La Gioconda o Mona Lisa del taller de Leonardo da Vinci, también conocida como «La Gioconda del Prado», es una pintura realizada al óleo sobre tabla de nogal, entre 1503 y 1519,Fecha figurativa en la ficha técnica del Museo del Prado. González Mozo, bajo la edición de Delieuvin (2012), sitúa la fecha de finalización tres años antes, en 1516. y conservada desde 1819 en el Museo del Prado de Madrid (España). La obra repite, de manera muy precisa, el cuadro de La Gioconda, obra maestra de Leonardo y conservado en el Museo del Louvre de París (Francia). De las numerosas copias existentes de la obra, esta tabla es considerada la versión más temprana de las conocidas hasta la fecha. Además, presenta la peculiaridad de haber sido realizada de forma simultánea al original por uno de los alumnos del maestro, siguiendo el mismo proceso de elaboración y bajo la supervisión del propio Leonardo, aunque en su ejecución material los estudios técnicos no han encontrado señales que indiquen una posible participación del maestro.González Mozo (2021), p. 100.
La primera referencia segura a esta obra en España es la que hizo en el el historiador Antonio Ponz en su Viage de España, aunque su entrada al país, y en particular a las colecciones reales españolas, debió de producirse tiempo atrás, puesto que parece que en las primeras décadas del ya se encontraba en España.Delieuvin (2012), catálogo de la exposición, ficha nº 77, Taller de Leonardo, La Gioconda, hacia 1503-1516 firmada por Ana González Mozo, p. 234. Probablemente se trate de la «muger de mano de Leonardo Abince» inventariada en 1666 en la Galería del Mediodía del desaparecido Real Alcázar de Madrid. Habitualmente expuesta en el Prado desde su llegada en el primer tercio del , la obra fue sometida a un proceso de estudio, limpieza y restauración a partir de 2010 ante una petición de préstamo para la exposición temporal, La Sainte Anne, l'ultime chef-d'œuvre de Léonard de Vinci (La Santa Ana, la última obra maestra de Leonardo da Vinci), que se inauguró a finales de marzo de 2012 en el Louvre. Este proceso consistió en un examen técnico estándar a la que fue sometida, que incluyó reflectografía infrarroja,La reflectografía infrarroja puede revelar el dibujo subyacente del carbón o grafito bajo las capas de pintura, ya que la radiación infrarroja es absorbida por el carbón pero no por las capas de pintura. radiografía, fluorescencia inducida con luz ultravioleta e inspección con lupa binocular. La reflectografía y el examen de la superficie de la tabla con luz rasante revelaron la presencia de un paisaje debajo del fondo oscuro que rodeaba la figura. Se comparó la reflectografía con la que se había sacado en 2004 del cuadro del maestro y se comprobó que el dibujo subyacente es similar en ambas obras y que las correcciones que aparecen en la pintura original se repiten una por una en la copia.
Gracias a este estudio técnico y restauración, se pudo recuperar su aspecto original, así como su importancia histórico-artística, ya que hoy en día se considera la versión más importante de La Gioconda, así como uno de los testimonios más importantes de las prácticas del taller de Leonardo. El conservador del Museo del Prado, Miguel Falomir Faus, afirmaba en la guía de pintura italiana del Renacimiento del museo que: «sea quien fuere, se trata de un pintor discreto responsable de las imperfecciones anatómicas presentes en la copia y ausentes en el original, como el deficiente tratamiento del pecho de la modelo. Es además un pintor técnica y estéticamente alejado de Leonardo [...]. Poseedor de una caligrafía minuciosa, desconoce el "sfumato" leonardesco, como se percibe en el modo de aplicar el color, sin matices y en superficies limitadas por gruesas líneas negras». Tras el redescubrimiento del paisaje del fondo, añadió: «esto está ejecutado por un pintor que es de una pincelada, una caligrafía, mucho más lineal, mucho más compacta, y que no tiene nada que ver con el sfumato del Leonardo maduro. La ventaja que tiene es que evidentemente el cuadro tiene menos calidad, tiene menos misterio, pero se pueden percibir elementos que en el otro están apenas sugeridos».
