Narciso Ibáñez Serrador (Montevideo, 4 de julio de 1935- Madrid, 7 de junio de 2019), más conocido como Chicho Ibáñez Serrador o Luis Peñafiel (el seudónimo con el que firmaba sus guiones), fue un director de cine y realizador de televisión, director teatral, actor y guionista uruguayo-español.
A lo largo de su vida, destacó por su contribución al cine fantástico y de terror en idioma español, así como por los numerosos programas que dirigió para Televisión Española, entre los que destacan Historias para no dormir, Historia de la frivolidad y Un, dos, tres... responda otra vez, entre otros. Era un reconocido admirador de Alfred Hitchcock, de quien intentó seguir sus pasos, según él mismo confesó.
Biografía Infancia y formación
Narciso Ibáñez Serrador nació en 1935 en Montevideo; fue el único hijo del matrimonio formado por el director y actor teatral Narciso Ibáñez Menta y la actriz Pepita Serrador. Por línea paterna era nieto de Narciso Ibáñez Cotanda y Consuelo Menta Ágreda, una pareja española que tenía una compañía de variedades, y que se trasladó a Argentina en la década de 1920. Pasó toda su infancia en América Latina acompañando a sus padres durante sus giras teatrales, y con 8 años realiza su primer papel doblando, para todo el mundo hispanohablante, al conejo Tambor en la película de Walt Disney Bambi.
Sus padres se divorciaron cuando él apenas contaba con cinco años, y aunque siempre mantuvo una buena relación con su padre, vivió con su madre, con la que se trasladó a España en 1947, para estudiar el bachillerato en los Hermanos de La Salle, en Salamanca.
Ibáñez Serrador estuvo marcado en su infancia por la púrpura hemorrágica, una enfermedad que le impedía jugar con otros niños y practicar deporte, lo que lo convirtió en un muchacho solitario. La profesión de sus padres aumentó aún más su aislamiento, pues solían ausentarse al estar frecuentemente de gira. Su única opción de compañía fueron los libros. Entre sus escritores favoritos se encontraban Edgar Allan Poe y Ray Bradbury, que luego tendrían una gran influencia en su producción televisiva; en el cine, su principal influencia sería Alfred Hitchcock.
Ibáñez Serrador recuerda a su madre como una mujer poco dada a las muestras de afecto, pero preocupada por su formación, que le introdujo en el mundo del teatro desde cero: primero como acomodador, luego como taquillero, posteriormente realizando algunos papeles, hasta finalmente llegar a realizador. También trabajó como actor, iniciándose en 1950 con un pequeño papel en Filomena Marturano, dirigida por Luis Mottura.
Sin embargo, a principio de los años 50 dejó de lado su incipiente carrera en el teatro y se marchó a Egipto, atraído por el país y por una chica que había conocido, donde sobrevivió seis meses realizando diferentes trabajos no cualificados.
Inicios profesionales (1957-1966)
La carrera profesional de Ibáñez Serrador se había iniciado escribiendo novelas radiofónicas y con el estreno teatral de su primera comedia Obsesión, que siempre firmaba bajo el pseudónimo “Luis Peñafiel”. No obstante, su despegue profesional tuvo lugar a su regreso a Argentina, donde empezó a trabajar en televisión de la mano de su padre, que en los años previos había desarrollado una firme carrera en el cine argentino. Aunque realizó algunos trabajos como actor, pronto se distinguió por sus guiones y adaptaciones, como los realizados para Teatro universal en un acto (1957). Tras estos inicios siguieron numerosos guiones televisivos, como Historias para mayores (1957, 1960), El fantasma de la ópera (1960) o Arsenio Lupin (1961), aunque sobre todo destacando su primera serie de terror, Obras maestras de terror (1960-1962), si bien el frenético ritmo de trabajo de la televisión argentina le fue desencantando, pues el producto final no poseía la calidad que le habría gustado. También destacó como un pionero de la ciencia ficción en la televisión con su serie Mañana puede ser verdad.
