Se identifica con el denominado ciclo demográfico antiguo o preindustrial, caracterizado por la alta mortalidad y alta natalidad que permitieron un débil crecimiento con fluctuaciones recurrentes (decrecimiento y crecimiento demográfico), incluyendo verdaderas crisis demográficas debidas a episodios de mortalidad catastrófica.
La demografía de España en esta época carece de censos de población modernos y fiables, que se esbozarían a finales del y se afianzarían a mediados del .
La utilización de los términos "España" y "español" es habitual en los estudios de demografía histórica, incluso para épocas en que solamente pueden tener un valor de indicativo geográfico para la península ibérica, no de identidad nacional.
Evolución de la población española en época precensalEje vertical en miles de habitantes, eje horizontal, años d.C. — Sobre las barras, cifra de población en millones de habitantes.
Hasta la Edad Moderna, las cifras de este gráfico consideran de forma conjunta toda la península ibérica. Desde 1500, excluyen la población de Portugal (que osciló entre un millón y un millón doscientos mil habitantes en el y primera mitad del ),Joseph Pérez, op. cit., Domínguez Ortiz, op. cit..Nuno Valério (coord.), Estatísticas Históricas Portuguesas, Vol. I, pp. 33, 37 e 51. INE, 2001. pero se indica gráficamente entre 1500 y 1650 la altura que alcanzaría la suma de esas cantidades a las de los otros reinos peninsulares (entre 1580 y 1640 el reino de Portugal formó parte de la Monarquía Hispánica).
Las cifras anteriores al son altamente especulativas, y sólo deben entenderse como una indicación de las tendencias seculares de crecimiento o decrecimiento; con un máximo en el entorno de cinco millones de habitantes (una densidad de diez habitantes por kilómetro cuadrado).Enrique Gonzalbes, La demografía de la Hispania romana tres décadas después, en Hispania antiqua, ISSN 1130-0515, N.º 31, 2007, págs. 181-208. Cita como fuentes a Plinio, NH. III, 28 (Iunguntur iis Asturum XXII populi divisi in Augustanos et Transmontanos, Asturica urbe magnifica. in iis sunt Gigurri, Paesici, Lancienses, Zoelae. numerus omnis multitudinis ad CCXL liberorum capitum. Lucensis conventus populorum est sedecim, praeter Celticos et Lemavos ignobilium ac barbarae appellationis, sed liberorum capitum ferme CLXVI. Simili modo Bracarum XXIIII civitates CCLXXXV capitum, ex quibus praeter ipsos Bracaros Bibali, Coelerni, Callaeci, Equaesi, Limici, Querquerni citra fastidium nominentur. -las cifras deben multiplicarse por mil, porque se marcan con una línea horizontal superior, excepto en la transcripción de Taubner-); Alexandre Laborde, Voyage pittoresque et historique de l’Espagne, Paris, 1806; Giulio Beloch, Bevölkerung der griechisch-römischen Welt, Leipzig, 1886, La populazione del mondo greco-romano, Milán, 1909; Adolf Schulten, Hispania, Barcelona, 1920; Jean-Nicolas Corvisier, La population de l’Antiquité Classique, Paris, 2000; Alberto Balil, “Economía de la Hispania romana”, 1968; César Carreras Monfort, “A new perspective for the demographic study of Roman Spain”, Revista de Historia da Arte e Arqueologia, 2, 1995-1996, pp. 59-82; “Una nueva perspectiva para el estudio demográfico de la Hispania romana”, BSAAV, 62, 1996, pp. 95-122. Añade en nota, atribuyendo la información a Salmon, el muy desigual reparto territorial de la [población] ... la escasa densidad demográfica de la Meseta y de diversas zonas de Lusitania. Las cifras entre 1600 y 1700 son una ponderación entre las fuentes historiográficas (mínimos de Nadal y Fernández Álvarez, máximos de Le Flem y Fernández de Pinedo).Jordi Nadal, La población española, siglos al , Barcelona, 1984. Manuel Fernández Álvarez, 1979. Jean-Paul Le Flem, 1982. Emiliano Fernández de Pinedo, 1980. Citados en José Manuel Pérez García, La historiografía en Demografía Histórica española durante la Edad Moderna: un estado de la cuestión , en Manuscrits. n.