Ornithogalum arabicum es una especie de plantas de la familia Asparagaceae, nativa del sur de Europa y el norte de África.
Taxonomía Ornithogalum arabicum fue descrito por Carlos Linneo y publicado en Species Plantarum 307 1753. Etimología
Ornithogalum: nombre genérico que deriva de las voces griegas ornithos (pájaro) y gala (leche), por lo que la traducción sería "leche de pájaro". Para algunos autores, este nombre se refiere al color de las flores de muchas especies del género. Para otros, "leche de pájaro" alude a las palabras que aparentemente utilizaban los romanos para indicar que algo es maravilloso.Smith, C.A. 1966. Common names of South African plants. Memoirs of the Botanical Survey of South Africa No. 35. The Government Printer, Pretoria
arabicum: epíteto geográfico que alude a su localización en Arabia. Sinonimia Caruelia algeriensis Jord. Caruelia arabica (L.) Parl. Caruelia hipponensis Jord. Caruelia macrocoma Jord. Caruelia ochroleuca Jord. Caruelia stenopetala Jord. Eliokarmos aureum Raf. Eustachys latifolia (L.) Salisb. Loncomelos latifolium (L.) Raf. Melomphis arabica (L.) Raf. Melomphis patens Raf. Myanthe arabica (L.) Salisb. Ornithogalum arabicum var. algeriense (Jord.) Maire Ornithogalum arabicum var. hipponense (Jord.) Maire Ornithogalum arabicum var. macrocomum (Jord.) Maire & Weiller Ornithogalum arabicum var. ochroleucum (Jord.) Maire & Weiller Ornithogalum arabicum var. stenopetalum (Jord.) Maire & Weiller Ornithogalum corymbosum Ruiz & Pav. Ornithogalum latifolium L. Ornithogalum speciosum Salisb. Stellaris latifolia (L.) MoenchOrnithogalum arabicum en PlantList
Nombres comunes Castellano: lágrimas de san Pedro, lágrimas blancas, ojo de Cristo, vicarios, flor de la cuenta (en Chile).Colmeiro, Miguel: «Diccionario de los diversos nombres vulgares de muchas plantas usuales ó notables del antiguo y nuevo mundo», Madrid, 1871.
Referencias
arabicum Categoría:Flora de la cuenca mediterránea Categoría:Plantas bulbosas Categoría:Plantas descritas en 1753 Categoría:Taxones zoológicos descritos por Carlos Linneo