Cosquín es una ciudad ubicada en el sector occidental de la provincia de Córdoba, Argentina, a una distancia de 46 km de la capital provincial. Se encuentra a una altitud de 720 y ejerce como cabecera del departamento Punilla en las estribaciones de las Sierras Chicas. Constituye un relevante centro turístico de la provincia de Córdoba. Su centro histórico se localiza a escasos kilómetros al noroeste de la urbe, en la naciente del río homónimo. Cosquín es la localidad más antigua del Valle de Punilla.
La ciudad de Cosquín dispone de campings y balnearios a lo largo de la ribera del río homónimo. Su festividad patronal se celebra el 7 de octubre, bajo la advocación de la Virgen Nuestra Señora del Rosario.
Antiguamente, este territorio era conocido como “Quisquisacate”. El vocablo “Quisqui” hace referencia a las tunas (frutos pequeños de una especie de cactus), y “Sacate” significa "pueblo" en lenguas antiguas como el camiare o kakan
Una referencia de este período es la Piedra Pintada, situada en el Balneario San Buenaventura, que exhibe petroglifos y jeroglíficos. Las pinturas y grafos datan de 6000 a. C. Otro vestigio es un hacha de mano con una antigüedad estimada en 8 mil años, hallada en Ayampitín (Punilla). Investigaciones recientes de ADN en el Cerro Colorado indican que el grupo que habitaba la zona antes de los comechingones no era de origen andino, aunque se les considera kakanes, integrantes de las culturas prehistóricas de Ongamira y Ayampitín.
Prehistoria
Período Precolombino
Primeros Humanos Hace aproximadamente 10 mil años, el planeta transitaba la fase final de la era glacial. El clima de Córdoba era significativamente más frío que en la actualidad, y su paisaje se caracterizaba por estepas con abundantes pastizales y escasas especies arbóreas. La fauna autóctona incluía grandes mamíferos como el megaterio, el esmilodonte, el gliptodonte y el caballo americano. Durante este período, el ser humano, que presumiblemente ingresó al continente americano por el estrecho de Bering, continuó su desplazamiento hacia el sur, ocupando la región de las Sierras Pampeanas. La presencia humana en este territorio se remonta a más de 8 mil años. 200px|thumb|Vista del cerro Pan de Azúcar desde el noreste, sobre la Ruta Nac. n.° 9 Norte.
Etapa Nómada Los primeros pobladores de estos territorios eran nómadas que subsistían de la caza y la recolección de frutos. Poseían una notable capacidad para recorrer grandes distancias y habilidad para desarrollar instrumentos que facilitaban la captura de sus presas (puntas de mano extraídas de cuarcitas, hachas de mano, percutores, entre otros). La caza constituía el principal sustento de estos grupos.
No obstante, ante los abruptos cambios climáticos, estos mamíferos primitivos experimentaron una rápida extinción, lo que forzó a los grupos humanos a modificar sus costumbres. Posteriormente, la presencia de especies como el guanaco, la llama, el ñandú, el pecarí o chancho del monte, el puma, el jaguar, el zorro, la corzuela, el ciervo de las pampas, la vizcacha, la perdiz y la chuña, entre otras, adquirió una importancia vital para estas bandas de cazadores. La vegetación en el extenso territorio cordobés comenzó a manifestarse con bosques serranos, montes y praderas, albergando especies como el algarrobo, la tuna, el quebracho, el piquillín, el chañar y el mistol, entre otras.
Los nómadas de Ayampitín eran inicialmente cazadores de camélidos y, posteriormente, recolectores especializados en frutos de algarrobo. Estos individuos desarrollaron puntas de proyectil de piedra en forma de hoja de laurel, las cuales eran lanzadas con un propulsor que les confería un fuerte impulso, logrando el proyectil gran velocidad y precisión. Aquellos primitivos habitantes del actual suelo cordobés buscaron en los numerosos aleros y cuevas de las sierras el abrigo necesario para afrontar la intemperie, como en Ongamira (departamento Ischilín), entre tantos otros sitios diseminados por la geografía provincial. En estas cavidades, los aborígenes desarrollaban actividades domésticas como la elaboración de armas de caza, la molienda de frutos recolectados, la cocción de alimentos, el trabajo de cueros, la confección de vestimentas y la preparación de pigmentos para sus pinturas rupestres. Asimismo, aquellos habitantes inhumaban a sus muertos en estas grutas o aleros.
Etapa Sedentaria Con el transcurso del tiempo, los aborígenes de esta provincia comenzaron a dominar técnicas agrícolas que propiciaron el asentamiento temprano o permanente, dando origen a culturas agrarias que desarrollaron elementos propios de este estado cultural.
Las culturas agroalfareras comenzaron a desarrollarse en los primeros siglos de la era cristiana. Se han investigado una serie de yacimientos arqueológicos, como el del lago Los Molinos, que datan de 1000 años d. C. En estos sitios, se ha establecido que los habitantes de esta época posiblemente construyeron casas-pozo, cultivaron maíz, cazaron animales pequeños y domesticaron la llama, animal que les proveía de lana, leche y carne. También desarrollaron una industria alfarera con artefactos de forma globular y fabricaron torteros para hilar la lana.
