thumb|250px|Componentes del tejido sanguíneo. thumb|300px|Sangre vista con aumento de 1024X a 640X. La sangre (del latín: sanguis, -ĭnis) es un tejido conectivo líquido, que circula por capilares, venas y arterias de todos los vertebrados. Su color rojo característico es debido a la presencia del pigmento hemoglobínico contenido en los glóbulos rojos.

Es un tipo de tejido conjuntivo especializado, con una matriz coloidal líquida y una constitución compleja. Tiene una fase sólida (elementos formes), que incluye a los eritrocitos (o glóbulos rojos), los leucocitos (o glóbulos blancos) y las plaquetas, y una fase líquida, representada por el plasma sanguíneo. Estas fases son también llamadas partes sanguíneas, las cuales se dividen en componente sérico (fase líquida) y componente celular (fase sólida).Tortora-Derrickson: Principios de Anatomía y Fisiología. Consultado el 3 de abril de 2018

Su función principal es la logística de distribución e integración sistémica, cuya contención en los vasos sanguíneos (espacio vascular) admite su distribución (circulación sanguínea) hacia prácticamente todo el organismo.

La sangre era denominada humor circulatorio en la antigua teoría grecorromana de los cuatro humores.

Para lo relacionado con la sangre suele utilizarse el prefijo de origen griego hemato- y sus variantes. La cantidad de este elemento presente en el cuerpo de un ser humano adulto varía entre 4,5 y 5,5 litros; llegando el varón a tener hasta 5,67. El proceso de formación de sangre se llama hematopoyesis. A la sangre corrompida en ocasiones se le conoce como «sanguaza».

Función de la sangre

Como todos los tejidos del organismo la sangre cumple múltiples funciones necesarias para la vida. Dentro de las funciones de la sangre podemos distinguir:

Participación en la defensa ante infecciones. Participación en el transporte de nutrientes y oxígeno hacia las células. Transporte de sustancias de desecho de dióxido de carbono (CO2) desde las células. Participación en la termorregulación corporal. Transporte de hormonas, enzimas y otras sustancias reguladoras. Participación en la coagulación y cicatrización.

Para cumplir con todas estas funciones cuenta con diferentes tipos de células suspendidas en el plasma.

Todas las células que componen la sangre se fabrican en la médula ósea. Ésta se encuentra en el tejido esponjoso de los huesos planos (cráneo, vértebras, esternón, crestas ilíacas) y en los canales medulares de los huesos largos (fémur, húmero).

La sangre es un tejido renovable del cuerpo humano, esto quiere decir que la médula ósea se encuentra fabricando, durante toda la vida, células sanguíneas ya que éstas tienen un tiempo limitado de vida. Esta «fábrica», ante determinadas situaciones de salud, puede aumentar su producción en función de las necesidades de cada ser humano.

Por ejemplo, ante una hemorragia aumenta hasta siete veces la producción de glóbulos rojos y ante una infección aumenta la producción de glóbulos blancos.

Desangramiento

Un desangramiento es una pérdida de sangre, que normalmente sucede a través de una herida.

Uso terapéutico de la sangre

Transfusión sanguínea La transfusión sanguínea es un procedimiento en el que se transfunden componentes sanguíneos de un donante a un receptor. Esta técnica es utilizada en situaciones en las que se ha perdido una gran cantidad de sangre debido a una lesión o cirugía, en pacientes con trastornos de la sangre, como la anemia, o en pacientes que reciben tratamientos como la quimioterapia, que pueden afectar a la producción de células sanguíneas.

Existen diferentes componentes sanguíneos que pueden ser transfundidos, entre ellos:

Glóbulos rojos: Los glóbulos rojos son responsables del transporte de oxígeno a los tejidos del cuerpo. En algunas situaciones, como en casos de pérdida de sangre importante, puede ser necesario transfundir glóbulos rojos para restaurar los niveles adecuados de oxígeno en el cuerpo. Plasma: El plasma es la parte líquida de la sangre y contiene proteínas, lípidos, hormonas, electrolitos y otros nutrientes. El plasma se utiliza en situaciones en las que se requiere una corrección rápida de la coagulación sanguínea, como en pacientes con hemofilia o con pérdida sanguínea masiva. Plaquetas: Las plaquetas son células sanguíneas responsables de la coagulación de la sangre. La transfusión de plaquetas se utiliza en situaciones en las que la coagulación está alterada, como en pacientes con trastornos de la coagulación o en pacientes que han recibido quimioterapia.

La transfusión sanguínea es una técnica segura y efectiva, pero como con cualquier procedimiento médico, puede haber riesgos asociados. Algunos de los riesgos incluyen reacciones alérgicas, infecciones, sobrecarga de fluidos y problemas de compatibilidad de grupos sanguíneos. Es importante que se realice una evaluación cuidadosa de la necesidad de la transfusión y que se utilicen medidas de seguridad adecuadas para minimizar los riesgos.

Composición de la sangre

thumb|300px|Sangre circulando con aumento de 640X. Como todo tejido, la sangre se compone de células y componentes extracelulares (su matriz extracelular). Estas dos fracciones tisulares vienen representadas por:

Los elementos formes —también llamados elementos figurados—: son elementos semisólidos (es decir, mitad líquidos y mitad sólidos) y particulados (corpúsculos) representados por células y componentes derivados de células. El plasma sanguíneo: un fluido traslúcido y amarillento que representa la matriz extracelular líquida en la que están suspendidos los elementos formes. Este representa un medio isotónico para las células sanguíneas, las cuales sobreviven en un medio que esté al 0,9 % de concentración, como la solución salina, para proporcionar un ejemplo.

