentenario del evento realizado por Klein en 1957. Se denomina arte efímeroEl término «efímero» proviene del griego ἐφήμερος (ephêmeros), que significa «que dura sólo un día», aunque por extensión acabó significando «de corta duración», sin especificar un tiempo determinado, pero siempre con la condición de su caducidad. a toda aquella expresión artística concebida bajo un concepto de fugacidad en el tiempo, de no permanencia como objeto artístico material y conservable. Por su carácter perecedero y transitorio, el arte efímero no deja una obra perdurable, o si la deja —como sería el caso de la moda— ya no es representativa del momento en que fue creada. En estas expresiones es decisivo el criterio del gusto social, que es el que marca las tendencias, para lo cual es imprescindible la labor de los medios de comunicación, así como de la crítica de arte.
Independientemente de que cualquier expresión artística pueda ser o no perdurable en el tiempo, y que muchas obras concebidas bajo criterios de durabilidad puedan desaparecer en un breve lapso de tiempo por cualquier circunstancia indeterminada, el arte efímero tiene en su génesis un componente de transitoriedad, de objeto o expresión fugaz en el tiempo. Es un arte pasajero, momentáneo, concebido para su consunción instantánea. Partiendo de este presupuesto, se denominan artes efímeras a aquellas cuya naturaleza es la de no perdurar en el tiempo, o bien aquellas que cambian y fluctúan constantemente. Dentro de ese género pueden considerarse artes efímeras a expresiones como la moda, la peluquería, la perfumería, la gastronomía y la pirotecnia, así como diversas manifestaciones de arte corporal como el tatuaje y el piercing. También entrarían dentro del concepto de arte efímero las diversas modalidades englobadas en el llamado arte de acción, como el happening, la performance, el environment y la instalación, o bien del denominado arte conceptual, como el body art y el land art, así como otras expresiones de cultura popular, como el grafiti. Por último, dentro de la arquitectura también hay una tipología de construcciones que se suelen expresar como arquitectura efímera, ya que son concebidas como edificaciones transitorias que cumplen una función restringida a un plazo de tiempo.
Fundamentos del arte efímero
thumb|300px|The Umbrella Project (1991), instalación artística de Christo, Ibaraki (Japón). El carácter efímero de ciertas expresiones artísticas es ante todo un concepto subjetivo supeditado a la propia definición del arte, término controvertido y abierto a múltiples significados, que han ido oscilando y evolucionando con el tiempo y el espacio geográfico, ya que no en todas las épocas y todos los lugares se ha entendido lo mismo con el vocablo «arte». El arte es un componente de la cultura, reflejando en su concepción los sustratos económicos y sociales, y la transmisión de ideas y valores, inherentes a cualquier cultura humana a lo largo del espacio y el tiempo. Sin embargo, la definición de arte es abierta, subjetiva, discutible, no existe un acuerdo unánime entre historiadores, filósofos o artistas. En la antigüedad clásica grecorromana, una de las principales cunas de la civilización occidental y primera cultura que reflexionó sobre el arte, se consideraba el arte como una habilidad del ser humano en cualquier terreno productivo, siendo prácticamente un sinónimo de «destreza». En el Galeno dividió el arte en artes liberales y artes vulgares, según si tenían un origen intelectual o manual. Entre las liberales se encontraban: la gramática, la retórica y la dialéctica —que formaban el trivium—, y la aritmética, la geometría, la astronomía y la música —que formaban el quadrivium—; las vulgares incluían la arquitectura, la escultura y la pintura, pero también otras actividades que hoy se consideran artesanía. En el empezó a considerarse que la arquitectura, la pintura y la escultura eran actividades que requerían no solo oficio y destreza, sino también un tipo de concepción intelectual que las hacían superiores a otros tipos de manualidades. Se gestaba así el concepto moderno de arte, que durante el Renacimiento adquirió el nombre de arti del disegno (artes del diseño), por cuanto comprendían que esta actividad —el diseñar— era la principal en la génesis de las obras de arte. Más adelante se consideraron actividades artísticas expresiones como la música, la poesía y la danza, y en 1746 Charles Batteux estableció en Las bellas artes reducidas a un único principio la concepción actual de bellas artes, término que hizo fortuna y ha llegado hasta nuestros días. Sin embargo, los intentos de establecer unos criterios básicos sobre qué expresiones pueden ser consideradas arte y cuales no han sido un tanto infructuosos, produciendo en cierta forma el efecto contrario y acentuando aún más la indefinición del arte, que hoy día es un concepto abierto e interpretable, donde caben muchas fórmulas y concepciones, si bien se suele aceptar un mínimo denominador común basado en cualidades estéticas y expresivas, así como un componente de creatividad. Actualmente, a la clasificación tradicional de artes han sido añadidas por ciertos críticos e historiadores expresiones como la fotografía, la cinematografía, el cómic, el teatro, la televisión, la moda, la publicidad, la animación, los videojuegos, etc., y aún existe cierta discrepancia sobre otro tipo de actividades de carácter expresivo.
