thumb|Luis Zapata thumb|Viñeta caricaturesca de José Guadalupe Posada sobre el escándalo del "Baile de los cuarenta y uno" que dio lugar a la novela homófoba Los cuarenta y uno (1906) de Eduardo Castrejón. thumb|Carlos Monsiváis
La literatura LGBT empezó a florecer en México a partir de los años 1960 y fue especialmente evidente en los 1980,Nora Guzmán, Todos los caminos conducen al norte: la narrativa de Ricardo Elizondo Elizondo y Eduardo Antonio , Fondo Editorial de NL, 2009, pág.13. pero hasta entonces la homosexualidad no fue apenas tratada en obras literarias, salvo como asunto ridículo, censurado o pervertido, debido a la homofobia dominante en la sociedad mexicana.León Guillermo Gutiérrez, La ciudad y el cuerpo en la novela mexicana de temática homosexual, Universidad Autónoma del Estado de Morelos. En 1975 la activista y directora teatral Nancy Cárdenas y los escritores Carlos Monsiváis y Luis González de Alba impulsaron el primer manifiesto en defensa de los homosexuales, publicado en la revista ¡Siempre! y en 1979 se organizó la primera Marcha del Orgullo Gay. Con algunos precedentes significativos (como El diario de José Toledo de Miguel Barbachano Ponce, de 1964), la novela que significó una verdadera brecha y un cambio de rumbo respecto al desprecio o silenciamiento de lo homosexual ocurrió en 1978 con El vampiro de la colonia Roma de Luis Zapata Quiroz. A partir de su publicación, muchos autores se animaron a seguir esa senda y abordaron sin reparos asuntos homosexuales.Luis Ulloa, El tema homosexual en la narrativa mexicana del siglo XX, 2007 2007. Los años 1970 marcaron, pues, el comienzo del cambio de percepción de la sociedad mexicana respecto a la homosexualidad, gracias a una mayor reivindicación y visibilidad de los autores gais.
Aunque predominan las obras sobre homosexualidad masculina, las autoras y temáticas lésbicas también tienen representación. Ya en la década de 1980 Nancy Cárdenas escribe y pone en escena El día que pisamos la luna, Rosamaría Roffiel publica la novela Amora y Sabina Berman el poemario Lunas. En 1992 Ethel Krauze publica la novela Infinita.
El debate sobre la existencia de una literatura homosexual en México a veces se ha dado públicamente e los medios de comunicación mexicanos, como sucedió tras la publicación del ensayo Ojos que da pánico soñar de José Joaquín Blanco en el Uno más uno.
Narrativa
Previas a la publicación de El vampiro de la colonia Roma de Luis Zapata en 1978, destacan las obras que tratan sobre la homosexualidad, si bien en algún caso desde posiciones abiertamente homofóbicas, como en Los cuarenta y uno (1906) de Eduardo Castrejón, quien quiso hacer una exaltación proletaria y representó la corrupción de la aristocracia aludiendo a lo que él consideraba moralmente más repugnante: la homosexualidad,Antonio Marquet, Castrejón, Cóccioli y Novo: la novela gay en la primera mitad del siglo XX. considerada como una depravación, relacionada con la prostitución y condenada severamente por el estricto moralismo y la homofobia del narrador, que noveló sobre un famoso episodio de la época del porfiriato conocido como el escándalo del "Baile de los cuarenta y uno".
No obstante, McKee Irwin (en Castrejón, 2010) comenta que diversas novelas del mantienen bosquejos de lo que a homosexualidad compete; por ejemplo, cita la obra de Fernández de Lizardi, El Periquillo Sarniento; Clemencia, de Altamirano, Hermana de los ángeles, de Del Castillo, Los mariditos de Cuéllar o El fistol del diablo de Payno; obras que, comenta, al releerse, bien pueden causar asombro en el lector, debido a que hacen manifiesto un claro homoerotismo, aunque la idea propiamente homosexual está alejada de las mediaciones temporales de cada autor.