Los elementos formes constituyen alrededor del 45 % de la sangre. Tal magnitud porcentual se conoce con el nombre de hematocrito (fracción "celular"), adscribible casi en totalidad a la masa eritrocitaria. El otro 55 % está representado por el plasma sanguíneo (fracción acelular).

Los elementos formes de la sangre son variados en tamaño, estructura y función, y se agrupan en:

Las células sanguíneas, que son los glóbulos blancos o leucocitos, células que «están de paso» por la sangre para cumplir su función en otros tejidos; Los derivados celulares, que no son células estrictamente, sino fragmentos celulares, están representados por los eritrocitos y las plaquetas; son los únicos componentes sanguíneos que cumplen sus funciones estrictamente dentro del espacio vascular.

Glóbulos rojos

thumb|Los glóbulos rojos (eritrocitos) están presentes en la sangre y transportan el oxígeno hacia el resto de las células del cuerpo. Los glóbulos rojos, hematíes o eritrocitos constituyen aproximadamente el 96 % de los elementos figurados. Su valor normal (conteo) promedio es de alrededor de 4 800 000 en la mujer, y de aproximadamente 5 400 000 en el varón, hematíes por mm³ (o microlitro).

Estos corpúsculos carecen de núcleo y orgánulos (solamente en mamíferos). Su citoplasma está constituido casi en su totalidad por la hemoglobina, una proteína encargada de transportar dioxígeno y contienen también algunas enzimas. El dióxido de carbono es transportado en la sangre (libre disuelto 8 %, como compuestos carbodinámicos 27 %, y como bicarbonato, este último regula el pH en la sangre). En la membrana plasmática de los eritrocitos están las glucoproteínas (CD) que definen a los distintos grupos sanguíneos y otros identificadores celulares.

Los eritrocitos tienen forma de disco bicóncavo deprimido en el centro. Esta forma particular aumenta la superficie efectiva de la membrana. Los glóbulos rojos maduros carecen de núcleo, porque lo expulsan en la médula ósea antes de entrar en el torrente sanguíneo (esto no ocurre en aves, anfibios y ciertos otros animales). Los eritrocitos en humanos adultos se forman en la médula ósea.

Hemoglobina

La hemoglobina —contenida exclusivamente en los glóbulos rojos— es un pigmento, una proteína conjugada que contiene el grupo “hemo”. También transporta el oxígeno, la mayor parte del cual se encuentra disuelto en el eritrocito y, en menor proporción, en el plasma.

Los niveles normales de hemoglobina están entre los 12 y 18 g/dl de sangre, y esta cantidad es proporcional a la cantidad y calidad de hematíes (masa eritrocitaria). La hemoglobina constituye el 90 % de los eritrocitos y, como pigmento, otorga su color característico, rojo, aunque esto solo ocurre cuando el glóbulo rojo está cargado de oxígeno.

Tras una vida media de 120 días, los eritrocitos son destruidos y extraídos de la sangre por el bazo, el hígado y la médula ósea, donde la hemoglobina se degrada en bilirrubina y el hierro es reciclado para formar nueva hemoglobina.

Glóbulos blancos

thumb|300px|Sangre circulando con posible glóbulo blanco arriba a la derecha. Aumento de 1024X, utilizando un microscopio óptico. Los glóbulos blancos o leucocitos forman parte de los actores celulares del sistema inmunitario, y son células con capacidad migratoria que utilizan la sangre como vehículo para tener acceso a diferentes partes del cuerpo. Los leucocitos son los encargados de destruir los agentes infecciosos y las células infectadas, y también segregan sustancias protectoras como los anticuerpos, que combaten a las infecciones.

El conteo normal de leucocitos está dentro de un rango de 4500 y 11500 células por mm³ (o microlitro) de sangre, variable según las condiciones fisiológicas (embarazo, estrés, deporte, edad, etc.) y patológicas (infección, cáncer, inmunosupresión, aplasia, etc.). El recuento porcentual de los diferentes tipos de leucocitos se conoce como "fórmula leucocitaria" (ver Hemograma, más adelante).

Según las características microscópicas de su citoplasma (tintoriales) y su núcleo (morfología), se dividen en:

Los agranulocitos o células monomorfonucleares: son los linfocitos y los monocitos; carecen de gránulos en el citoplasma y tienen un núcleo redondeado. Los granulocitos o células polimorfonucleares: son los neutrófilos, basófilos y eosinófilos; poseen un núcleo polimorfo y numerosos gránulos en su citoplasma, con tinción diferencial según los tipos celulares.

Granulocitos o células polimorfonucleares

Basófilos: presentes en sangre entre 0,1 y 1,5 células por mm³, (0,2-1,2 % de los leucocitos). Presentan una tinción basófila, lo que los define. Segregan sustancias como la heparina, de propiedades anticoagulantes, y la histamina que contribuyen con el proceso de la inflamación. Poseen un núcleo a menudo cubierto por gránulos de secreción. Eosinófilos: presentes en la sangre entre 50 y 500 células por mm³ (1-4 % de los leucocitos). Aumentan en enfermedades producidas por parásitos, en las alergias y en el asma. Su núcleo, característico, posee dos lóbulos unidos por una fina hebra de cromatina, y por ello también se las llama "células en forma de antifaz". Neutrófilos, presentes en sangre entre 2500 y 7500 células por mm³. Son los más numerosos, ocupando entre un 55 % y un 70 % de los leucocitos. Se tiñen pálidamente, de ahí su nombre. Se encargan de fagocitar sustancias extrañas (bacterias, agentes externos, etc.) que entran en el organismo. En situaciones de infección o inflamación su número aumenta en la sangre. Su núcleo característico posee de 3 a 5 lóbulos separados por finas hebras de cromatina, por lo cual antes se los denominaba "polimorfonucleares" o simplemente "polinucleares", denominación errónea.

Agranulocitos o células monomorfonucleares