Francisco Javier Eugenio de Santa Cruz y Espejo (Quito, Real Audiencia de Quito, 21 de febrero de 1747-Quito, Real Audiencia de Quito, 27 de diciembre de 1795) fue un médico, abogado, escritor, bibliotecario, y el primer periodista e higienista quiteño. Aunque fue un escritor y científico notable, destacaba como el polemista que inspiró el movimiento separatista de Quito. Es considerado como una de las figuras más importantes de la Presidencia de Quito. Como periodista, difundió las ideas de la Ilustración en la Real Audiencia, y como higienista redactó un importante tratado sobre las condiciones sanitarias en Quito, que incluía interesantes observaciones sobre los microorganismos y la difusión de las enfermedades.
Espejo fue reconocido en su tiempo por su obra satírica, que inspirada por la filosofía de la Ilustración, criticaba la carencia de educación en la Audiencia de Quito, el manejo económico de su gobierno, la corrupción de sus autoridades, y varios aspectos de su cultura en general. Debido a ello, fue perseguido y finalmente apresado antes de su muerte, causada por una disentería mientras se encontraba preso.
Antecedentes históricos La Real Audiencia (o Presidencia) de Quito fue establecida por el rey Felipe II el 29 de agosto de 1563. Era una corte de la Corona Española con jurisdicción sobre determinados territorios del Virreinato del Perú (y luego del Virreinato de Nueva Granada) que comprende el actual territorio de Ecuador, así como partes de Perú, Colombia y Brasil. La Real Audiencia fue creada para fortalecer el control administrativo sobre esos territorios y para regular las relaciones entre los blancos y los nativos. Su capital era la ciudad de Quito.
Ya a mediados del siglo , la Real Audiencia de Quito empezó a tener problemas económicos. La carencia de caminos limitaba la comunicación entre pueblos y ciudades; los obrajes (un tipo de fábrica textil) habían provisto trabajos, pero ahora se encontraban en decadencia, fundamentalmente debido al empleo de medidas enérgicas frente al contrabando de telas europeas y una serie de desastres naturales. El escolasticismo, ya en decadencia en esa época, aún era enseñado, y los estudiantes pasaban la mayor parte de su tiempo en discusiones metafísicas. Como resultado, los intelectuales quiteños, que en su mayoría eran clérigos, se expresaban con afectación y no tenían ideas nuevas.
Adicionalmente, en 1793, sólo había dos médicos disponibles en Quito, uno de los cuales era precisamente Espejo; la mayoría de las personas que enfermaban eran atendidas por curanderos. La mayoría de las personas consideraba que la sociedad estaba dividida, por base de calidades, de aspecto socioeconómico. Debido a esto, la dignidad y honor de las personas podían ser vulnerados por prejuicios.
Asimismo, un relajamiento de las costumbres sociales se producía en todos los niveles sociales. Las relaciones extramaritales y los hijos ilegítimos eran comunes. Debido a que la pobreza iba en aumento, especialmente entre las personas más humildes, muchas mujeres se veían obligadas a encontrar rápidamente alojamiento en conventos; asimismo, los hombres se ordenaban como sacerdotes no por vocación, sino porque así resolvían sus problemas económicos y mejoraban su estatus social. Eso explica la abundancia de clérigos en una ciudad tan pequeña como Quito en esa época.
Biografía
Primeros años Fue bautizado Eugenio Espejo en la parroquia El Sagrario el 21 de febrero de 1747. Según la mayoría de historiadores, su padre era Luis de la Santa Cruz Espejo y Ruiz procedente de Cajamarca, que llegó a Quito de quince años como asistente del médico y sacerdote José del Rosario; y, su madre, era María Catalina Aldaz y Larrainzar, nacida en Quito. Fue inscrito en la partida de nacimiento como Francisco Javier Eugenio de Santa Cruz y Espejo, en el libro de blancos, según la costumbre de esa época. Esto se llevó a cabo gracias a que su madre Catalina Aldaz era de origen peninsular, lo que les permitió inscribirlo en uno de los más prestigiosos colegios de Quito, "El Colegio de San Luis". Para el efecto, María Catalina Aldás presentó su partida de nacimiento.