Las principales características de las culturas agroalfareras eran las siguientes:
Textiles: El frecuente hallazgo de diversos torteros, punzones y espátulas, objetos necesarios para la industria textil, subraya la importancia de esta actividad para los indígenas. Los comechingones eran hábiles tejedores, empleando diseños de colores vivos y tinturas elaboradas a partir de vegetales o minerales. Utilizaban lana de llama, guanaco y, posiblemente, alpaca. Vestimenta: Su indumentaria característica consistía en camisetas largas o faldellines de lana o cuero, a los cuales añadían numerosos y variados adornos. Cestería y Redes: Su existencia está corroborada por las cerámicas halladas con impresiones de estos elementos. Utilizaban cestos y redes como estructura o base, interna o externa, para confeccionar las piezas. Es posible observar, a través de las impresiones dejadas en la cerámica por el tejido de las redes, que estas eran rómbicas o cuadradas, y que las más complejas se tejían en espiral con fibras vegetales largas y fuertes, trenzadas o en forma simple. Cerámica: Una de las principales actividades de la población indígena a la llegada de los españoles era la alfarería. Elaboraban vasijas de diversas formas según su uso. Algunos recipientes eran de cerámica tosca, de tamaño mediano, sin decoración y con forma globular. Otros presentaban un acabado realizado por sus fabricantes, como el pulido o el alisado. Las vasijas pequeñas también tenían formas globulares, bocas anchas, y su función era tanto para el almacenamiento como para beber de ellas. Asimismo, se elaboraba una cerámica más delicada para distintos fines que podía incluir asas. La decoración era frecuente, con motivos geométricos de formas grecas, realizados mediante la impresión del diseño en el material pastoso y fresco de la cerámica. Los tipos más comunes de ornamentación eran los triángulos rellenos de puntos y las guardas de líneas en zigzag, dispuestas en forma simple o paralela. Estas culturas también elaboraban estatuillas de cerámica que representaban figuras humanas masculinas o femeninas. Piedra: Constituyó otro de los elementos fundamentales empleados por los aborígenes de Córdoba. Con este material elaboraron instrumentos como hachas pulidas, puntas de flechas, perforadores para agujerear el cuero, cuchillos, morteros, entre otros. El arco y la flecha comenzaron a utilizarse probablemente a partir de la era cristiana. Caracoles: Este material se empleaba para elaborar adornos, chaquiras o collares para decorar vestidos y pulseras, elementos muy utilizados por los habitantes de la región de Punilla. Metal: Más que una industria local, el metal fue presumiblemente un elemento introducido mediante el intercambio con las culturas andinas, que poseían un mayor desarrollo. Pinturas: Los pueblos indígenas de Córdoba dominaban las técnicas para obtener pigmentos vegetales y minerales que utilizaban en la creación de pinturas alusivas o decorativas. Existen numerosos e importantes testimonios del arte indígena; el más relevante del arte rupestre es el extenso conjunto de pictografías del Cerro Colorado, en el Norte cordobés. Organización Social: Era similar a la de los pueblos andinos, que probablemente influyeron en los habitantes de las regiones cordobesas a través del intercambio habitual. La base de la organización social era el ayllu, que congregaba a varios grupos con el mismo tronco familiar o unidos por lazos de consanguinidad ficticia, y estaba dirigido por un mandón. A su vez, este último obedecía al cacique, quien gobernaba sobre territorios perfectamente delimitados denominados "provincias". Estos grupos también se organizaban en bandas nómadas que transitaban periódicamente por distintos lugares. Economía: Se sustentaba principalmente en la agricultura y la ganadería. Cultivaban maíz, quinua, porotos y zapallos. Conocían el riego artificial y sus instrumentos de labranza eran similares a los utilizados por otros pueblos agrícolas, como palas de piedra o de madera dura, palos plantadores, entre otros. Complementaban su dieta con frutos de la vegetación local, como mistol, piquillín, chañar y algarrobo, con los cuales también producían bebidas fermentadas. La actividad ganadera consistía en la cría de llamas. Asimismo, practicaban la caza, empleando armas como el arco y la flecha. Estas actividades influyeron en su organización social y en la ubicación de sus asentamientos. Religión: Adoraban al Sol y la Luna, e inhumaban a sus muertos en posición fetal. Posiblemente, lo hacían bajo la creencia de que, así como se llegaba al mundo, de la misma forma se debía partir de él. Población: Cuando los españoles ingresaron al actual territorio cordobés en las primeras décadas del , observaron que la población indígena se distribuía principalmente en la zona serrana. Según las estimaciones realizadas por los expedicionarios, la población total oscilaba entre 30 000 y 50 000 habitantes. Los comechingones y los sanavirones eran, en ese entonces, los pueblos de mayor envergadura, generalmente distribuidos en caseríos a la vera de los cursos de los ríos, sin formar grandes núcleos urbanos. Los comechingones habitaban la región de las sierras, al oeste provincial, y algunos sectores de la llanura oriental. Vivienda: La vivienda de los comechingones era un elemento distintivo de este pueblo. Consistía en excavaciones en la tierra cubiertas con techos de paja que apenas se elevaban del suelo, confiriéndoles características semisubterráneas para protegerse principalmente del frío. Además, utilizaban los salientes de grandes piedras o las cavernas naturales de las sierras.
Hasta la llegada de los españoles en el , la zona de Cosquín estaba habitada por el pueblo indígena Henia-Camiare, una etnia perteneciente a los Comechingones. Se caracterizaban por su tez morena, estatura mediana y la presencia de barbas, lo que los asemejaba a los conquistadores españoles. Eran descritos como pacíficos, cantores y con un desarrollo progresivo.
Historia
Cosquín Colonial Este período abarca desde la llegada de los españoles hasta la era independentista.
En septiembre de 1571, el virrey del Perú, Francisco de Toledo, designó a Jerónimo Luis de Cabrera como Gobernador, Capitán General y Justicia Mayor de las provincias del Tucumán, Juríes y Diaguitas. El 17 de julio de 1572, Cabrera asumió el cargo en Santiago del Estero.