Su estado de conservación es mucho mejor que el de la obra del Louvre, influido por la naturaleza de la tabla de mejor calidad.La copia de La Gioconda del Museo del Prado está pintada en madera de nogal con un grosor de 18 mm, a diferencia de La Gioconda del Leonardo, pintada sobre madera de chopo, de inferior calidad y de 13 mm de grosor.Según palabras de Almudena Sánchez Martín, restauradora del Museo del Prado: «el nogal es una de las maderas de mayor calidad, una madera cara, que no la utilizaban muchos pintores, nada más que los que podían permitírselo, y ha demostrado a lo largo de 500 años la gran estabilidad que tiene esta madera con el paso del tiempo». Su aspecto más limpio y su ejecución mucho más nítida permiten obtener información sobre el paisaje del fondo y sobre detalles de elementos poco visibles en el cuadro de París: el color pelirrojo del cabello, el vestido, el velo, la silla, o las columnas, entre otros. La tabla de tan buena calidad suscita interrogantes sobre la identidad del comitente; incluso se ha creído que fue la obra del Prado la que Leonardo entregó a Lisa Gherardini y a su esposo, Francesco del Giocondo, como el retrato original, mientras él seguía buscando la perfección en su obra. Asimismo, la Mona Lisa de Madrid está realizada con materiales muy nobles, como el lapislázuli e incluso con laca roja, lo que sugiere que debió de tratarse de algún encargo importante.Delieuvin (2012), catálogo de la exposición, ficha n.º 77, Taller de Leonardo, La Gioconda, hacia 1503-1516 firmada por Ana González Mozo, p. 235. En cualquier caso, por su ejecución esmerada y factura muy cuidada, la obra del Prado no puede ser considerada como una simple y rutinaria copia de taller, a pesar de las diferentes calidades entre la original y esta, la cual, no obstante, presenta la singularidad de no intentar hacerse pasar por La Gioconda del maestro.
Sobre la autoría, se ha asegurado que la obra de Madrid fue realizada por alguno de los alumnos más aventajados y próximos a Leonardo, quizá Francesco Melzi o Salai, herederos de su obra artística y quienes tenían acceso directo a su fondo de paisajes; si bien, reconocidos expertos italianos apuntan a un discípulo español, acaso Fernando Yáñez de la Almedina o Fernando Llanos, pintores activos en el ámbito valenciano que colaboraron con Leonardo en Florencia. Los estudios técnicos indican que soporte, preparación, dibujo subyacente y aplicación de la capa de pintura son idénticos en esta copia de la Gioconda y la llamada versión Ganay del Salvator Mundi,González Mozo (2021), p. 110. lo que indica, inequívocamente, que ambos cuadros fueron pintados por el mismo artista, que probablemente lo fuese también de la versión Landsowne de la Virgen del huso, con la que se relacionan estrechamente en la forma de aplicar la materia pictórica.Delieuvin, Vincent, «Leonardo da Vinci, ¡entonces, ahora y siempre!» en González Mozo (2021), p. 35.
Historia
thumb|220px|La Gioconda original, de Leonardo (1503-1519). París, Museo del Louvre. Se desconocen los orígenes de La Gioconda del Museo del Prado, aunque están directamente relacionados con los de su gemela del Louvre, puesto que está probado que ambas fueron pintadas al mismo tiempo. Sin embargo, se desconoce cuándo entró en las colecciones reales españolas, aunque se cree que la obra ya se encontraba en España desde las primeras décadas del . Se ha sugerido que pudo traerla al país el escultor Pompeo Leoni, quien poseía valiosas obras sobre papel de Leonardo, entre ellas, los Códices Madrid I y II, que se trajo de Italia y que actualmente se encuentran en la Biblioteca Nacional de España; pero faltan pruebas documentales que apoyen esta hipótesis. Junto con cientos de obras de propiedad real, pasó al Prado en su etapa fundacional y consta allí desde la apertura del museo en 1819.
