La historia del Partido Socialista Obrero Español comienza con la fundación del partido en el bar-restaurante Casa Labra de Madrid el 2 de mayo de 1879 por un grupo de trabajadores e intelectuales, encabezados por el tipógrafo Pablo Iglesias Posse. Durante sus cerca de ciento cincuenta años de existencia ha sido (y es) uno de los principales protagonistas de la vida política española. En la actualidad su secretario general Pedro Sánchez es el presidente del Gobierno de España.

Primeros años

thumb|Bar Casa Labra, lugar de fundación del PSOE. El Partido Socialista Obrero Español se fundó clandestinamente en la madrileña taberna Casa Labra de Madrid, el 2 de mayo de 1879, en torno a 25 personas: 16 tipógrafos, cuatro médicos, un doctor en ciencias, dos joyeros, un marmolista y un zapatero. Encabezados por Pablo Iglesias, con lo que es el partido político más antiguo de España con funcionamiento ininterrumpido hasta la actualidad.

El primer programa del nuevo partido político fue aprobado en una asamblea de 40 personas, el 20 de julio de ese mismo año. Como partido obrero y de clase, el PSOE se adhirió a la II Internacional, que agrupaba a los partidos socialistas marxistas hasta su colapso ante la Primera Guerra Mundial. thumb|left|Pablo Iglesias, líder y fundador de UGT y del PSOE. El PSOE fue el segundo partido socialista y obrero que se fundó en el mundo (sólo el Partido Socialdemócrata de Alemania, SPD, se había fundado con anterioridad), celebrando su primer congreso en Barcelona en 1888. En dicho congreso se planteó una estrategia de lucha de clases. Durante el mismo Pablo Iglesias afirmó que «la actitud del Partido Socialista Obrero con los partidos burgueses, llámense como se llamen, no puede ni debe ser conciliadora ni benévola, sino de guerra constante y ruda». Pocos días antes se había celebrado el Congreso Obrero de Barcelona de 1888 que dio nacimiento al sindicato hermano Unión General de Trabajadores (UGT).

En el Segundo Congreso del partido, celebrado en Bilbao en 1890, se decide la participación en las elecciones, aunque no se logró representación parlamentaria hasta el 8 de mayo de 1910, cuando la Conjunción Republicano-Socialista permitió a Pablo Iglesias obtener 40 899 sufragios y el escaño de diputado a Cortes. Fue reelegido en 1914, en vísperas del asesinato de Jean Jaurés, con 21 956 sufragios, esta vez presentándose por Oviedo. El 9 de abril de 1916 repitió escaño con 18 054 sufragios. No sería hasta el 24 de febrero de 1918 tras la huelga general de 1917 que Iglesias, que obtuvo 27 694 votos, en que estuvo acompañado por primera vez por otros socialistas: Julián Besteiro, Andrés Saborit, Francisco Largo Caballero, Daniel Anguiano e Indalecio Prieto, miembros encarcelados del comité de huelga. thumb|Casa del Pueblo de La Arboleda (Vizcaya), fundada en 1888. En enero de 1904, después de las elecciones municipales de 1903, fue elegido el primer alcalde socialista de la historia de España, José Herrero, en la población agrícola de Urones de Castroponce (Valladolid).

Crisis de las Internacionales: escisión comunista (1919-1921) Como todos los partidos socialistas marxistas europeos, el PSOE se vio sacudido por la llamada crisis de las Internacionales, que separó a comunistas y socialistas en partidos diferentes y enfrentados entre sí. En 1919, el Congreso del PSOE estudió la posibilidad de abandonar la II Internacional (socialista) e integrarse en nueva Internacional Comunista, o III Internacional, abanderada por el Partido Comunista Ruso.

La reacción inicial de los socialistas españoles ante la Revolución de octubre de 1917 en Rusia fue de mayor cautela que el entusiasmo que manifestaron, por ejemplo, los anarquistas de la CNT, aunque en las manifestaciones públicas no dejaron de elogiar la revolución y muchos mítines acababan con vivas a ella. En agosto de 1918 apareció la revista Nuestra Palabra impulsada por Mariano García Cortés y por Ramón Lamoneda, en torno de la cual se agruparon los socialistas partidarios de la revolución bolchevique frente a la línea oficial del partido más escéptica, encabezada por Pablo Iglesias, Francisco Largo Caballero y Julián Besteiro. En el XI Congreso del PSOE celebrado en noviembre de 1918 -como en el XIII Congreso de UGT del mes anterior- no se pasó de la aprobación de una declaración de apoyo al "régimen de los soviets". Meses después, en febrero de 1919, se celebraba en Berna la Conferencia de la Segunda Internacional, a la que asistió una delegación del PSOE encabezada por Julián Besteiro, en la que, después de elogiar la "Revolución de Octubre", se aprobó reconstruir -y reformar a fondo- la vieja internacional que los bolcheviques habían abandonado, ratificando así su apuesta por la vía reformista -revisionista, la llamarán los marxistas más ortodoxos y los bolcheviques- que respetaba las reglas de la democracia liberal,En la Conferencia de Berna de febrero de 1919 se había aprobado que "las instituciones que constituyen la democracia -libertad de palabra y de prensa, derecho de reunión, sufragio universal, un gobierno responsable ante el parlamento...- brindan también a la clase trabajadora los medios para llevar a cabo la lucha de clases" (Aróstegui, pág. 155) frente a la vía revolucionaria apoyada en la dictadura del proletariado. La respuesta de Lenin fue convocar en Moscú para el mes siguiente una reunión de los dirigentes socialistas contrarios a la resolución de la Conferencia de Berna, de la que nacería la Tercera Internacional o Internacional Comunista.Los bolcheviques cambiaron el nombre de su partido -el Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (bolchevique) [POSDR(b)] por el de Partido Comunista Ruso (bolchevique) [PCR(b)]-, que tras el nacimiento de la Unión Soviética pasaría a llamarse, Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS). Así a partir de 1919 el término "socialista" o "socialdemócrata" se aplicaría a los miembros de los partidos que siguieron unidos a la Segunda Internacional reconstruida en Viena, y conocida en el lenguaje corriente como "Segunda internacional y media" o "Internacional dos y media", y el término "comunista" a los integrados en la Tercera Internacional.

