thumb|310px|Denario emitido por Sexto Pompeyo, celebrando su victoria sobre la flota de Octaviano. En el anverso figura el faro de Mesina, y en el reverso, el monstruo Escila.
Sexto Pompeyo Magno Pío (en latín, Sextus Pompeius Magnus Pius; circa 67-35 a. C.) fue un militar romano del periodo final de la República, y la última oposición que tuvo el Segundo Triunvirato en sus intentos por controlar la República.
La muerte del padre y la lucha contra César Sexto era el hijo menor de Cneo Pompeyo Magno y su tercera esposa, Mucia Tercia; su hermano mayor era Cneo Pompeyo el Joven, hijo de la misma madre. Ambos hermanos crecieron a la sombra de su padre, uno de los mejores generales romanos, y que en principio no pertenecía al ala política conservadora, sino que se acercó a la facción tradicional cuando Julio César se convirtió en una amenaza para la República.
Según Apiano, debió nacer en 75 a. C., ya que señala que al momento de su muerte tenía 40 años de edad.Apiano, De bellis civilibus, Libro V: 144. Sin embargo, esta versión es rechazada por Emilio Gabba, quien sitúa su nacimiento en 66 a. C. o 68 a. C.Emilio Gabba, Appianus. Bellorum Civilium liber quintus, com. ad. loc.
Cuando César cruzó el río Rubicón en 49 a. C., comenzando así la segunda guerra civil, su hermano mayor huyó junto a su padre a Oriente, como hicieron muchos de los senadores conservadores. Sexto permaneció en Roma bajo el cuidado de su madrastra, Cornelia. El ejército pompeyano fue derrotado en la batalla de Farsalia (48 a. C.), y Pompeyo tuvo que huir para salvar la vida, refugiándose en Mitilene, en la isla de Lesbos. Allí se reunió con Cornelia y Sexto antes de dirigirse hacia Egipto, donde, a su llegada, fue traicionado y asesinado por los egipcios, el 29 de septiembre, ante el temor de negarle la entrada o que su llegada provocara la invasión del ejército de César. Tras la muerte de Pompeyo, que Sexto presenció desde el barco donde se hallaba, su madrastra Cornelia volvió a Roma, mientras que él se dirigió a Chipre y posteriormente se unió con su hermano Cneo a la resistencia contra César en las provincias africanas. Junto a Metelo Escipión, Catón el Joven y otros senadores, dirigió la oposición a César y su ejército hasta el final, mientras su hermano Cneo se dirigió a Hispania.
Tras la batalla de Tapso (46 a. C.), César venció a Metelo y Catón, quienes acabaron suicidándose, mientras Sexto huyó de África y se reencontró con su hermano en Hispania, junto con Labieno y otras personas de su partido. En Hispania se encargó de la posesión de Corduba, hasta la derrota de su hermano en la batalla de Munda, en marzo de 45 a. C., donde murieron Gneo y Labieno, teniendo que huir de nuevo. Sexto se refugió en el país de los lacetanos, entre el Iberus y los Pirineos, donde vivió del robo hasta que al poco tiempo logró reunir una considerable banda de seguidores; con ellos se dirigió a la Bética, gobernada por Gayo Carrinas, quien fue incapaz de ofrecer resistencia, ya que Sexto contaba con el apoyo general de los nativos y de los veteranos de guerra que su padre había establecido en la provincia. De esta forma, Carteia y otras ciudades cayeron en sus manos.
La muerte de César y la reconciliación con Roma De vuelta a Roma, César fue asesinado en los idus de marzo (15 de marzo) del año 44 a. C. por un grupo de senadores, acaudillados por Casio y Bruto. Este incidente no supondría la esperada vuelta a la normalidad que los senadores esperaban, sino una nueva confrontación civil entre los partidarios de César y sus asesinos. Para Sexto, la muerte de Julio César fue muy favorable. Gayo Asinio Polión, sucesor de Carrinas en el gobierno de Hispania Ulterior, tenía poco talento militar y sufrió varias derrotas ante Sexto, que le permitieron dominar toda la Bética, recibiendo la aclamación de imperator.T. Robert S. Broughton, The Magistrates of the Roman Republic, p. 329 Sexto pactó entonces con el gobernador de la Hispania Citerior y de la Galia Narbonense, Lépido, por el cual se establecía una tregua y se permitía que Sexto pudiera ir a Roma para recibir la herencia paterna. Sexto aceptó esta proposición y el Senado le concedió además una importante cantidad de dinero en compensación por la propiedad paterna que había sido confiscada.