Finalmente regresó a España en 1963, con 28 años, dirigiéndose a TVE (que en aquellos años era la única cadena de televisión del país), y enseguida consiguió un trabajo al mostrar algunas de las producciones que había realizado en Argentina. Sus primeros trabajos mezclarían, de hecho, los dos mundos que conocía: el teatro y la televisión, y es que consistieron en adaptaciones de piezas clásicas para el programa Estudio 3 (1964). También realizó guiones de series La puerta cerrada (1964) y La historia de San Michele (1964), recuperando además la serie Mañana puede ser verdad (1965).
A su regreso a España también siguió vinculado al teatro, estrenando su obra Aprobado en castidad (que la censura obligó a renombrar como Aprobado en inocencia), que él mismo interpretó junto a su madre poco antes del fallecimiento de esta, sucedido en 1964 a causa del cáncer.
Historias para no dormir y el origen del Un, dos, tres (1966-1975)
El nombre de Ibáñez Serrador comenzó a ganar fuerza en TVE en 1966. Si en sus trabajos anteriores ya había demostrado su talento, fue a partir de este año cuando demostró todo su potencial con la serie Historias para no dormir, donde ofrecía relatos de terror que, independientemente de que dieran más o menos miedo, resultaron un revulsivo en la España de la dictadura. Y es que, pese a la censura, que vigilaba que los programas de televisión fuesen aptos para toda la familia, la capacidad de Ibáñez Serrador para sugerir sin mostrar permitió que las historias poseyeran una gran calidad. El programa llegaría a contar con tres temporadas y gozaría de numerosas reposiciones, y uno de sus capítulos, “El asfalto” (basado en un relato de Carlos Buiza) le valió Ibáñez Serrador ganar la Ninfa de Oro al mejor guion en el Festival de Televisión de Montecarlo de 1967; era el primer galardón internacional tanto del realizador como de la propia TVE.
Con un mayor reconocimiento por parte de la televisión pública, en 1967 realiza y escribe junto a Jaime de Armiñán el programa especial de humor Historia de la frivolidad, interpretado por Irene Gutiérrez Caba. En TVE se esperaba que el programa ganara nuevos premios internacionales y ayudase a blanquear la imagen de España, que seguía bajo un régimen dictatorial. Sin embargo, la censura se negó a su emisión, lo que suponía un problema: el programa no podía competir en el exterior si previamente no había aparecido en televisión, lo que se solucionó con una emisión sin anunciar y pasada la medianoche. Pese a ello, el éxito entre la crítica fue enorme y se convirtió en la producción más premiada de la historia de TVE, obteniendo la Ninfa de Oro (Montecarlo), la Rose d'Or (Suiza), la Targa d´Argento (Italia) e incluso el premio de la Asociación Católica Internacional.
El aumento de la popularidad de Ibáñez Serrador se hizo notorio, y buscó capitalizar dicho éxito con la fundación en 1970 PROINTEL S.L., la primera productora independiente de televisión creada en España, lo que le facilitaría la realización de sus proyectos.
Pese a estos éxitos en televisión, el realizador también encuentra tiempo para desarrollar otros proyectos alejados de la pequeña pantalla, dirigiendo la película de terror La residencia (1969) y estrenando la comedia teatral El agujerito. miniaturadeimagen|Ibáñez Serrador c. 1972 Con todo, su mayor éxito no iba a provenir ni del cine ni del teatro, sino nuevamente de la televisión, donde en 1972 desarrolla un concurso televisivo que revolucionará la pequeña pantalla española: el Un, dos, tres. La idea no partió de Ibáñez Serrador, sino de la propia TVE, que había recibido críticas por la escasez de contenidos culturales y quería que el premiado realizador ideara un espacio moderno pero que no chocase con la censura.
A Ibáñez Menta no le hizo mucha gracia que su hijo realizara un concurso televisivo: tras el éxito obtenido en los años previos, aquello le parecía un paso atrás. Es por eso que Ibáñez Serrador decidió que su nombre no apareciera en los créditos del programa, y solo cuando este demostró ser un éxito incluyó al inicio un curioso mensaje: “Y si algo falla el responsable es... Narciso Ibáñez Serrador”.