La primera iniciativa para que el PSOE se adhiriera a la Tercera Internacional la presentó en septiembre de 1919 la Agrupación Socialista Madrileña, a pesar de estar presidida por el "reformista" Francisco Largo Caballero, lo que obligó, dado el peso que tenía esta agrupación, a celebrar un Congreso Extraordinario entre los días 10 y 15 de diciembre de 1919. La resolución "salomónica" que salió del Congreso intentó no romper el partido, pues por un lado se aprobó la permanencia en la Segunda Internacional y por otro que el partido trabajara a favor de la unificación de las dos Internacionales. Sin embargo, las Juventudes Socialistas (JJ SS), que celebraron su V Congreso a continuación donde prevalecieron las tesis "terceristas", retaron a sus mayores y aprobaron la adhesión a Internacional Comunista. Un grupo de las JJ SS decidió romper completamente con el PSOE y creó el Partido Comunista Español en abril del año siguiente. thumb|left| Fotografía de los líderes que participaron en el II Congreso de la Tercera Internacional de 1920, con Lenin delante, en el que se aprobaron las 21 condiciones para el acceso a la misma En junio de 1920 se celebró un segundo Congreso Extraordinario del PSOE en el que los "terceristas" estaban ya en mayoría por lo que se acordó adherirse, aunque de forma provisional y con condiciones, a la Internacional Comunista -en cambio en el XIV Congreso de UGT que se celebró casi por las mismas fechas se acordó permanecer en la Federación Sindical Internacional por lo que no se adhirió a la Internacional Sindical Roja o Profintern creada en Moscú poco después como la rama sindical de la Tercera Internacional, y salieron de la Comisión Ejecutiva los "terceristas" por lo que se reforzó la posición de su secretario general Largo Caballero, respaldado por Pablo Iglesias y Julián Besteiro, presidente y vicepresidente del sindicato, respectivamente-. Cuando la Tercera Internacional dio a conocer en agosto de 1920 las "21 condiciones" para el ingreso en la misma de los partidos socialistas, se reabrió el debate en el seno del PSOE. Así se encargó a Daniel Anguiano, por los "terceristas", y a Fernando de los Ríos, representando a sus contrarios, que viajaran en octubre de 1920 a Moscú para conocer de primera mano la situación existente en el "país de los soviets".

Tras la vuelta de Anguiano y de De los Ríos de Rusia, se celebró a principios de abril de 1921 un tercer Congreso Extraordinario del PSOE en el que el principal asunto a debate fue la aceptación o no de las "21 condiciones". Según el historiador Julio Aróstegui, "fue, como cabe suponer, una de las más importantes asambleas celebradas por el socialismo español en el siglo XX". Durante las sesiones De los Ríos presentó un informe absolutamente desfavorable sobre lo que había visto en Rusia y recomendó que el PSOE continuara en la Segunda Internacional reconstruida en Viena, y que era llamada en el lenguaje corriente "Internacional dos y media". Por el contrario Anguiano defendió la adhesión a la Tercera Internacional. Largo Caballero, tras autodefinirse como "reformista" -lo que supondría su expulsión del partido porque una de las "21 condiciones" establecía que los partidos adheridos no debían tener en sus filas elementos "reformistas"-, intervino para «señalar los peligros que para el Partido y la organización obrera representaría la aceptación de las famosas 21 condiciones», añadiendo a continuación que «aprobar las 21 condiciones significa colocar al Partido frente a la Unión General», pues esta había decidido permanecer dentro de la Federación Sindical Internacional -o sindical de Ámsterdam-, a la que la Internacional Comunista le había declarado la guerra. Finalmente, tras un último discurso de Julián Besteiro en contra también de la aceptación de las "21 condiciones" que resultó decisivo, el Congreso aprobó la no adhesión a la III Internacional.

El mismo día de la clausura del tercer Congreso Extraordinario, el 13 de abril de 1921, los "terceristas" abandonaron el PSOE y fundaron el Partido Comunista Obrero Español, con Manuel Núñez de Arenas como secretario general. Este partido se fusionó después con el Partido Comunista Español, surgido de la escisión de las Juventudes Socialistas, naciendo así el Partido Comunista de España, único partido español adherido a la Tercera Internacional o Komintern.

Colaboración con la dictadura de Primo de Rivera y fractura subsecuente (1923-1930)

El PSOE fue el único partido al que se le permitió permanecer en la legalidad durante la dictadura del General Miguel Primo de Rivera pero se produjo una división en el seno del mismo ante la actitud que debía mantenerse frente al régimen militar. Por un lado Largo Caballero y Andrés Saborit eran partidarios de una cierta colaboración para permitir el funcionamiento del sindicato, mientras que Indalecio Prieto y Fernando de los Ríos eran contrarios a esa colaboración. La crisis culminó con la dimisión de la Comisión Ejecutiva de Prieto tras el nombramiento de Largo Caballero como miembro del Consejo de Estado reformado y ampliado por Primo de Rivera para dar cabida a una representación de los trabajadores y de los patronos.