En 43 a. C., cuando Marco Antonio se dirigió a la Galia Cisalpina para oponerse a Décimo Junio Bruto Albino, el Senado romano buscó apoyos contra el futuro triunviro, y apeló a Lépido y a Sexto, que entonces había llegado a Massalia con una flota y un ejército dispuesto a intervenir según más conviniera. El Senado, a propuesta de Cicerón, aprobó un decreto laudatorio en su honor, y le ofreció nominarlo para el puesto que había tenido su padre en el colegio de los augures. También lo nombró para el mando de la flota republicana con el título praefectus classis et orae maritimae;T. Robert S. Broughton, The Magistrates of the Roman Republic, p. 348 sin embargo, Sexto no realizó ninguna acción para aliviar el sitio de Mutina, permaneciendo inactivo.
Proscripción miniaturadeimagen|Áureo de Sexto Pompeyo emitido en Sicilia entre 42 a. C y 40 a. C., en el que se titula hijo del Magno imperator y Prefecto de las costas y de los mares, en un claro desafío al poder de los triunviros y, particularmente, de Octavio. En el mes de agosto de 43 a. C., Octavio controló el consulado e impuso la lex Pedia propuesta por su colega Quinto Pedio, por la que todos los asesinos de César eran declarados proscritos. Pompeyo fue incluido entre los asesinos de César, aunque no había tenido participación en el hecho, y finalmente fue proscrito en el mes de octubre cuando se estableció el Segundo Triunvirato, formado por Octaviano, Marco Antonio y Lépido, cuyas intenciones eran vengar a César y subyugar toda oposición.
El dominio de la flota garantizaba a Sexto cierta seguridad; pero como los gobernadores de ambas Hispanias y el de la Galia apoyaron el triunvirato, no disponía de ninguna base en tierra firme. Sexto se limitó a atacar las zonas costeras, y sus fuerzas aumentaron con todos aquellos que los triunviros habían proscrito, y con multitudes de esclavos que acudían a él. Finalmente se vio con fuerzas suficientes para desembarcar en Sicilia, donde estableció su cuartel general. Las ciudades de Milas, Tindaris, Mesina y Siracusa cayeron en su poder, al igual que toda la isla finalmente. El propretor de Sicilia, Aulo Pompeyo Bitínico, le rindió Mesina a condición de repartirse el gobierno de la isla. También recibió el apoyo de Quinto Cornificio, gobernador de la provincia de África. El dominio de estas provincias por los pompeyanos afectó seriamente al suministro de grano de Roma.
En 42 a. C. Octaviano envió a la isla a su legado Quinto Salvidieno Rufo, que consiguió evitar los ataques de Sexto a las costas italianas, pero fue derrotado en el estrecho de Sicilia, en las cercanías de Escileo, cuando intentó enfrentarse a la flota pompeyana.Apiano, De bellis civilibus, Libro IV: 85. Octavio, tras esta batalla, partió inmediatamente después a Grecia, con objeto de ayudar a Marco Antonio en la guerra contra Bruto y Casio. Sexto estaba en la cumbre de su poder y se hizo llamar "hijo de Neptuno"; entonces hizo matar al cogobernador Aulo Pompeyo Bitínico, acusado de una supuesta conspiración, quedando así como único gobernador de la isla. Mientras Octavio luchaba en Grecia contra los republicanos, Pompeyo se mantuvo inactivo, y esto sería su error fatal.Apiano, De bellis civilibus, libro v. 26
Confrontación con Octavio Tras la derrota y muerte de Casio y Bruto en la doble batalla de Filipos (42 a. C.), los triunviros volvieron su atención hacia Sexto, quien había fortalecido su posición en Sicilia, preparado para ofrecerles resistencia y amenazado el abastecimiento marítimo de trigo de Roma.
