400px|thumb|Resumen de la propuesta de expansión de los pueblos indoeuropeos entre el 4000 a. C. y el 1000 a. C., conforme a la hipótesis de los kurganes. El término protoindoeuropeo se refiere a los individuos pertenecientes a una hipotética etnia o grupo de etnias de la Edad del Cobre y la primera Edad del Bronce. Los protoindoeuropeos vivieron probablemente durante el Neolítico tardío, o aproximadamente en el milenio La erudición convencional los ubica en la zona de estepa póntico-caspiana en Eurasia (actual Ucrania y el sur de Rusia), que se supone que hablaban variantes del idioma protoindoeuropeo y compartían una cultura material y patrones culturales similares.
La cultura protoindoeuropea alcanzó ciertas ventajas sobre otros pueblos, como la ganadería equina, el carro o la agricultura del trigo, y sus descendientes se fueron expandiendo por casi toda Europa y parte de Asia durante 2 o 3 milenios hasta abarcar el espacio entre el círculo polar ártico, el sur de Portugal y la India. Estos pueblos se expresaban en una lengua de la que descienden las que se hablan hoy en la mayor parte de Europa, Irán e India, incluyendo lenguas muertas como el latín, el griego clásico, el sánscrito o el hitita, conocidas todas ellas como lenguas indoeuropeas.
La falta de escritura durante el período protoindoeuropeo ha privado a los historiadores de datos fehacientes, pero algunos arqueólogos, como Marija Gimbutas, aventuran la hipótesis de los kurganes, según la cual el tronco común a las culturas indoeuropeas sería un conjunto de gentes seminómadas que encontró sus fundamentos materiales en el caballo, la rueda, el desarrollo del metal, la agricultura y la ganadería. La hipótesis de los kurganes apunta asimismo a que se pueda identificar arqueológicamente a algunos de los hablantes de protoindoeuropeo con la cultura Yamna.
Entre las características culturales comunes a los protoindoeuropeos se halla una religión común politeísta con varios dioses celestiales. Posiblemente poseyeran algunas ventajas tecnológicas que les permitieron expandirse a costa de otros pueblos, aunque algunos autores argumentan, sobre una base arqueológica, que la expansión fue pacífica.A. C. Renfrew, 1987
La cultura comparada permite conjeturar que poseían tradición poética, que usaron para cantar las hazañas de sus dioses y héroes, que parece ser antiquísima. La cultura indoeuropea parece constituir la raíz de la civilización europea antigua, así como de la civilización indoirania antigua.
Historia del concepto El término lenguas indoeuropeas engloba a un grupo de lenguas emparentadas filogenéticamente que derivan de la protolengua común, llamada protoindoeuropeo, hablada hacia el milenio El parentesco y la idea de que dichas lenguas procedían de una fuente común fue reconocido ya por William Jones en el . Durante el diversos filólogos iniciaron el estudio comparado de las lenguas indoeuropeas, desarrollando el método comparativo que permitió reconstruir ciertos aspectos de la lengua original.
En conexión con el trabajo estrictamente lingüístico, durante el mismo se empezó a especular sobre el pueblo o pueblos originarios que hablaron el protoindoeuropeo. En esa época se concebía que dicho pueblo podía ser un supuesto grupo étnico racialmente homogéneo y con tradiciones uniformes, al que se llamó «raza aria». Aunque esa propuesta no se basaba en un trabajo estrictamente científico ni parece correctamente asentada,Thomas V. Gramkelidze y V. V. Ivanov, 1995 dio lugar rápidamente a interpretaciones racistas de la «mentalidad aria», que contrastaría supuestamente con la mentalidad de los semitas, que a su vez hablarían otro grupo de lenguas.
A principios del , el filólogo germanista Gustaf Kossinna, tratando de unir las teorías lingüísticas con las raciales que caracterizaban a los indoeuropeos como dolicocéfalos rubios, afirmó que su origen era el norte de Alemania. Poco después, el prehistoriador australiano Vere Gordon Childe publicó un libro titulado Los arios, nombre con el que denominó al supuesto pueblo indoeuropeo primigenio. El término ario proviene del sánscrito arya ‘noble’, y los reyes persas como Darío el Grande —que eran indoeuropeos— se llamaban a sí mismos arios. En 1926, cuando apareció el tomo de Childe, que era marxista, se estaba gestando el movimiento nacional-socialista. Para desolación de su autor, el abuso y la utilización política de esa hipótesis intelectual condujo al racismo que fundamentó parte de la ideología del nazismo alemán.
Hoy en día, la hipótesis de que los pueblos protoindoeuropeos se desarrollaron en territorio alemán ha sido completamente abandonada, y se considera simplista que su sociedad fuera similar a las descripciones de Childe de la «sociedad aria». La genética ha contribuido igualmente a desacreditar estas ideas iniciales. Las similitudes entre diferentes pueblos indoeuropeos a nivel cultural, religioso y lingüístico no implican la existencia de una raza homogénea; por ende, el concepto indoeuropeo pertenecería a la lingüística y no a la genética de poblaciones.
Dicha corriente antropológica insiste en que, aunque puede considerarse la posibilidad de que existieran migraciones de pueblos indoeuropeos que difundieran rasgos culturales, entre otros la lengua, en un periodo de la Edad Antigua, y en un espacio que iría de la costa atlántica de Europa al norte de la India e Irán, sería impropio hablar en la actualidad de una única etnia indoeuropea originaria.
Ello no resulta inconveniente para que otros arqueólogos, como la reputada Marija Gimbutas, sitúen los orígenes indoeuropeos en los asentamientos de hace casi siete milenios en las estepas de las riberas entre el curso medio e inferior del río Volga.
