Wilson Ferreira Aldunate (Nico Pérez, 28 de enero de 1919 - Montevideo, 15 de marzo de 1988) fue un político y productor rural uruguayo, considerado el principal caudillo civil del Partido Nacional desde la década de 1970 hasta su deceso en 1988. Adquirió notoriedad tras declararse como uno de los más destacados opositores a los gobiernos de Jorge Pacheco Areco y Juan María Bordaberry, y tras el Golpe de Estado del 27 de junio de 1973, se exilió y se convirtió en uno de los más ácidos censores de la dictadura cívico-militar.

Familia Hijo del Dr. Juan Ferreira y de Fortuna Aldunate. Casado con Susana Sienra Burmester, tuvo tres hijos: Gonzalo, Silvia y Juan Raúl.

Infancia y adolescencia En Melo Wilson Ferreira Aldunate nació el 28 de enero de 1919, hijo de un apasionado dirigente del Partido Nacional, que lo inscribió en la localidad de Nico Pérez (dirigente nacionalista de antaño), en el Departamento de Florida, cuando en realidad, había nacido en la contigua localidad de José Batlle y Ordóñez (que fuera Presidente de la Junta Económico - Administrativa del entonces Departamento de Minas y en dos oportunidades Presidente de la República por el Partido Colorado). Wilson sostenía que su padre habría dicho que no permitiría que en la partida de nacimiento de uno de sus hijos figurara el nombre de un colorado. De pequeño, Ferreira había quedado deslumbrado por el pasaje por Melo de las milicias nacionalistas que habían combatido bajo órdenes del general Aparicio Saravia, caudillo del Partido Nacional. En el reportaje que filmó en 1987 Graziano Pascale, Ferreira relató la siguiente anécdota:

thumb|300px|Placa a la entrada de la Estancia de Wilson Ferreira en Rocha

La infancia en Melo transcurrió entre travesuras, correrías con su hermano y una severa formación preescolar alemana impartida por dos institutrices, Marie y Johann, resultado de la admiración que su padre sentía por Alemania, que entonces era el centro mundial de la ciencia médica. Eso le permitió a Ferreira dominar el idioma alemán. Las travesuras y su carácter pícaro e indomable fueron famosos. Una fue negarse rotundamente a ir a un colegio de monjas, aspiración a la cual su familia debió renunciar.

Asistió a la escuela N° 1 de 2° grado de Melo entre 1924 y 1929. Su escolaridad fue destacada. La familia conserva un cuaderno que le regalaron sus compañeros de clase cuando ganó un concurso departamental de redacciones, organizado por la Inspección de Primaria. El tema elegido por Ferreira fue: “La patria en el pasado, el presente y el futuro”, que motivó un extenso elogio escrito de Alembert Vaz, su compañero de banco. Cursó solamente dos años de enseñanza secundaria en Cerro Largo, ya que en 1933 la familia se mudó a Montevideo.

Ferreira tenía muy buen recuerdo de su infancia y, en su exilio, siempre recordaba las primaveras de su infancia y su adolescencia. Las identificaba con la felicidad completa. Recordaba sus colores, sus aromas, los pájaros, las flores, los paseos, los naranjales.

En Cerro Largo, nació también la amistad con el futuro doctor Enrique Martínez Moreno. En Melo, las casas de las familias de ambos lindaban en los fondos y ellos eran muy amigos. Andaban siempre juntos y era frecuente que alguno de los dos, por fastidiar a otro, le diera un empujón diciéndole: “Viva Batlle” y que el contrario hiciera lo mismo diciéndole “Viva Herrera”, siendo estas sus primeras discusiones políticas.

El mismo Martínez Moreno, habla sobre la infancia y la amistad que entabló con Ferreira:

En Montevideo En 1933 Ferreira y su familia se trasladaron a Montevideo y se instalaron en una casa ubicada en la calle Río Branco entre Soriano y Canelones. Allí los sorprendió el golpe de Estado de Gabriel Terra. La ruptura institucional precipitó el comienzo de la militancia política de Ferreira, que concurría al liceo Rodó, donde forjo su amistad entrañable con Arturo Ardao, Juan Carlos Bracco, Lincoln Bizzozero y Francisco Haedo.

