El Alfonso XIII fue el segundo de tres acorazados tipo dreadnought de la clase España construidos en la década de 1910 para la Armada Española. Nombrado en honor al rey Alfonso XIII de España, el barco no se completó hasta 1915 debido a la escasez de materiales que resultó del inicio de la Primera Guerra Mundial el año anterior. La clase España recibió la orden como parte de un programa de construcción naval de reconstruir la flota después de las pérdidas de la guerra hispano-estadounidense; este se inició en el contexto de unas relaciones más estrechas de España con Gran Bretaña y Francia. Los barcos estaban armados con una batería principal de ocho cañones de 305 mm y estaban destinados a apoyar a la Armada francesa en caso de una gran guerra europea.

A pesar de la razón para la construcción de los barcos, España se mantuvo neutral durante la Primera Guerra Mundial. Aunque se utilizó para asistir a los buques civiles en peligro y para suprimir los disturbios civiles en España, el Alfonso XIII pasó su carrera temprana sin incidentes con ejercicios de entrenamiento en aguas de dicho país. En la década de 1920, viajó al protectorado español de Marruecos para participar en la guerra del Rif, donde su buque hermano, el España naufragó. En 1931, Alfonso XIII fue derrocado, y en consecuencia, se proclamó la Segunda República española; la nueva república buscó borrar los restos de la orden real, por lo que el Alfonso XIII pasó a llamarse España. Como parte de las medidas de reducción de costos, el barco pasó a las reservas. Los planes para modernizar al España y su buque hermano Jaime I a mediados de la década de 1930 fracasaron en consecuencia al golpe de Estado de julio de 1936 que dio inicio a la guerra civil española.

Al inicio del conflicto, la tripulación asesinó a los oficiales del barco e intentó resistir a los rebeldes nacionalistas en Ferrol, pero después de que estos últimos se apoderaran de las baterías de artillería costera, se rindieron. Entonces, el España se convirtió en el núcleo de la flota nacionalista y lo utilizaron para hacer cumplir un bloqueo en la costa norte de España, patrullando y deteniendo con frecuencia a los cargueros que intentaban ingresar a los puertos controlados por los republicanos de Gijón, Santander y Bilbao. El 30 de abril de 1937, durante estas operaciones, resultó fatalmente dañado cuando accidentalmente golpeó una mina que había sido colocada por un minador nacionalista, y en consecuencia, la mayor parte de su tripulación fue evacuada por el destructor Velasco antes de que volcara y se hundiera; sólo cuatro murieron en el hundimiento. El naufragio se descubrió y se examinó en 1984.

Diseño

thumb|left|Dibujo lineal de la clase España|alt=El barco lleva cuatro torretas de dos cañones, una centrada hacia adelante, una detrás y al lado derecho del barco, otra más atrás y a la izquierda, y la última centrada en la popa. Numerosos cañones más pequeños se distribuyen a lo largo de los costados del buque.

Tras la destrucción de parte de la flota española en la guerra hispano-estadounidense de 1898 y el posterior desguace de otra parte de la flota en 1900,La Gaceta de Madrid, 19 de mayo del 1900 Número 139 Boletín Ordinario, publicado el sábado, 19 de mayo del 1900.En resumen, el panorama que se señalaba en ese Decreto era desolador, pues solo consideraba 2 buques aptos para la guerra moderna de entonces (el acorazado Pelayo y el crucero Carlos V). Las fragatas blindadas Numancia y Vitoria eran de poco valor militar (y además debían de darse de baja con la siguiente carena o por una avería importante). Otros buques (los cruceros Río de la Plata, Extremadura, Infanta Isabel y Lepanto, los cañoneros clase Álvaro de Bazán, el cañonero-torpedero Nueva España, la corbeta Nautilus, los destructores clase Furor y el Destructor, junto con otros buques menores) eran de nulo o casi nulo valor militar que se podían conservar, en general, por su velocidad como avisos, para el servicio en territorios coloniales de ultramar, como buques escuela o posibles conflictos internos civiles. También se salvaban el yate Giralda, que se convertiría en yate real poco después, y el vapor Urania como buque hidrográfico. Todos los demás buques que tenía la Armada en ese momento sencillamente no valían para nada y era mejor darlos de baja para no malgastar el presupuesto. la Armada española hizo una serie de intentos fallidos para iniciar el proceso de reconstrucción. Después de que la Primera Crisis Marroquí fortaleciera los lazos de España con Gran Bretaña y Francia y el apoyo público al rearme aumentara como consecuencia, el gobierno español llegó a un acuerdo con esos países para un plan de defensa mutua. A cambio del apoyo británico y francés a la defensa de España, la flota española apoyaría a la Armada francesa en caso de guerra con la Triple Alianza contra las flotas combinadas del Reino de Italia y Austria-Hungría en el mar Mediterráneo ya que la Royal Navy debería de centrarse en el mar del Norte contra la Kaiserliche Marine germana; mientras que la flota francesa por sí sola no podría contener a la armada italiana y la austrohúngara juntas, y era necesario que Francia transportara por mar a sus tropas coloniales desde el norte de África al continente europeo.La desconocida razón por la que España evitó de milagro entrar en la Primera Guerra Mundial, ABC (10/10/2018)

Una flota española reforzada redundaba así en los intereses de Gran Bretaña y Francia, que en consecuencia prestaron asistencia técnica en el desarrollo de buques de guerra modernos, cuyos contratos fueron adjudicados a la empresa española Sociedad Española de Construcción Naval (SECN), que fue formada por los constructores navales británicos Vickers, Armstrong Whitworth y John Brown & Company. El nuevo Plan Naval (conocido como Plan Ferrándiz) fue propuesto en 1907 y aprobado por el gobierno a principios del año siguiente como Ley de Marina del 7 de enero de 1908.La Gazeta de Madrid, 8 de enero de 1908 Número 8 Boletín Ordinario, publicado el miércoles, 8 de enero del 1908. Los buques fueron autorizados unos seis meses después de que los británicos hubieran completado el HMS Dreadnought «all-big-gun», y después de descartar los planes para construir acorazados tipo pre-dreadnought, el comando naval decidió rápidamente construir sus propios acorazados tipo dreadnought.