Sin embargo, en 41 a. C., Octavio, a su regreso a Italia, se mantuvo ocupado con la Guerra Perusina, lo que permitió a Pompeyo continuar haciendo estragos en las costas de Italia. A comienzos de 40 a. C., Marco Antonio buscó la alianza con Pompeyo y este envió fuerzas a Italia, pero tuvo que retirarlas cuando se produjo la reconciliación de los triunviros en la paz de Brindisi, quienes decidieron hacer la guerra a Sexto. No obstante, Sexto se hallaba en posesión no solamente de Sicilia, sino que además había ocupado Cerdeña y Córcega, y sus flotas saqueaban todas las flotas de grano que venían de Egipto y de las provincias orientales, de forma que la escasez extrema prevaleció en Roma, y la hambruna parecía inevitable. Esto hizo que se desataran disturbios pidiendo la paz con Sexto.Apiano, De bellis civilibus, libro v. 68
Pacto de Miseno thumb|300 px|Italia y las islas aledañas en 39 a. C., tras la firma del Pacto de Miseno entre Octaviano y Sexto Pompeyo Octavio pensó que lo más prudente era ceder, y en consecuencia, se estableció una paz negociada entre los triunviros y Pompeyo, a través de la mediación de Lucio Escribonio Libón, el suegro de este último, llegándose a firmar las paces entre ambos personajes a través del denominado Pacto de Miseno de 39 a. C., por el cual se entregaba a Sexto el control de Sicilia, Córcega, Cerdeña y Acaya, con el compromiso de poner fin a sus prácticas piráticas y abastecer de grano a Roma. Además Octavio le prometió un consulado para el año 33 a. C., el augurado y una indemnización de diecisiete millones y medio de monedas de plata de su fortuna privada. Pompeyo, por su parte, prometió retirarse de la costa de Italia, proteger el comercio en el Mediterráneo y casar a su hija con Marco Marcelo, el hijo de Octavia, la hermana del triunviro.Apiano, De bellis civilibus, libro v. 72 La causa de este tratado de paz fue el interés de Marco Antonio, el virtual líder de los triunviros, por iniciar una invasión del Imperio parto, para lo cual necesitaba disponer de las legiones que la resistencia de Sexto tenía ocupadas en Sicilia.
Sin embargo, la paz no duró mucho tiempo, ya que las frecuentes disensiones entre Octaviano y Marco Antonio motivaron el uso político de la guerra contra Sexto, para así poder atribuirse el éxito de conjurar la amenaza que suponía para el triunvirato. De esta forma, Antonio se negó a renunciar a los tributos adeudados por Acaya, y Pompeyo, por lo tanto, reanudó sus excursiones de piratería.Apiano, De bellis civilibus, libro v. 77
En 38 a. C. Pompeyo sufrió una severa pérdida con la deserción de uno de sus legados principales, Menas o Menodoro, que se pasó a Octavio, entregando Cerdeña y Córcega, junto con una gran fuerza naval y militar. Gracias a esta afortunada situación, Octavio decidió iniciar la guerra de inmediato, nombrando a Cayo Calvisio Sabino como comandante de su flota, con Menas como su legado. No obstante, la campaña resultó desfavorable a Octavio: su flota fue derrotada dos veces por los almirantes de Pompeyo, en primer lugar en Cumas por Menécrates, quien, sin embargo, pereció en la batalla; y después en Mesina, donde su flota fue casi totalmente destruida por una tormenta al intentar enfrentarse a la flota pompeyana, ahora dirigida por los almirantes Demócares y Apolófanes. Pompeyo, sin embargo, no aprovechó este éxito, sino que se mantuvo inactivo, y perdió de nuevo el momento favorable para la acción.
El asalto final