La estatua de sal de Salvador Novo (1904-1974) (no publicada íntegramente hasta 1998, pero cuyo contenido fue apareciendo en artículos periodísticos y fragmentos a partir de 1945), aunque hay amplias partes de otras de sus obras que tocan el tema, como el libro de poesía Sátira. El libro ca..., que contiene "revelaciones" sobre muchos otros autores, o el de ensayos Las locas, el sexo y los burdeles, y Fabrizio Lupo (escrita en 1952 y traducida al español en 1953) del italiano (luego radicado en México) Carlo Cóccioli están escritas por sendos autores homosexuales, aunque su intención es muy distinta: exhibicionista y provocadora en el caso de Novo (quien pretendía escandalizar al lector y a la sociedad), y más crítica –pero con un trasfondo dramático y casi torturado– en el de Cóccioli. Fabrizio Lupo se convirtió en la novela gay mexicana por antonomasia. En Fabrizio Lupo se trata sobre las relaciones entre la religión católica y la homosexualidad, asuntos que también tratarán otras novelas gais, como Padre prior (1971) de Mauricio González de la Garza.
Otras obras de los años 1950 destacables son el cuento humorístico «Los machos cabríos», publicado en el libro El coronel que asesinó un palomo (1952) de Jorge Ferretis, y la novela corta El norte de Emilio Carballido, en la que se narra la relación entre un joven y un hombre maduro en Veracruz. Según Mario Muñoz, esta novela pudo influir en la novela Fruta verde (2004) de Enrique Serna.
En la década de 1960 se publican dos novelas que tuvieron escasa repercusión pero que, para algunos autores, señalan el verdadero arranque de la literatura homosexual mexicana. Se trata de El diario de José Toledo (1964) de Miguel Barbachano Ponce y 41 o el muchacho que soñaba en fantasmas (1964), publicada esta última por un autor (Manuel Aguilar de la Torre)Teposteco (2015) que se escondía bajo el seudónimo de Paolo Po. El diario de José Toledo trata sobre el suicidio del personaje que da título a la novela, un joven de veinte años despechado por el rechazo de su amante, cuya historia se narra a través de las páginas de su diario íntimo y de los comentarios de un narrador anónimo, omnisciente, que los comenta en tercera persona. En la novela hay una descripción detallada del mundo social del protagonista (con una potente descripción de la homofobia cotidiana en México). Para el estudioso Antoine Rodríguez,
En 1962 Juan Vicente Melo había publicado su cuento Los amigos, lleno de un sutil homoerotismo.Gutiérrez, Sesenta años... Carlos Fuentes se atrevió a mostrar una relación homoerótica en su novela breve A la víbora de la mar (1964).
En 1968 se publicó Los Inestables, de Alberto X. Teruel, un autor que posiblemente también recurrió al uso del pseudónimo. Schneider (1997), comenta de ella lo siguiente:
En 1969 vio la luz la obra del autor uruapense José Ceballos Maldonado, Después de todo. La novela de Ceballos Maldonado, relatada desde dos lugares, la provincia y la Ciudad de México, es la historia de un hombre que definió su esencia con base en la crítica y la doble moral instituida, que sólo ejecutaba ordenamientos y prohibiciones; sin embargo, el protagonista, Javier Lavalle, pudo abrirse paso y afirmar que lo único importante era alcanzar el orgullo de ser y mantenerlo.
