Los Azules y Colorados o la guerra entre Azules y Colorados es el nombre con el que es conocido en la historia de Argentina una serie de enfrentamientos armados entre dos facciones de las Fuerzas Armadas argentinas, en septiembre de 1962 y abril de 1963, durante la presidencia de José María Guido, surgida como consecuencia del golpe de Estado del 29 de marzo de 1962. Los "Colorados" eran abiertamente antiperonistas y postulaban la intervención militar en la vida política, mientras que los "Azules" abogaban por una postura "profesionalista", enfocada en mantener el orden y la disciplina militar. Los enfrentamientos dirimieron la lucha interna abierta en las fuerzas armadas en los años posteriores al golpe de Estado cívico-militar de 1955 que derrocó al segundo gobierno de Juan Domingo Perón, para definir el perfil y la ubicación que los militares debían tener en la organización política argentina.
Ambos grupos compartían la alineación de Argentina con Estados Unidos en la Guerra Fría y la necesidad de combatir al comunismo, pero discrepaban sobre la actitud a tomar con el peronismo y con el perfil profesional que debían tener las fuerzas armadas sobre la política de aquella época. Los azules proponían una integración limitada del peronismo a la vida política argentina y unas Fuerzas Armadas con alto grado de autonomía y unificadas mediante una estricta cadena de mandos. Los colorados equiparaban al peronismo con el comunismo, abogando por erradicar a ambos completamente, y se caracterizaban por una mayor politización de los militares y un funcionamiento interno deliberativo. Hacia 1962, cada bando luchaba para lograr el control sobre el conjunto de las Fuerzas Armadas y, de ese modo, estar en condiciones de ejercer la tutela sobre el gobierno y establecer el rumbo que debía seguir la política nacional. Políticamente, los radicales del pueblo (balbinistas) estaban más cerca de los colorados, mientras que los radicales intransigentes (frondizistas) estaban más cerca de los azules. Los combates contaron con la participación de comandos civiles, principalmente en el bando Colorado.
Las denominaciones de «Azules y Colorados» aparecieron en el curso de los combates de septiembre de 1962 y tienen su origen en la terminología empleada históricamente en el estudio de la ciencia militar, para designar a los dos bandos “hipotéticos” que se enfrentan en una guerra simulada.
La confrontación entre ambos grupos se expresó en varios episodios y dos enfrentamientos armados, el primero sucedido entre el 16 de septiembre y el 18 de septiembre de 1962, y el segundo entre el 2 y el 5 de abril de 1963. En los legajos militares consta la muerte de 24 combatientes en ambos bandos, mientras 87 resultaron heridos, todos ellos en el segundo enfrentamiento. Testigos presenciales dieron cuenta de la existencia de varios muertos y heridos adicionales en ambos enfrentamientos, la mayoría de ellos civiles, nunca oficializados. Los combates de abril establecieron la victoria del bando Azul, dominado por los jefes del Arma de Caballería y el liderazgo del general Juan Carlos Onganía, sobre el conjunto de las Fuerzas Armadas y los sectores civiles y eclesiásticos que apoyaban el llamado «Partido Militar». Tres años después, Onganía impondría la primera dictadura cívico-militar de carácter permanente de la historia argentina.
Antecedentes La cuestión del peronismo Luego del golpe de Estado cívico-militar que derrocó al gobierno constitucional de Juan D. Perón, las fuerzas políticas y militares se dividieron entre aquellas que buscaban "integrar" al peronismo en la vida política nacional y aquellas que rechazaban toda integración, exigiendo su prohibición. miniaturadeimagen|Revista Mundo Peronista, prohibida durante la dictadura autodenominada Revolución Libertadora. Entre 1943 y 1945 surgió en la sociedad argentina una corriente política que adoptaría el nombre de peronismo, que se caracterizó por una amplia base popular y obrera, esta última organizada sindicalmente, que impulsó un proceso de industrialización, redistribución de la riqueza y ampliación de los derechos sociales y las clases medias, a partir de la intervención activa del Estado. El Partido Peronista, con la candidatura de Juan D. Perón, ganó con amplio apoyo dos elecciones presidenciales consecutivas en 1946 y 1951 y fue derrocado en 1955 por un golpe de Estado que impuso la dictadura cívico-militar autodenominada Revolución Libertadora, precedida por una masacre causada por el bombardeo de Plaza de Mayo.
Desde el momento mismo en que Perón fue derrocado, los golpistas y sus partidarios comenzaron a discutir cuál debía ser la postura a adoptar frente al peronismo, surgiendo en todos los ámbitos dos sectores diferenciados, un sector "duro" antiperonista, también conocidos como "gorilas" o "anti-integracionistas", que quería erradicar al peronismo, y por otro lado había un sector "integrador", también conocidos como "legalistas", que admitía la integración del peronismo en la vida política argentina, con variantes en el grado de integración, principalmente alrededor de la posibilidad de permitir o no permitir que Perón pudiera volver a presentar su candidatura. El diferente enfoque frente al peronismo provocó la división interna de los principales actores políticos. Esto sucedió tanto en la Unión Cívica Radical (Frondizi y Balbín) y el Partido Socialista (Palacios y Américo Ghioldi). En las Fuerzas Armadas, la división entre ambas tendencias ubicó a la Marina y al arma de Ingenieros del Ejército, predominantemente en el bando anti-integracionista, mientras que en el arma de Caballería del Ejército se concentraban los legalistas. Entre las provincias, Córdoba se destacaba por el "sentimiento antiperonista exacerbado" de amplios sectores civiles y militares.