Evidencias de la cultura indoeuropea
Evidencias lingüísticas La principal prueba de la existencia de una lengua protoindoeuropea hablada por un grupo étnico concreto procede del vocabulario compartido por las lenguas indoeuropeas referente a la cultura material (tecnología, plantas y animales domésticos, instituciones culturales). La paleontología lingüística es la disciplina que trata de reconstruir aspectos parciales de la cultura de ciertos pueblos prehistóricos sobre la base de la comparación del vocabulario heredado de la protolengua común.
Con todo, la relación idiomática se considera corroborada. Desde principios del , numerosos lingüistas arribaron a la tesis de un tronco común repartido en diversas familias. Trabajando cada uno por su cuenta, dos investigadores, el danés Rasmus Christian Rask y el alemán Franz Bopp, llegaron a la misma conclusión, que hubo una sola lengua matriz en el área de expansión de los indoeuropeos.
Rask demostró la relación del islandés y las lenguas germánicas con el griego y el latín. Bopp demostró el parentesco entre algunas lenguas orientales, como el sánscrito de la India, con las occidentales griego y latín.
Bopp comparó la gramática, mientras que los esfuerzos de Rask se centraron en la fonética. Entre ambos fundaron la Lingüística comparada y, tras ellos, a mediados del pudo asegurarse científicamente que todas las lenguas europeas modernas, salvo cinco —euskera, finés, estonio, húngaro y lapón, distintas por su léxico y por su estructura como lenguas— proceden de un idioma primigenio común, fuente asimismo de numerosas lenguas orientales. Este idioma fue llamado «indogermano» por sus primeros analistas, que eran alemanes, y después, respondiendo a su ámbito de difusión, indoeuropeo.
Basándose en la paleontología lingüística, se ha intentado averiguar cuál podría ser la cultura originaria de los indoeuropeos. Al principio se situó en la India, pero luego se demostró que el sánscrito era una lengua más reciente, y el origen se fue desplazando paulatinamente hacia el mar Báltico y el río Danubio. Más tarde se trabajó a partir del lenguaje y las palabras con raíces indoeuropeas, deduciendo que el paisaje por el que se movía aquel pueblo primigenio estaba integrado por una flora y fauna dominada por hayas y abedules, así como ciervos, caballos, lobos, osos, jabalíes y gansos, con frecuentes lluvias y tormentas, lo que descartaba la posibilidad de zonas climáticas excesivamente calurosas y secas para aquella cultura.
Evidencias arqueológicas La arqueología y el estudio de las religiones arcaicas revelan coincidencias entre sociedades muy alejadas que podrían ser consecuencia de una conquista del territorio por los pueblos indoeuropeos, con la consiguiente imposición de su cultura. En cambio, la gran diversidad cultural que se aprecia entre los pueblos indoeuropeos apunta la posibilidad de que su lengua y patrimonio se establecieran por contagio, sin desbancar las culturas originales, aunque las diferencias también pudieron surgir de la adaptación a los sucesivos territorios durante la expansión, resultando en variantes de una misma cultura indoeuropea.
Existen varias propuestas de identificación de antiguas culturas testimoniadas arqueológicamente con los posibles hablantes indoeuropeos. Sobre la zona, la época y el pueblo donde surgió el idioma matriz, han existido diversas teorías, basándose en la arqueología.
Una hipótesis que ha gozado de mucha popularidad es la hipótesis de los kurganes de Marija Gimbutas, que identifica el origen en la cultura de los kurganes, situada en la estepa rusa y sur de Ucrania. Dicha identificación se basa en que la cultura material atribuible a los pueblos indoeuropeos a partir de las especulaciones de la paleontología lingüística es similar a la cultura material de los kurganes. Otras propuestas de identificación son las de Colin Renfrew y diversos autores como T. V. Gamkrelidze y V. V. Ivanov, que proponen identificaciones diferentes, desde la península anatolia. En cualquier caso, algunos de los rasgos culturales que se les atribuyen son la domesticación del caballo y el uso de carros, junto con la ganadería y la agricultura.
Evidencias genéticas y arqueogenéticas El genetista italiano L. L. Cavalli-Sforza llevó a cabo un análisis de componentes principales de la frecuencia de ciertos marcadores genéticos del ADN de los europeos, determinando que prácticamente toda la variación encontrada podía ser explicada a partir de cinco componentes principales. El tercer componente principal hayado por Cavalli-Sforza se asocia comúnmente a la expansión de pueblos con genética relacionada con pastores de la estepa occidental que parece probable hablaran algún tipo de lengua protoindoeuropea.
Este tercer componente encontrado por primera vez por Cavalli-Sforza y demostrado posteriormente en las pruebas arqueogenéticas, se superpuso a otros dos linajes arqueogenéticos, que son muy similares a los factores principales identificados por Cavalli-Sforza. El factor o componente más importante parece estar relacionado arqueológicamente con las fechas de la expansión de la agricultura neolítica en Europa hace entre 10 mil y 6 mil años. Este componente no muestra correlación con lo que pudo ser probablemente la expansión de las lenguas indoeuropeas en el continente y está asociado al linaje arqueogenético relacionado con los primeros agricultores europeos. El segundo componente muestra un gradiente norte-sur; Cavalli-Sforza especuló con que pudiera estar relacionado con la expansión de pueblos urálicos, aunque actualmente se interpreta como el gradiente asociado a las regiones donde las poblaciones europeas descendientes del mesolítico sobrevivieron en mayor medida y, por tanto, este componente se asocia con el linaje arqueogenético asociado a los Cazadores-recolectores occidentales.
Cultura material de los protoindoeuropeos