Referencias anteriores al Museo del Prado y en sus primeros años en el museo
Hay varias referencias donde aparece la obra antes de que fuera destinada al Museo del Prado, cuando aún era propiedad real. La primera de ellas se cree que puede estar en el inventario de 1666 del Real Alcázar de Madrid, redactado tras la muerte del rey Felipe IV. Es muy probable que la obra se corresponda con la pintura que aparece reflejada con el número 588 en la Galería del Mediodía, concretamente en la zona baja, denominada «Galería de Retratos» por el número de estos reunidos allí:
De forma semejante, se cita en el inventario de 1686, sin número a identificar, pero en el mismo lugar:
En el inventario de 1700 también continúa en el mismo lugar con el número 76 y estimadamente evaluada en 200 ducados. Afortunadamente, esta Gioconda logró salvarse del incendio que asoló el Alcázar de Madrid en 1734 y que destruyó, aproximadamente, más de 500 pinturas de las colecciones reales, entre las que se encontraban siete obras atribuidas al propio Leonardo. Pasó inmediatamente al recién levantado Palacio de Oriente, donde se cita en el inventario de 1747 con el número 195:
En el inventario de 1772 aparece con el mismo número y tamaño, pero localizada en el «Paso de Tribuna y Trascuartos». También aparece en 1793 citada por el historiador ilustrado Antonio Ponz en su Viage de España (volumen VI, pág. 44) como obra de Leonardo; se encontraba en uno de los gabinetes reales de la Princesa:
En el inventario de 1789 aparece con el mismo tamaño, pero valorada en 4000 reales y localizada en la «Pieza del Tocador». Posiblemente continúa en el Palacio de Oriente hasta su traslado al Museo del Prado por real orden en 1819. En el inventario de 1814 se cita una pintura que se encuentra en la «Habitación del Mayordomo Mayor» con la siguiente descripción:
En 1830 hay una mención a la pintura en una carta enviada desde España al director de la Revue de Paris por el francés Prosper Mérimée, en la que le habla de su visita al Museo del Prado. En un párrafo le comenta:
Finalmente, en el testamento del rey Fernando VII, publicado en octubre de 1833 (más sumario y descuidado), queda recogida en la segunda división de la «Gran Galería del Medio» (Sala de la reina Isabel II) del «Museo Real de Pinturas» de Madrid —actual Museo Nacional del Prado— con el número 393 y por primera vez se identifica como La Gioconda:
Redescubrimiento de su aspecto original
thumb|220px|Aspecto de la copia anterior a la restauración, con el fondo cubierto por el repinte oscuro. Esta copia es una obra tradicionalmente estimada en el Prado que, ya durante los siglos y , estaba habitualmente colgada en las salas del museo, al lado de obras maestras de Rafael, Andrea del Sarto o de La Anunciación de Fra Angelico. No eran pocos los visitantes que preguntaban por su ubicación en las salas del museo a los empleados de la institución; e, incluso, cuando por alguna circunstancia se había guardado, llegaban al museo cartas preguntando por el paradero de la Mona Lisa del Prado. Prueba del interés que siempre ha despertado son las reproducciones realizadas por copistas a lo largo de toda la historia de la institución. Asimismo, se conserva una litografía de esta obra, realizada por el pintor y litógrafo Gaspar Sensi entre 1826 y 1837, que quedó integrada en la Colección litográfica de cuadros del rey de España, un volumen que reunía la colección de cuadros del rey Fernando VII que se encontraban en el «Museo Real de Pinturas», para de este modo contribuir al esplendor del trono, así como a la difusión del gusto y las bellas artes.