º 8, enero de 1990, pgs. 41-70. Este autor previene de la gran disparidad de cifras y metodologías utilizadas, y del por lo general defectuoso tratamiento crítico las fuentes: durante mucho tiempo el clásico Censo de Ustáriz [sic -se refiere al Vecindario de Campoflorido, analizado por Jerónimo de Uztáriz-] creó un confusionismo interminable e hizo caer en no pequeños errores a historiadores y geógrafos de prestigio, mientras que el famoso indice de conversión constituyó una especie de cuadratura del circulo con salidas para todos los gustos. Así se aprecia en el tratamiento del famoso Censo de 1591 [sic -se refiere al Libro de los millones-], al cual se le ha aplicado indices diversos, aunque el más exitoso fue el coeficiente 5, desconociéndose como se desconoce la estructura de la familia española para esta coyuntura histórica. Todo parece indicar que las cifras de población así obtenidas parecen excesivas a la luz de los resultados obtenidos a partir de un rico rosario de muy completas monografias globalizadoras hoy disponibles. Si a esto unimos una mayoritaria insuficiente critica de estas fuentes, salvo muy contadas excepciones, el resultado de todo ello es el clima de incertidumbre en que nos movemos, clima agravado por la escasez y mediocridad de las fuentes censales disponibles para el . (pg. 47) Felipe Ruiz Martín en el Diccionario de Historia Eclesiástica de España obteniendo [para 1591] un total de 6.617.251 habitantes y lo mismo MOLINIÉ-BERTRAND, A., Au siecle d'or I'Espagne et ses hommes. La population du Royaume de Castille au XVe siecle. París 1984, pág. 307, alegando que entonces el fuego sería mayor y consiguiendo así una cifra similar de 6.61 1.640; ambas cifras para la Corona de Castilla. No obstante, un análisis regional y comparativo nos llevaría a la desconcertante conclusión de que en 1752 el número de vecinos para la amplia España interior (ambas Castillas, Extremadura, La Mancha y Andalucía) sería aproximadamente 1/3 más que en 1791; por el contrario, si se admiten las cifras de población de 1591 reseñadas con anterioridad, en 1752 los niveles de población no se habrían alcanzado y habría que comparar con las cifras del Censo de Floridablanca para que los niveles fueran similares. Las monografías realizadas y apoyadas en amplias encuestas parroquiales desdicen esta realidad e invitan a rectificar hacia la baja la población que se ha propuesto para 1591, línea en la que, por cierto, se inserta la última edición de la clásica obra de J. Nadal reduciendo la población espáñola de fines del quinientos de 8.1 millones que habría propuesto F. Ruiz a 6,6 millones por el simple hecho de reducir el coeficiente multiplicador a 4. Sin embargo, no debería perderse de vista que el famoso Censo de 1591 parece pecar por defecto en muchas demarcaciones con lo cual las cifras más problables deberían perfilarse mejor y situarlas entre ambas propuestas alternativas (nota 63). ' Las fechas a partir de 1717 son las de las fuentes pre-censales contemporáneas, citadas en las secciones correspondientes de este artículo.
Prehistoria
Si sobre los tiempos preestadísticos no se pueden hacer más que conjeturas sujetas a un alto grado de error, la evaluación de la población en época prehistoria es todavía más imprecisa, y únicamente puede hacerse mediante técnicas de estudio indirectas.