El Alfonso XIII tenía 132,6 m de longitud de línea de flotación, 140 m de eslora, 24 m de manga y 7,8 m de calado; su francobordo medía 4,6 m en el centro del buque. El barco desplazaba 15 700 t (15 500 toneladas largas ) según lo diseñado y hasta 16 450 t (16 190 toneladas largas) a plena carga. Su sistema de propulsión consistía en turbinas de vapor Parsons de cuatro ejes que accionaban cuatro hélices, con vapor proporcionado por doce calderas Yarrow, además tenía una potencia de 15 500 shp (11 600 kW) y produjo una velocidad máxima de 19,5 nudos (36,1 km/h). El Alfonso XII tenía una autonomía de 5000 millas náuticas (9300 km) a una velocidad de 10 nudos (19 km/h). Además, su tripulación estaba formada por 854 oficiales y soldados.

El Alfonso XIII estaba armado con una batería principal con ocho cañones calibre 50 de 305 mm, montados en cuatro torretas gemelas. Se colocó una torreta hacia adelante, dos se colocaron en escalón en medio del barco y la cuarta estaba a popa de la superestructura. Este esquema de montaje se eligió con preferencia para superponer a las torretas, como las que se instalaron en los acorazados estadounidenses de la clase South Carolina, para ahorrar peso y costos. Para defenderse de los torpederos, llevaba una batería secundaria que consistía en veinte cañones de 102 mm montados individualmente en casamatas a lo largo del casco. Sin embargo, estaban demasiado cerca de la línea de flotación, lo que los hacía inutilizables en marejada. También estaba armado con cuatro cañones de tres libras y dos ametralladoras. Su cinturón tenía un grosor de 203 mm en el centro del barco; las torretas de la batería principal estaban protegidas con la misma cantidad de placa de blindaje. La torre de mando tenía lados de 254 mm y su cubierta 38 mm de grosor.

Historial Carrera temprana miniaturadeimagen|Colocación de la quilla del acorazado Alfonso XIII en el arsenal de Ferrol. A la izquierda se ve el acorazado España en construcción. El 17 de noviembre de 1909 se dieron a conocer los buques de su serie, resultando en que sería el segundo acorazado de la misma por orden de construcción. La puesta de quilla del Alfonso XIII se dio en el astillero SECN de Ferrol el 23 de febrero de 1910 y una vez completo su casco, se botó el 7 de mayo de 1913. Los trabajos de acondicionamiento se retrasaron con el inicio de la Primera Guerra Mundial en julio de 1914, ya que gran parte del equipo, incluidas sus armas y su sistemas de control de fuego, le era suministrado por fabricantes británicos que ahora estaban ocupados con la producción para el esfuerzo bélico de su país. El Alfonso XIII se completó el 16 de agosto de 1915, aunque contaba con un sistema de control de fuego improvisado que se aseguró a través de países neutrales. Después de que Italia, miembro de la Triple Alianza, declarase la neutralidad al comienzo de la guerra, España hizo lo mismo, ya que la participación de su flota en los acuerdos de preguerra con Gran Bretaña y Francia se había basado en la necesidad de reforzar a la flota francesa en caso de que tuviera que luchar contra una alianza formada por las marinas italiana y austrohúngara. Tras entrar en servicio, el Alfonso XIII zarpó con su buque hermano, el España, rumbo a Santander, donde el homónimo del barco, el rey Alfonso XIII, se encontraba a bordo de su yate Giralda. Los dos acorazados participaron luego en ejercicios de entrenamiento frente a Galicia. A finales de año, la tripulación del Alfonso XIII ganó el Sorteo Extraordinario de Navidad.thumb|Maqueta del acorazado España, buque líder de la clase homónima, en el Museo Naval de Ferrol.

La rutina en tiempos de paz de la flota española incluía ejercicios de entrenamiento, frecuentemente realizados frente a Galicia, y una revisión de la armada frente a Santander durante las habituales vacaciones de verano del rey allí. El año 1916 transcurrió sin incidentes hasta septiembre, cuando el Alfonso XIII se unió a la búsqueda del destructor Terror, que se había quedado inutilizado por los daños causados por unas tormentas tras toparse con un clima severo en el golfo de Vizcaya. Además, en abril de 1917 ayudó al remolcador Antelo después de que se encallara en el cabo Prior al cargar un cargamento de minas que este último llevaba encima para aligerarlo y que pudiera ser reflotado. En ese momento, grupos socialistas y anarquistas hicieron campaña para realizar una huelga general y una revolución contra la monarquía, lo que provocó que en agosto el gobernador militar de Bilbao solicitara la presencia del Alfonso XIII para restablecer el orden. El destacamento de desembarco del barco fue a tierra para proteger una línea de ferrocarril y varias minas. En un enfrentamiento con los revolucionarios, un hombre de la tripulación murió y varios resultaron heridos, mientras que veintidós revolucionarios fueron arrestados y retenidos a bordo del barco. A principios de 1919, cuando, tras haber zarpado hacia Barcelona para la puesta en servicio del submarino Narciso Monturiol, el Alfonso XIII llegó en medio de la huelga de La Canadiense contra la empresa Barcelona Traction, y en consecuencia, volvió a enviar hombres a tierra para proteger a la compañía durante los cuarenta y cuatro días que duró el paro.