Espejo tuvo dos hermanos menores. Juan Pablo y María Manuela. Juan Pablo nació en 1752, estudió con los dominicos y actuó como sacerdote en varias partes de la Audiencia de Quito. María Manuela nació en 1753 y, tras la muerte de sus padres, fue cuidada por su hermano Eugenio.
A pesar de la situación económica relativamente precaria de su familia, Espejo tuvo una buena educación. Aprendió sus primeras letras en casa de sus padres y luego, en una escuela católica para niños pobres. Una vez inscrito desde muy temprana edad en colegios exclusivos de la aristocracia quiteña, llegó a ser electo representante de sus compañeros en varias ocasiones. De esta época data su probable y único retrato conocido, en compañía de su clase.
Se instruyó a sí mismo en medicina trabajando junto con su padre en el Hospital de la Misericordia. Se graduó como médico el 10 de julio de 1767, a los 20 años de edad, y poco después se graduó en leyes civiles y canónicas, obteniendo su título en jurisprudencia y derecho canónico.
El 14 de agosto de 1772 pidió permiso para practicar la medicina en Quito, el mismo que fue otorgado el 28 de noviembre de 1772. Luego de esto, no existe información sobre su paradero hasta 1778, cuando escribió un sermón relativamente polémico.
Actividades en la Real Audiencia
Obra como polemista thumb|250px|Representación en cera de Eugenio (centro) junto a su hermana Manuela, en el Museo Alberto Mena Caamaño.Entre 1772 y 1779, Espejo provocó a las autoridades, que lo consideraban el autor de varios carteles satíricos y burlones, colocados en las puertas de las iglesias y otros edificios. Se puede atribuir a Espejo su autoría a partir de comentarios sentados en sus escritos.
En 1779 circuló un manuscrito satírico y lleno de reproches, El nuevo Luciano de Quito, (Libro que recopila todas las obras de Eugenio Espejo.)[c] suscrito por "don Javier de Cía, Apéstegui y Perochena," un pseudónimo adoptado por Espejo. Esta obra como tal imitaba el estilo satírico de Luciano, y mostraba especial antipatía hacia los jesuitas. Mostraba la cultura de su autor, a pesar de vivir en una ciudad aislada e intelectualmente atrasada como lo era Quito en esa época. El Nuevo Luciano de Quito fue escrita en diálogos, a fin de presentar sus ideas al pueblo común con sencillez, en lugar de usar explicaciones tediosas dirigidas a intelectuales. También satirizaba los muchos defectos de la ciudad, en particular la corrupción de las autoridades y la falta de educación de la gente. El uso de un seudónimo, una práctica común en América y Europa durante la Ilustración, era importante para Espejo: no solamente le proveía anonimato, también le permitía ocultar cualquier indicio de su mestizaje en una cultura que otorgaba prestigio e importancia a las personas blancas; su pseudónimo sugería que tenía parientes blancos o europeos por parte de su madre.[d]
A inicios de 1779, Espejo continuó escribiendo sátiras contra el gobierno de la Audiencia, motivado por la condición de la sociedad. En junio de 1780, escribió Marco Porcio Catón.[e] Nuevamente, usó un pseudónimo, esta vez “Moisés Blancardo”. En esta obra, una parodia presentada como una supuesta respuesta de un censor al Nuevo Luciano, se burlaba de las nociones e ideas de sus críticos. En 1781 escribió La ciencia blancardina, a la que se refirió como una segunda parte del Nuevo Luciano, como respuesta a las críticas de un sacerdote mercedario de Quito. Debido a sus obras, para 1783 fue calificado como “subversivo". Para librarse de él, las autoridades lo designaron médico principal en la expedición científica de Francisco de Requena a los ríos Pará y Marañón para delimitar el territorio de la Audiencia. Espejo intentó declinar el nombramiento, y cuando el intento fracasó, trató de huir sin éxito. Su orden de arresto detalla una de las pocas descripciones físicas que tenemos de él.[f] Capturado, fue enviado de vuelta como "reo de grave atentado," pero no fue enjuiciado ni sufrió mayores consecuencias.