España ha estado poblada por el género Homo desde el Paleolítico inferior, cuando se datan los restos más antiguos del yacimiento de Atapuerca, uno de los más significativos de la paleoantropología mundial. La peculiar configuración ecológica de la península ibérica la hicieron ser un reservorio clave para la persistencia del hombre de Neandertal, y quizá (está sujeto a debate) uno de los lugares donde se produjo el contacto entre sus últimas poblaciones y las primeras del hombre moderno, ya en el Paleolítico superior.Artículo-entrevista en El País, 16 de abril de 2014: Luis Pericot calculó 10 000 habitantes para el Musteriense (Paleolítico medio) y de unos 30.000 para el Magdaleniense (Paleolítico superior), lo que supondría triplicar la población en decenas de miles de años, una tasa de crecimiento muy baja (del orden del 0,005 por mil, cien veces inferior al estimado para las poblaciones preindustriales).La España Primitiva. Citado en Juan Maluquer de Motes, y este a su vez en Vicente Pérez Moreda, La Población Española, en Artola, op. cit, vol. 1, pg 345 y ss. Incluso una cifra tan baja como el 0,05% supone duplicar la población en 1.390 años y multiplicarla por 148 en 10 000 años. La expansión geográfica de Homo sapiens (que salió de África hace entre 60.000 y 100.000 años y ocupó la totalidad de la parte habitable del Viejo Continente hace 40.000 años) tuvo que hacerse con tasas de ese orden, y muy superiores en el corto plazo (puesto que los periodos de mortalidad catastrófica, que llegaban a extinguir a grupos enteros, debían ser frecuentes). Aunque en perspectiva actual parezca que tal población está prácticamente estancada, en una escala de miles de años, la propia de la época, tal crecimiento supuso una verdadera explosión demográfica con consecuencias ecológicas de alto impacto en el entorno (entre otras, la extinción de sus competidores -las demás especies de Homo-).Una tasa de crecimiento del 0,05% se da como necesaria para la población mundial desde el VIII milenio a. C. hasta el I a. C. How Many People Have Ever Lived on Earth? , en Population Reference Boureau.
Tras un Mesolítico en que la población debió sufrir las transformaciones climáticas del Holoceno (final de las glaciaciones), detectándose una retirada hacia zonas de más fácil acceso a los menguantes recursos alimentarios (marisqueo en la costa cantábrica), desde el V milenio a. C. el Neolítico y su drástico cambio cultural (agricultura y ganadería) supuso un crecimiento demográfico, tanto por el crecimiento vegetativo (quizá debido a la reducción del intervalo intergenésico) como por la posible llegada de poblaciones provenientes de las zonas de más temprano desarrollo cultural (el Mediterráneo oriental). Estos contactos se intensificaron en la Edad de los Metales, cuando las primeras civilizaciones comenzaron a buscar en el extremo occidente riquezas mineras como el cobre y el estaño. Desde el centro de Europa se extendió a la Península la cultura de los campos de urnas.
Protohistoria, colonizaciones e Hispania romana
Los pueblos colonizadores (fenicios, griegos y cartagineses) se asentaron en enclaves de la costa mediterránea desde comienzos del I milenio a. C.; mientras que los celtas se introdujeron en el centro, oeste y norte peninsular. Tanto la emigración como el desarrollo endógeno debieron hacer aumentar la densidad de población en las zonas de mayor desarrollo agropecuario y en los nudos de las rutas comerciales.
Las descripciones protohistóricas, protogeográficas o corográficas de Heródoto, Diodoro Sículo, Artemidoro de Éfeso, Estrabón, Pomponio Mela, Plinio el Viejo, Apiano, Claudio Ptolomeo o Avieno, periplos e itinerarios como el de Antonino, y las fuentes epigráficas, solo pueden proporcionar una más o menos rudimentaria nómina y ubicación de colonias costeras, pueblos prerromanos y sus núcleos de población; así como datos cualitativos más o menos valiosos,La mayor parte de los testimonios grecorromanos sobre Hispania son incidentales, fragmentarios o proceden de fuentes secundarias (gracias a las cuales conocemos las primarias). Por ejemplo, Estrabón, que no estuvo en España, usa como fuentes a Polibio, Posidonio, Artemidoro y Asclepíades de Mirlea. Muchas fuentes romanas tratan de alguna manera el tema, empenzando por Quinto Ennio (el primero que usó el nombre "Hispania"). Pompeyo Trogo inicia la serie de Laudes Hispaniae (y es conocido gracias a la sinopsis de Justino). Tito Livio, a su vez, es conocido sobre todo por el Epítome de Lucio Anneo Floro. Otros son Valerio Maximo, Claudio Claudiano, Julio Solino Pacato Drepanio y Paulo Orosio.
El problema de las fuentes en Artehistoria.