El gran día de Gerona es una pintura al óleo de grandes dimensiones realizada por Ramón Martí Alsina. Describe uno de los episodios más cruentos del Sitio de Gerona de 1809. A pesar de no estar fechada, los expertos la datan como principio de elaboración entre 1863 y 1864. Es la obra de caballete más grande de la historia de la pintura catalana. El proceso de creación se alargó durante años y estuvo a punto de provocar la ruina de su autor en varias ocasiones. Actualmente forma parte de la colección del Museo Nacional de Arte de Cataluña, y se encuentra expuesta, en depósito, en la sede de la Generalidad de Cataluña en Gerona, en el edificio de la iglesia del antiguo Hospital de Santa Catalina.

En cuanto a la espectacularidad de las medidas del cuadro, los estudiosos apuntan que podría tratarse de una forma de rivalizar con la obra de Mariano Fortuny La batalla de Tetuán (1862-1864), resultado del encargo que este había recibido por parte de la Diputación de Barcelona para representar la guerra de África.Historiadores como Francesc Fontbona de Vallescar defienden esta teoría en el catálogo de la exposición: El Gran dia de Girona. Anatomia d'un quadre (2011).

En 1938, durante la guerra civil española, el cuadro fue víctima de los bombardeos mientras estaba expuesto en el Palacio de Bellas Artes de Barcelona. Para protegerlo, fue enrollado y almacenado en una de las salas de reserva del Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC), en espera de restauración. Allí permaneció unos setenta años, hasta que finalmente fue restaurado entre 2009 y 2010.

Título Aunque su título más corriente y con el que se encuentra catalogado en el MNAC es El gran día de Gerona, es nombrado por algunos autores con el título de Los defensores de Gerona.Álvarez, 2008, p. 125 Fue el coronel Blas de Fournás quien calificó los hechos del 19 de septiembre de 1809 —durante los cuales murieron más de mil personas— como el «día grande de Gerona». Se cree que este puede ser el origen del título del cuadro.VV.AA., Catálogo exposición 2011, p. 8 En algunas notas personales del artista la obra se menciona como Los defensores de Gerona, La defensa de Gerona o incluso «El cuadro de Gerona».VV.AA., Catálogo exposición 2011, p. 142

Descripción Se trata de una obra pictórica de grandes dimensiones, 496x1082cm, superior a La batalla de Tetuán de Mariano Fortuny (300x972cm) y al Guernica de Pablo Picasso (350x780cm). El cuadro está compuesto por una única pieza de tela sin costuras que ocupa una superficie de unos 58 metros cuadrados y pesa aproximadamente 70kg.Mestre, 2011, p.9 Los expertos en tejidos piensan que se podría tratar de un tejido con el cual se confeccionaban las velas de los barcos. Algunos estudios apuntan que podría haber sido adquirida en El Maresme o en El Poblenou, donde el artista tenía un taller.VV.AA., Catálogo exposición 2011, p.170 miniatura|250px|Diversas obras de pintura histórica, como La libertad guiando al pueblo de Delacroix, muestran estructuras piramidales. 250px|miniatura|La batalla de Somosierra de Horace Vernet, donde se aprecia la similitud en la composición con El gran día de Gerona.

La obra refleja el momento posterior a la batalla que tuvo lugar el día 19 de septiembre de 1809, durante la Guerra de la Independencia —más conocida como Guerra del Francés en Cataluña—, cuando el ejército francés intentó un ataque definitivo contra la ciudad de Gerona, que resistió bajo el mando del general Mariano Álvarez de Castro.

La escena de la pintura está situada en el lugar donde sucedieron los hechos del día 19 de septiembre. Se puede localizar por los elementos arquitectónicos que se encuentran representados al fondo, entre los que se aprecian las torres pertenecientes a la catedral de Gerona y a la iglesia de San Félix. Delante de estos edificios se encuentran las murallas de la ciudad, en la llamada zona de la Torre Gironella. Los dibujos preparatorios también indican que el autor quería situar la escena en la zona del «cuartel de los alemanes», para obtener un perfil clásico de la ciudad y porque en ese espacio preciso tuvieron lugar algunas de las batallas más importantes durante el sitio.

Aunque se trata de un hecho histórico, por su tratamiento la pintura se asemeja más a una historia épica y, a pesar de que la obra de Martí Alsina siempre se vincula con Courbet y el realismo, movimiento que introdujo en Cataluña, en este caso y por las características del tema el tratamiento lo sitúa más cerca del romanticismo francés, tal y como se expresa en las pinturas de historia de Delacroix o Vernet.

Hay cierta semejanza entre la composición de Martí Alsina y las que hacía también en pintura histórica el pintor francés Horace Vernet, basado en la inclusión de multitud de personajes y en un trabajo previo con gran cantidad de bocetos en diferentes perspectivas hasta conseguir el efecto perseguido.Chillón, 2010, p. 247 Martí Alsina había visitado una exposición retrospectiva organizada en el marco de la Exposición Universal de París de 1855, donde había pinturas históricas de Vernet, Ingres, Delacroix y Decamps.VV.AA., Catálogo exposición 2011), p.18

La obra está dividida en tres planos: los personajes de primer término son los más realistas y dramáticos, tratados con colores más vivos; en segundo plano los personajes están menos definidos, y en la tercera parte algunas figuras —las que se encuentran más cercanas al fondo— solo están esbozadas. Es ahí donde la arquitectura se desvanece en una especie de niebla.Chillón, 2010, p. 335

La escena de la mitad derecha se distribuye en una estructura piramidal con el vértice en las ruinas del fondo y su lado izquierdo formado por los defensores atrincherados, una línea que corta en diagonal el espacio total de la obra y que permite centrar la atención en las figuras de los mandos militares a pesar de estar en segundo plano. Este grupo, ubicado en la mitad izquierda, está formado por la última línea de defensores de la ciudad, con el general Álvarez de Castro en una posición muy destacada.