Un aspecto esencial en la génesis del arte es su componente social, la interrelación entre artista y espectador, entre la obra y su consumidor. Una obra de arte responde a criterios sociales y culturales, de espacio y tiempo, fuera de los cuales, aunque perdure como objeto físico, pierde su significación conceptual, el motivo por el que fue creada. Aun así, el ser humano ha tenido siempre afán por coleccionar y guardar estos objetos por sus cualidades únicas e irrepetibles, como documentos de épocas que perduran en el recuerdo, y que suponen expresiones genuinas de los pueblos y culturas que se han sucedido en el tiempo. Precisamente, el carácter coleccionable de ciertos objetos, frente a otros de consunción más rápida, supuso una primera barrera entre la clasificación de ciertas expresiones como arte y no de otras, denominadas frecuentemente de forma peyorativa como «moda», «adorno», «entretenimiento» y términos similares. Los museos y academias de arte, encargados de la conservación y difusión del arte, se encargaron igualmente de patrocinar y preponderar unas expresiones artísticas frente a otras, y así como cuadros y esculturas entraron sin problema en estas instituciones, otros objetos o creaciones de diverso signo fueron relegados al olvido tras haber cumplido su función momentánea, o como mucho quedaron en el recuerdo a través de testimonios escritos o documentos que diesen fe de su existencia.
Desde antaño se ha especulado con la artisticidad de las expresiones efímeras, de si el carácter efímero del arte y la belleza puede devaluar estos conceptos. La desvalorización de lo efímero arranca con Platón, para el que las cosas bellas no eran perdurables, ya que lo único eterno es la «idea de lo bello». De igual manera, el cristianismo —del que emanó toda la estética medieval—, rechazaba la belleza física como algo pasajero, ya que la única belleza inmutable era la de Dios. Sin embargo, desde el empezó un cambio de actitud respecto a la belleza efímera, que comenzó a ser valorada por sus cualidades intrínsecas. Los románticos valoraban «lo que jamás se verá dos veces», y Goethe llegó a afirmar que solo lo efímero es bello: «¿Por qué yo soy efímera, oh Zeus? dice la Belleza / Yo no hago bello, dice Zeus, más que lo efímero» (Las Estaciones).
thumb|250px|left|La Torre Eiffel, obra de Alexandre Gustave Eiffel para la Exposición Universal de París de 1889. Aunque se construyó con el propósito de ser perecedera, debido a su éxito se decidió conservarla, llegando a convertirse en un símbolo de la capital francesa. Aunque diversas manifestaciones que puedan ser consideradas como arte efímero han existido desde los inicios de la expresividad artística del ser humano —incluso podría considerarse como algo inherente a una cierta concepción del arte—, ha sido en el cuando estas formas de expresión han adquirido un gran auge. La estética contemporánea ha presentado una gran diversidad de tendencias, en paralelo con la atomización de estilos producida en el arte del siglo XX. Tanto la estética como el arte actuales reflejan ideas culturales y filosóficas que se fueron gestando en el cambio de -, en muchos casos contradictorias: la superación de las ideas racionalistas de la Ilustración y el paso a conceptos más subjetivos e individuales, partiendo del movimiento romántico y cristalizando en la obra de autores como Kierkegaard y Nietzsche, suponen una ruptura con la tradición y un rechazo de la belleza clásica. El concepto de realidad fue cuestionado por las nuevas teorías científicas: la subjetividad del tiempo (Bergson), la relatividad de Einstein, la mecánica cuántica, la teoría del psicoanálisis de Freud, etc. Por otro lado, las nuevas tecnologías hacen que el arte cambie de función, ya que la fotografía y el cine ya se encargan de plasmar la realidad. Todos estos factores produjeron la génesis de las nuevas tendencias del arte contemporáneo: el arte abstracto, el arte de acción y conceptual, el arte efímero, donde el artista ya no intenta reflejar la realidad, sino su mundo interior, expresar sus sentimientos.
En el movimientos como el futurismo exaltaron el carácter efímero del arte, llegando a escribir Marinetti que «nada me parece más bajo y mezquino que pensar en la inmortalidad al crear una obra de arte» (El Futurismo, 1911). Incluso el arquitecto visionario Antonio Sant'Elia preconizó construir casas que «duraran menos que los arquitectos» (Manifiesto de la arquitectura futurista, 1914). Surgió así una nueva sensibilidad por la cual las obras de arte adquirieron una autonomía propia, evolucionando y transformándose con el tiempo en paralelo a la percepción que el espectador tiene de ellas. En ese contexto, el artista es tan solo un artífice que establece las condiciones para que la obra siga su propio destino.
thumb|300px|En la Fiesta del Hanami, los japoneses acuden a parques y jardines a observar la belleza de los cerezos en flor. El arte contemporáneo está íntimamente ligado a la sociedad, a la evolución de los conceptos sociales, como el mecanicismo y la desvalorización del tiempo y la belleza. Es un arte que destaca por su instantaneidad, necesita poco tiempo de percepción. El arte actual tiene oscilaciones continuas del gusto, cambia simultáneamente: así como el arte clásico se sustentaba sobre una metafísica de ideas inmutables, el actual, de raíz kantiana, encuentra gusto en la conciencia social de placer (cultura de masas). En una sociedad más materialista, más consumista, el arte se dirige a los sentidos, no al intelecto. Así cobró especial relevancia el concepto de moda, una combinación entre la rapidez de las comunicaciones y el aspecto consumista de la civilización actual. La velocidad de consumo desgasta la obra de arte, haciendo oscilar el gusto, que pierde universalidad, predominando los gustos personales. De este modo, las últimas tendencias artísticas han perdido incluso el interés por el objeto artístico: el arte tradicional era un arte de objeto, el actual de concepto. Hay una revalorización del arte activo, de la acción, de la manifestación espontánea, efímera, del arte no comercial.