Al desatarse una gran cantidad de campaña contra la dictadura, comenzaron a editarse unos periódicos clandestinos llamados “Jornada” y “Combate”. Ferreira era el encargado de transportar los ejemplares escondidos hasta los lugares de distribución. Eso le acarreó problemas con las autoridades y algún arresto. Fue entonces que tuvo que andar con unos pantalones largos que tuvo que pedir prestados para parecer mayor. Pronunció su primer discurso político en el Ateneo de Montevideo, ante una cantidad de personalidades en las que estaba Emilio Frugoni.

La distribución de los periódicos mencionados lo acercó a los grupos que se enucleaban en torno a Carlos Quijano. Militó en la ANDS (Órgano del Partido Nacional que estaba conduicido por Quijano) entre 1937 y 1942, escribiendo en Acción y luego en Marcha, que hasta 1958 fue un periódico afín al Partido Nacional.

En 1937 cuando se realizó en Durazno el Congreso de la Juventud Nacionalista Independiente, emergió la personalidad política de Ferreira con alcance nacional. En las elecciones de 1942, cuando el Partido Nacional Independiente llamó a abstenerse, se dice que pesó decisivamente la opinión de Ferreira.

En este período, además de los estudios y la militancia política y gremial, hubo otras dos instancias: el noviazgo con Susana Sienra Burmester y el desarrollo de una amplia cultura, acrecentada por la lectura de autores como Thomas Mann, Axel Munthe, Eça de Queiroz y Marcel Proust.

Una vez cursados los estudios preuniversitarios entre 1933 y 1936, ingresó a la Facultad de Derecho, donde fue secretario general de la Asociación de Estudiantes de Derecho.

Adultez El 2 de mayo de 1944 la ambulancia de la Asistencia Pública en la que era conducido el padre de Ferreira chocó y éste falleció como consecuencia del shock. Ferreira abandonó la carrera de Derecho, dejando la materia Legislación del Trabajo sin rendir examen. Comenzó a dedicarse con intensidad a las tareas del campo y a militar en política. Al principio se dedicó a la estancia paterna San Juan, ubicada en Rocha, que en 1968 fue dividida con su hermano Juan.

En diciembre de 1944 se casó con Susana Sienra y partieron de luna de miel a Bariloche, Argentina. Hasta 1953 vivieron en diversos apartamentos en el barrio montevideano de Pocitos. En 1953 se mudaron a una casa en el barrio de Carrasco.

En 1954 ingresó al Parlamento como suplente de Washington Beltrán Mullin por el término de seis meses. Trabajó activamente para las elecciones de 1954, pero entre 1955 y 1958 nunca ingresó a la Cámara. Se dedicó al campo y a introducir innovaciones, como praderas artificiales y experiencias en inseminación artificial, que fueron las primeras realizadas en el país.

En 1957 se le ofreció la diputación por Colonia, acompañando la campaña municipal de Carminillo Mederos, destacado dirigente del Movimiento de Rocha, que se había opuesto a la orientación conservadora de uno de sus fundadores, el doctor Alberto Gallinal Heber. Ferreira recorrió todo el departamento, acompañado de su familia.

En 1958 el Partido Nacional ganó las elecciones. Ferreira pasó a ocupar una banca en la Cámara de Diputados, por el departamento de Colonia. Cuatro años más tarde fue elegido senador, pero culminó ese año asumiendo como ministro de Ganadería y Agricultura. Durante su gestión creó la Comisión de Inversiones y Desarrollo Económico (CIDE), que realizó el primer diagnóstico integral de la sociedad uruguaya y formuló un proyecto de reforma agraria.