Carlos Monsiváis fue uno de los escritores gais más destacados y más comprometidos. Tuvo gran interés en estudiar y difundir la obra y las vidas del grupo poético de Los Contemporáneos, y así relató en Amor perdido (1977) la persecución machista y homofóbica que sufrieron por parte de los estridentistas y los pintores muralistas. Sobre uno de los miembros más destacados de tal grupo poético, el gay militante Salvador Novo, escribió otra obra: Salvador Novo, lo marginal en el centro. Otra obra importante de Monsiváis en la que denuncia el machismo de la sociedad mexicana fue Escenas de pudor y liviandad (1988).Mario Alberto Reyes, Temática gay en la literatura mexicana, de nivel inferior pero con momentos históricos vibrantes, Noticiese.org, 10-XII-2007 Heriberto Yépez sintetizó el aporte enorme de Monsiváis para la visibilidad de lo gay en México:
Jorge Arturo Ojeda escribió varias novelas del tema: Muchacho solo (1976; 1987) y Octavio (1982). Una novela que algunos consideran capital es El diario de José Toledo de Miguel Barbachano Ponce, publicada en 1964 y que para algunos historiadores marca el verdadero nacimiento de la novela homosexual mexicana. Otros señalan la fecha de 1978 con El vampiro de la colonia Roma de Luis Zapata para señalar el arranque de esta literatura. El vampiro... supuso todo un acontecimiento y, en palabras del estudioso León Guillermo Gutiérrez, arrojó
En la década de 1970 se registran tres importantes cuentos de tema homosexual: Mapache (1975) de Jorge Arturo Ojeda, Los zapatos de la princesa (1978) de Guillermo Samperio y Siete veces el sueño (1979) de Luis Arturo Ramos.
La literatura gay eclosionó en los años 1980, en buena medida porque en esas fechas la epidemia del SIDA hizo visible la homosexualidad y las instituciones debieron hacer campañas dirigidas a esta comunidad que, de este modo, concitó el interés de los medios de comunicación, que informaron sobre sus costumbres, necesidades, características, etc. y, de algún modo, comenzaron a desterrar viejos tópicos y a abrir nuevas perspectivas. Incluso se dejó de emplear los tradicionales términos despectivos (joto, marica, loca) y se comienza a popularizar el término neutro de gay. También en esta década en el mercado editorial (con el reclamo del llamado Boom latinoamericano), circulan obras de autores gais en lengua española, como las del argentino Manuel Puig, el colombiano Gustavo Álvarez Gardeazábal, el chileno José Donoso o el cubano Reinaldo Arenas.
Entre los autores posteriores, la crítica ha destacado por su calidad Las púberes canéforas de José Joaquín Blanco, publicada en 1983.Rafael Hernández Rodríguez, Notas para una generación perdida: literatura mexicana de finales del siglo XX, Revista Agulha, nº 44, marzo de 2005. En esa misma década aparecen otras obras señaladas de Luis Zapata (Melodrama, 1983; En jirones, 1985; La hermana secreta de Angélica María, 1989). Otras novelas de autores mexicanos fueron Octavio (1982) de Jorge Arturo Ojeda, Sobre esta piedra (1982) de Eduardo Turón y Utopía Gay (1983) de José Rafael Calva.
Utopía gay es una obra humorística, estructurada en largos monólogos interiores donde se describe la relación entre dos amantes masculinos, Carlos y Adrián, el segundo de los cuales queda embarazado. Se trata de un texto muy militante en la reivindicación de la homosexualidad y en la denuncia de la mentalidad heteronormativa y homofóbica de la sociedad de su momento. También reivindica un modelo de homosexualidad alejado del afeminamiento o de la promiscuidad, señalando una pareja estable, duradera y comprometida, en la que el embarazo de una de sus partes no supone su feminización. Este rechazo a lo femenino hace que algunos pasajes caigan en la misoginia.
En 1996 se publica la primera antología de cuentos gais mexicanos: De amores marginales (Mario Muñoz, compilador). Esta antología reunió 16 cuentos de autores de distintas épocas y fue el primer panorama amplio que daba una posibilidad de conocer la evolución de la literatura de temática homosexual en el país. Entre otros relatos, aparecen «Sólo era un juego», de Víctor Rejón, y «Callejón», de Héctor Domínguez Rubalcava, «Opus 123», de Inés Arredondo; «También hay inviernos fértiles», de Severino Salazar; «El alimento del artista», de Enrique Serna; «De amor es mi negra pena», de Luis Zapata, y «El vino de los bravos», de Luis González de Alba.(Muñoz, 1996).
Joaquín Hurtado es autor de una literatura directa, con gusto por ambientes sórdidos. Destacan sus obras Laredo Song (1997), libro ambientado en los ambientes bajos de Monterrey, y La dama sonámbula (Premio Nuevo León de Literatura en 2006).«Diez autores gay», Revista Marvin, n.º 113. México: julio-agosto, 2013; pág. 66-67