Era un programa que mezclaba el formato clásico de concurso televisivo con el espectáculo de variedades, dando lugar a un espacio donde cabía todo. De hecho, su principal característica era la capacidad de sorprender, tanto por su espectacularidad como por el hecho de que se produjeran giros inesperados, algo que no era común en el rígido modelo televisivo de aquellos años. El presentador era el peruano Kiko Ledgard, que iba acompañado por una serie de azafatas cuyo aspecto debían resultar atrayentes tanto al público masculino como al femenino, y todo ello sin despertar las iras de la censura, con la que el programa llegó a tener algunos problemas.
El éxito en Un, dos, tres... precipitó el ascenso de Ibáñez Serrador al cargo de Director de Programas de RTVE en 1974, aunque era un puesto de gestión que no casaba con su vocación, por lo que se limitó a poner fin a la figura del censor (a partir de ese momento los productores usarían el sentido común, no los dictados de un funcionario) y a las pocas semanas presentó su dimisión. Durante ese tiempo, compaginó el éxito de Un, dos, tres... con nuevas adaptaciones de novelas como El televisor, interpretada por su padre, o la serie radiofónica Historias para imaginar para Radio Nacional de España. En 1976 rodó la película de terror ¿Quién puede matar a un niño?, basada en la novela de Juan José Plans El juego de los niños, que fue estrenada internacionalmente, y que pese a no tener especial éxito en su momento, con los años iba ganando un público creciente, hasta convertirse en un título reverenciado.
Consolidación del Un, dos, tres (1976-1988) miniaturadeimagen|Mayra Gómez-Kemp presentadora de Un, dos, tres entre 1982 y 1988 Durante la Transición española, Ibáñez Serrador decidió volver con una segunda etapa del Un, dos, tres, que abarcaría de 1976 hasta 1978, y que volvería a contar con Kiko Ledgard al frente del programa. Se contó con un nuevo elenco de azafatas, entre las que se encontraba una joven Victoria Abril que aún no había hecho carrera en el cine. El programa, como en la etapa anterior, empleó a muchos humoristas desconocidos por el gran público, que alcanzaron notoriedad gracias a su participación en el este espacio.
Muchos de esos programas, como Mis terrores favoritos o una nueva temporada de Historias para no dormir, se emitieron en la segunda cadena de TVE, que por entonces cosechaba una audiencia menor.
De hecho, los problemas para continuar produciendo Historias para no dormir le hacen regresar con una nueva etapa del Un, dos, tres (1982-1988). En esta nueva andadura fue necesario buscar un sustituto para Ledgard, llegando a barajarse como presentador a un jovencísimo Emilio Aragón, si bien se terminó por elegir a una actriz que había aparecido varias veces en la etapa anterior del programa, Mayra Gómez Kemp, siendo la primera mujer en dirigir un programa de esas características. Entre los cambios también estuvo un nuevo papel para las azafatas, que perdieron el papel decorativo de etapas anteriores para participar más activamente en el programa. El mayor peso de las mujeres se vio incluso en los guiones, pues entre los guionistas no solo había nombres como Fernando León de Aranoa o Joaquim Oristrell, sino que también se hallaba a Emma Ozores.
Esta versión del Un, dos, tres consiguió en sus mejores momentos 24 millones de espectadores en un país donde habitaban 37 millones de personas. Su éxito animó a que se exportase al extranjero, instalándose en países como Portugal (llamado Um, dois, três, duró de 1984 hasta 2004), Países Bajos (De 1-2-3 show, 1983-1986) o Alemania (Die verflixte sieben, 1984-1987). En Reino Unido (Three, Two, One, 1978-1988) atraía a 12 millones de espectadores semanalmente.
Nuevos proyectos: Waku Waku, Hablemos de sexo y El semáforo (1989-2002)