En 1959, a raíz de la muerte y el sepelio de Luis Alberto de Herrera, Ferreira escribió:

Ascenso de su liderazgo En 1962 el Partido Nacional volvió a ganar las elecciones. Este segundo gobierno no logró superar los problemas económicos del país. Se impulsó una política represiva frente al movimiento sindical y estudiantil que trajo consecuencias negativas. Dos de los puntos fuertes de dicho gobierno fueron la continuidad del plan de obras públicas iniciado por Luis Giannattasio en el gobierno anterior y el desempeño de Wilson Ferreira al frente del Ministerio de Ganadería y Agricultura. No es exagerado afirmar que allí comenzó el liderazgo político de Ferreira, que terminaría por erigirse en uno de los dirigentes máximos de la historia del Partido Nacional y en una personalidad política que llegó a gozar de general admiración.

Ferreira se mantuvo como titular del durante los cuatro años de gobierno y realizó un importante esfuerzo para conocer, modificar y modernizar el país agropecuario. Intentó aplicar el plan reformista de la CIDE y se rodeó de un equipo de técnicos jóvenes que eligió con total prescindencia de su filiación política. Entre ellos se encontraban Danilo Astori, Antonio Pérez, Lilián Serra, Martín Buxedas, Celia Barbato, Miguel Cetrángolo y el chileno Jesús González.

La colaboración del subsecretario del ministerio, Guillermo García Costa, tuvo también gran importancia. Se constituyó así el llamado CIDE Agropecuario, que inició un relevamiento completo de la situación del medio rural del país. A través de un convenio con la Facultad de Química, se confeccionó un mapa de suelos de todo el país; se realizó un relevamiento aerofotográfico de todo el territorio nacional, y sobre la base de ese conocimiento, se formuló un ambicioso plan de recuperar la estancada producción agropecuaria.

El plan tenía como objetivos, la expansión de las exportaciones y diversificación de las mismas con nuevos productos, sustitución de importaciones por intensificación de producción; redistribución del ingreso agropecuario; eliminación de latifundios y minifundios; régimen de seguridad para los productores propietarios de la tierra que explotan; creación de nuevas fuentes de trabajo y reducción del subempleo y la desocupación del campo a través de la intensificación de la ganadería y la agricultura, y conservación de los recursos naturales, dicho plan se tradujo en 7 leyes: de Semillas, de Forestación, de Conservación de suelos y aguas, de Fertilización, de Cooperativas, de Procedimientos y sanciones para infractores a las disposiciones sobre comercialización y la más importante y removedora de todas ellas: la Ley de Reforma de las Estructuras Agropecuarias, que entrañaba un cambio fundamental en ese decisivo campo específico. Su texto alertaba respecto a que de las 16.500.000 hectáreas productivas que poseía el país, 13.900.000 estaban afectadas por problemas de estructura -debido fundamentalmente a problemas derivados de la tenencia de la tierra- que impedían su debida explotación.

Establecía un impuesto a la baja producción y a la acumulación de tierras en manos de un solo propietario, que haría antieconómica la posesión de las mismas con fines especulativos; dicha medida fiscal podía llegar hasta el 80% del valor del fondo sobre el que se aplicaba. Se suponía que de esa manera 1.400.000 hectáreas de latifundio se subdividirían y se las pondría a producir. Se prescribía también que sólo las sociedades nominativas podrían ser propietarias de tierras. Este paquete de leyes estaba acompañado por otras medidas de fomento de la producción: el impuesto a la renta establecido por el gobierno anterior se empleaba para calcular el impuesto que pagarían los propietarios de tierra de acuerdo a términos presuntivos, de acuerdo a la rentabilidad media del país según la calidad del suelo. De esta forma, el propietario pagaba dicha imposición y se beneficiaba con todo lo que produjera por encima de la misma, lo cual volvía antieconómico poseer tierras improductivas

En 1966 fue reelecto senador. En ese período legislativo se impuso desde su banca como un defensor permanente de los derechos de los ciudadanos y fiscal implacable del gobierno de Jorge Pacheco Areco, al derribar a tres de sus ministros en legendarias interpelaciones parlamentarias.

Las Interpelaciones