Guerra Fría y guerra contrarrevolucionaria thumb|250px|Durante la Guerra Fría, Estados Unidos intervino activamente en la política latinoamericana para alinear al continente contra el comunismo. A partir del año 1956 militares argentinos y franceses provenientes de Estados Unidos y Francia comenzaron a dictar clases en la Escuela Superior de Guerra sobre guerra revolucionaria. El nuevo enfoques comenzó a modificar el paradigma de la Segunda Guerra Mundial que hasta ese momento había predominado en el Ejército Argentino para orientarse hacia la preocupación por una «guerra contrarrevolucionaria» y por la guerra atómica, que ya estaba conformando un mundo bipolar enfrentado en una Guerra Fría.
Francia había perdido sus colonias en Vietnam luego de la traumática derrota en la batalla de Dien Bien Phu —1954— y estaba desarrollando los nuevos conceptos de la guerra contrarrevolucionaria para aplicarlos en la guerra de Independencia de Argelia (1954-1962), que ponían el acento en el uso de la tortura para obtener información, con una fuerte invocación al fundamentalismo católico. La llamada Escuela Francesa comenzó a difundirse entre las Fuerzas Armadas argentinas, aún antes que en Estados Unidos, al punto que el primer curso de guerra contrarrevolucionario se hizo en Argentina en 1961 y fue inaugurado por el presidente Frondizi.
En ese contexto, en un mundo dividido en comunistas y anticomunistas, se plantea en el seno de las Fuerzas Armadas la existencia de un «enemigo interno», que en el caso de la Argentina era el peronismo, a través del cual podía ingresar el comunismo a la Argentina. Estas ideas, con el asesoramiento de los militares franceses, van a originar el Plan Conintes que aprobaría Frondizi en 1959.
Entre los profesores que se destacaban por entonces en la ESG se encontraba el general Osiris Villegas, autor del libro Guerra revolucionaria comunista (1963), el primero publicado sobre este tema, y el abogado Mariano Grondona.
Politización y profesionalismo de las Fuerzas Armadas thumb|250px|La Segunda Guerra Mundial y las nuevas confrontaciones de la Guerra Fría causaron la obsolescencia de armas enteras, como la Caballería, afectando los equilibrios internos en las Fuerzas Armadas.
La fuerte definición antiperonista que impusieron Aramburu y Rojas a la Revolución Libertadora, tuvo el efecto de introducir la política en los cuarteles. Los capitanes y los tenientes discutían las líneas políticas de la dictadura de igual a igual con sus superiores. El resultado fue la disolución de la jerarquía militar y la generación de conflictos permanentes, que fueron visibles durante todo el gobierno de Frondizi. En algún momento los generales llegaron a votar entre ellos para designar al secretario de Guerra.
Algunos sectores militares comienzan entonces a cuestionar la politización de las Fuerzas Armadas, como una situación que amenazaba su misma existencia, además de volverlas vulnerables a la infiltración. Poco a poco, durante el gobierno de Frondizi, los militares se fueron agrupando en un bando más politizado y abiertamente antiperonista, y otro bando más partidario de un perfil profesionalista, que también adoptó por entonces el mote de «legalistas», que proponía un menor compromiso con los vaivenes de las fuerzas políticas.
Simultáneamente, luego de la Segunda Guerra Mundial, las Fuerzas Armadas argentinas estaban en pleno proceso de cambio, principalmente en el Ejército, a raíz de la desaparición del uso de la caballería en la guerra y las transformaciones estructurales que imponía la mecanización y el uso de tanques y blindados. Esto afectaba la organización del Ejército en cinco armas principales y el equilibrio entre las mismas: Caballería, Infantería, Artillería, Ingenieros y Comunicaciones. La creación de una tercera fuerza armada en 1945, la Fuerza Aérea Argentina, fue parte de ese proceso de cambio y alteración de los equilibrios internos del sector militar.
Las transformaciones técnicas influyeron en los equilibrios políticos dentro de las Fuerzas Armadas. La Marina había mostrado un perfil antiperonista homogéneo y emergió como la Fuerza victoriosa del golpe de Estado que derrocó al gobierno liderado por Perón. En el Ejército, por el contrario, solo el arma de Caballería mostraba una fuerte tendencia antiperonista. Pero la Caballería se vio muy afectada, cuando lideró el intento de golpe de Estado de 1951, que fue derrotado y sancionado con la baja, prisión y exilio de la mayoría de sus oficiales.
El debilitamiento técnico y político del Arma de Caballería, permitió que la Armada Argentina adquiriera más poder dentro de las Fuerzas Armadas, en perjuicio del Ejército. La situación de crisis interna del Ejército se agravó más aún luego del derrocamiento de Perón en 1955, debido a que la mayoría de los altos oficiales fueron dados de baja, por presión de sus subordinados, a la vez que los oficiales golpistas de 1951, definidos elogiosamente como «antiperonistas antiguos», fueron reintegrados al Ejército. El 75 % de los generales de división y de los generales de brigada fueron dados de baja. En ese proceso de bajas fue el Arma de Infantería la más perjudicada, ya que sus mandos dados de baja casi no fueron reemplazados.
Finalmente, en esos años y en esas «condiciones de confusión doctrinaria y crisis de roles en las armas tradicionales, comenzó a desarrollarse el proceso de formación de las fuerzas blindadas», en el cual los militares del Arma de Caballería se fueron inclinando por el tanque, mientras que los infantes se fueron inclinando por el vehículo semioruga, de transporte de personas. Quién sería jefe de los azules, el general Onganía, pertenecía precisamente a la Caballería y hacía referencia al atraso en que se encontraba el Ejército en esos años, contando que en 1959 su comandante le dijo que «antes que la caballería abandone el caballo me pego un tiro…».
Con respecto al impacto de estos procesos en los enfrentamientos entre azules y colorados, dice el historiador Fabián Brown:
Aramburu y Rojas