Breve exilio En 1785, el cabildo de la ciudad solicitó que escriba un trabajo sobre la viruela, el peor problema sanitario que la Audiencia enfrentaba. Espejo aprovechó la oportunidad para redactar su mejor y más completo trabajo, Reflexiones acerca de un método para preservar a los pueblos de las viruelas, a fin de denunciar el modo como la Audiencia manejaba la sanidad pública. Esta obra es una fuente histórica valiosa como descripción de las condiciones sanitarias e higiénicas de la América imperial.
Reflexiones fue enviada a Madrid, donde fue incorporada como apéndice a la segunda edición del tratado Disertación médica (1786) de Francisco Gil, miembro de la Real Academia Médica de España. En lugar de obtener reconocimiento, Espejo hizo enemigos, porque su obra criticaba a los médicos y sacerdotes a cargo de la salud pública en la Real Audiencia por su negligencia, y se vio obligado a abandonar Quito.
Camino a Lima, se detuvo en Riobamba, donde un grupo de sacerdotes le pidieron escribir una repuesta al reporte escrito por Ignacio Barreto, jefe de recaudación de impuestos. El reporte acusaba a los sacerdotes de Riobamba de varios abusos contra los indígenas a fin de quedarse con su dinero. Espejo con gusto aceptó el encargo porque quería ajustar cuentas con Barreto y otros ciudadanos de Riobamba, entre ellos José Miguel Vallejo, quienes lo habían entregado a las autoridades cuando intentó evadir la expedición de Requena al río Marañón. Escribió Defensa de los curas de Riobamba, un estudio detallado del estilo de vida de los indígenas de Riobamba y un poderoso ataque al reporte de Barreto.
En marzo de 1787, continuó su ataque contra sus enemigos riobambeños con una serie de ocho cartas satíricas a las que llamó Cartas riobambenses. En respuesta, sus enemigos denunciaron a Espejo ante el presidente de la Real Audiencia, Juan José de Villalengua. El 24 de agosto de 1787, Villalengua solicitó a Espejo o bien que se traslade a Lima o que regrese a Quito para ocupar un puesto en el gobierno, y posteriormente lo arrestó. Espejo fue acusado de ser el autor de El Retrato de Golilla, una sátira dirigida contra el rey Carlos III y el Marqués de la Sonora, ministro de Indias. Fue llevado a Quito, y desde allí envió tres peticiones a la Corte de Madrid, que decretó, por mandato de Carlos III, que el caso sea llevado ante el Virrey de Bogotá. El presidente Villalengua se desentendió del asunto y envió a Espejo a Bogotá para que ejerza su propio patrocinio.
En Bogotá conoció a Antonio Nariño y Francisco Antonio Zea, desarrollando en el proceso sus ideas sobre la independencia. En 1789 uno de sus seguidores, Juan Pío Montúfar, llegó a Bogotá y, junto a Espejo, obtuvieron la aprobación de importantes miembros del gobierno para crear la Escuela de la Concordia, luego llamada Sociedad Patriótica de Amigos del País de Quito. Las Sociedades económicas de amigos del país eran asociaciones privadas establecidas dentro del Imperio español en varias ciudades de Iberia en la Ilustración y, en menor grado, en algunos lugares de las Indias. Espejo con éxito se defendió de los cargos en su contra y, el 2 de octubre de 1789, salió libre de todo cargo. El 2 de diciembre del mismo año fue notificado que podía regresar a Quito.
Años finales En 1790, Espejo regresó a Quito para impulsar la fundación de la Sociedad Patriótica de Amigos del País de Quito y, el 30 de noviembre de 1791, una sede fue establecida en el Colegio de los Jesuitas. Fue electo su director y formó cuatro comisiones. El mismo año, se convirtió en director de la primera biblioteca pública, la Biblioteca Nacional, conformada en un inicio por los cuarenta mil volúmenes dejados por los jesuitas tras su expulsión de Ecuador.