Esta distribución se asimila a la que Vernet planteó en La batalla de Somosierra de 1812, donde la montaña del fondo corta el encuadre de forma que se pone el foco en los personajes a caballo, que así compiten en importancia con los heridos mostrados en el primer plano.

En la parte baja del cuadro, en el primer plano de la batalla, se ven representados los heridos y muertos, lo que da el máximo realismo a las imágenes más dramáticas. Uno de ellos, ubicado en el centro del cuadro por debajo de la figura del general, representa el personaje destacado de una mujer perteneciente a la Compañía de Santa Bárbara —cuerpo militar formado por mujeres para socorrer y asistir a los heridos en batalla— y se aprecia en su brazo izquierdo una cinta roja atada con una lazada, símbolo por el que se las distinguía. Se pueden observar otras figuras femeninas repartidas en la escena de la batalla, algunas tratando de aliviar a los heridos y otras llevando la comida y la bebida.

En el extremo derecho de la obra se puede ver al ejército francés en retirada, unas figuras casi difuminadas, dando la impresión de no tener intencionadamente protagonismo dentro de la obra.

Historia miniatura|250px|La Compañía de Santa Bárbara, otro trabajo de Martí Alsina sobre el «Sitio de Gerona». A mediados del sigloXIX la pintura histórica era muy apreciada por sus representaciones de hechos patrióticos y héroes locales. Martí Alsina quería mejorar su reputación como pintor a nivel nacional, a pesar de tener una plaza como profesor en la Escuela de la Lonja de Barcelona. Una de las maneras más directas de ganarse una buena reputación como profesional era conseguir premios en algún concurso, como las Exposiciones Nacionales que se celebraban anualmente en Madrid. En aquellas exposiciones, las obras de temática histórica, con un alto componente épico y romántico, tenían a menudo una muy buena acogida.El año 1667, André Félibien, historiógrafo y teórico del clasicismo francés, codificó la pintura clásica por temas pictóricos en un prólogo de las Conférences de l'Académie. La pintura histórica ocupaba el primer lugar de la jerarquía. Muchas de las obras ganadoras estaban realizadas en gran formato, y al ganar eran adquiridas por diversas instituciones o por el propio Estado. Es probable que este fuera el motivo que decidiera a Martí Alsina, más especializado en pintura de paisajes, a realizar obras con temas históricos.Cuarenta de las setenta primeras medallas que se concedieron en las diversas ediciones de las Exposiciones Nacionales fueron para pinturas históricas.

La primera vez que participó en el concurso fue en 1858, año en el que envió diversas obras y recibió una tercera medalla por un retrato titulado Estudio del natural.VV.AA., Catálogo exposición, 2011, p. 19 El mismo año y fuera de concurso presentó El último día de Numancia,Jimeno, 2005, p.144 que fue posteriormente adquirido por el Estado por tres mil pesetas,Reyero / Freixa, 1995, p.182 y depositado en el fondo del Museo del Prado, a pesar de haber conseguido dentro del concurso tan solo una medalla de tercera clase. En 1860 envió uno de sus paisajes, con el que obtuvo una segunda medalla. El pintor pasó buena parte de su vida obsesionado por la serie de la Guerra de la Independencia y el Sitio de Gerona de 1809, y así realizó numerosas pinturas de temas similares, como El somatén del Bruch, La Compañía de Santa Bárbara, Las heroínas de Gerona y la más grandiosa, El gran día de Gerona, que le ocupó buena parte de su vida hasta su defunción.

Proceso de producción Según diversos estudios publicados, es probable que Martí Alsina decidiese hacer una obra de grandes dimensiones para rivalizar con La batalla de Tetuán, obra de Mariano Fortuny hecha por encargo de la Diputación de Barcelona y que posteriormente adquirió cierta fama a nivel europeo.

Para poder elaborar su proyecto, Martí Alsina alquiló un espacio de medidas especiales en el barrio de Sants, que entonces aún era un pueblo de las afueras de Barcelona. Según tradición oral habilitó como taller el «Casino de Sants». Se cree que se encontraba ubicado en el número 300 de la calle Mayor o Camino Real, dirección donde consta la obra cuando se documentó en 1882.VV.AA., Catálogo exposición 2011, p. 116 Allí se hizo traer todo tipo de armaduras, armas y piezas históricas para dar el máximo rigor posible a su obra. También necesitó decenas de modelos, hizo confeccionar vestidos para la ocasión y visitó Gerona en varias ocasiones, como demuestran los cientos de bocetos de diversos rincones de la ciudad que aún se conservan, unos en colecciones particulares y otros en el Museo Nacional de Arte de Cataluña y en el Museo de Arte de Gerona. Fruto de estas visitas también creó una docena de pequeños óleos y algunas otras pinturas de dimensiones considerables, entre las que destaca la obra Paisaje de las murallas de Gerona, una de sus pinturas más apreciadas. Según Folch i Torres, incluso se hizo traer al taller piezas de artillería.Folch i Torres, 1920, pp.75-77

Se tiene noticia que los primeros intentos para empezar la obra se realizaron a finales de 1859, gracias a una carta dirigida a Martí Alsina enviada desde Gerona con fecha 14 de octubre de 1859, donde se le daba contestación a una información, solicitada por el pintor, sobre las banderas y otras consultas que quería incluir en la pintura y que deseaba que fueran lo más realistas posibles. El pintor mismo apuntó un seguimiento de trabajo para realizar la obra: