Brujería vasca es la historia de la brujería en las zonas vascohablantes del actual País Vasco y de Navarra (España) y del País Vasco francés, cuyo caso más famoso fue el de las brujas de Zugarramurdi de principios del . Brujería vasca es el término que utilizan Julio Caro Baroja y otros investigadoresHenningsen, Gustav El abogado de las brujas: Brujería vasca e Inquisición española (The Witches' advocate: Basque witchcraft and the Spanish Inquisition, 1609-1614), Alianza Editorial, Madrid 1983. ISBN 84-206-2363-6. para referirse a los fenómenos de brujería entre el pueblo vasco, además de ser el título de la obra clásica de Caro Baroja sobre el tema.
Edad Media
En sus orígenes, según Caro Baroja, "la Brujería vasca aparece ligada a una peculiar situación social del país y adherida a una tradición de paganismo, que hacía decir a varias personas del que los vascos, tan católicos hoy, eran gentiles". De allí procede la palabra "sorguino" o "xorguino" para designar a los brujos, que deriva del vasco "sorgiñ", que, según Caro Baroja, viene de "sors-sortis" ('suerte' en castellano) más el sufijo vasco "-guiñ", "-eguiñ" (o "-egin"), que significa hacer.
En 1466 una representación de Guipúzcoa se dirigió al rey de Castilla Enrique IV para pedirle que autorizara a los alcaldes para que se pudieran sentenciar y ejecutar sin posibilidad de apelación en casos de brujería, alegando que las brujas estaban causando grandes daños y perjuicios en la provincia. El rey accedió por una real cédula fechada en Valladolid el 15 de agosto de aquel mismo año. Entre las razones por las que el rey aceptó la petición se encuentra la de que "los dichos maleficios son de tal calidad, que se hacen de noche y en lugares apartados y muy escondida y encubiertamente; y porque la probanza de ellos es muy difícil, y no se puede saber cumplidamente, salvo de las mismas sorguiñas o brujas…".
miniatura|Grabado que muestra a dos brujas preparando una pócima Hacia 1500 se abren varios procesos contra los brujos y brujas de la sierra de Amboto (en el Señorío de Vizcaya) en la que se dice que vive una especie de divinidad llamada la "Dama de Amboto". En esta ocasión ya se habla de rituales de adoración al diablo en figura, entre otras, de macho cabrío (un testimonio de la época dice: "se dice y confiesa por muchas personas haber visto al diablo y hablándole, veces en figura de cabrón y otras veces en figura de un mulo grande y hermoso… y dicen éstas que se reconciliaron y confesaron su error…"). Siete años después aparece otro foco de brujería en un lugar no precisado que hace que intervenga el tribunal de la Inquisición española de Logroño, produciéndose la quema de unas treinta supuestas brujas.
En 1517 se publica un tratado sobre supersticiones (Tractatus de Superstitionibus) de Martin de Arlés, canónigo de Pamplona, que parece que se escribió en el siglo anterior, y en el que se refiere a las brujas del reino de Navarra. En el libro recoge la idea tradicional de la Iglesia, que arranca de Agustín de Hipona, que considera que lo que hacen las brujas es una ilusión provocada por el diablo. "El mismo Satán, a cada una de estas mujeres las capta, y, subyugadas por su misma infidelidad y dormidas, las hace ver, por medio de la fantasía, que se transforman en distintas formas y semejanzas de criaturas… de suerte que habiendo tenido el ensueño la mujer infiel cree que lo ha experimentado no en el ánimo, sino que le ha ocurrido corporalmente".
En 1527 surge un nuevo caso en Navarra. En ese año dos niñas se presentan ante el Consejo Real de Navarra en Pamplona declarándose "brujas, en compañía de otras muchas de este oficio, las cuales hacen mucho mal" y añadiendo a continuación que "si queréis castigarlas, nosotras os las mostraremos, que luego que veamos a cada una el ojo izquierdo, la conoceremos, porque somos de su oficio: otra que no lo fuese no las podría conocer". Los oidores del Consejo les creyeron y nombraron a un inquisidor llamado Avellaneda para que junto con un grupo de cincuenta soldados fuera de pueblo en pueblo por los valles del Pirineo Navarro deteniendo a quienes señalaran las niñas. Siguiendo el procedimiento propuesto por éstas, mirar el ojo izquierdo de los sospechosos, fueron detenidos ciento cincuenta presuntos brujos y brujas.
Avellaneda relató su experiencia en una carta al condestable de Castilla Íñigo de Velasco en la que para demostrar la existencia de las brujas cuenta el siguiente caso del que dice haber sido testigo:
Con esta "prueba" y otras parecidas Avellaneda convenció al Consejo de Navarra de la existencia de las brujas y de que los valles pirenaicos estaban atestados de ellas, localizando tres juntas de brujos y de brujas. Allí, según Avellaneda, adoraban al demonio en forma de macho cabrío, akerra en euskera, de donde derivará el nombre de aquelarre (o 'prado del macho cabrío': "larre, larra" significa 'prado' en euskera) que se dará a estas reuniones que se celebran en la noche del viernes al sábado (de ahí el nombre de sabbat con el que también se conocerán). En su relato se muestra la brujería como una inversión de los valores y símbolos del Cristianismo. La junta se celebra en viernes –día de la crucifixión de Cristo-, la marca de la brujería –"la señal de la mano del sapo"- está en el ojo izquierdo y los maleficios se realizan con la mano izquierda –en el cristianismo la bendición se realiza con la derecha-, la sola mención de Jesús o la presencia de cruces, imágenes de la Virgen o agua bendita, hacen que pierdan toda su fuerza… En la carta Avellaneda le indica a don Íñigo de Velasco cuáles son los signos que indican la existencia de brujas:
El "más graue caso deste siglo", como lo calificó Avellaneda, tuvo un gran impacto en la sociedad de su tiempo y fue mencionado en varios textos literarios. En 1529 se publicó en Logroño el Tratado de las Supersticiones y Hechizerías de fray Martin de Castañega, dedicado al obispo de Calahorra, en el que su autor describe la brujería como una inversión del catolicismo. Así, Castañega habla de los "execramentos" de la "Iglesia diabólica" –frente a los sacramentos de la Iglesia católica-, de misas negras en las que se adora al demonio, de rituales que imitan los rituales eclesiásticos, etc.
Después del de Navarra de 1527 hubo otros casos de brujería en el país vasco-navarro. En 1528 hubo una campaña contra la brujería en el Señorío de Vizcaya llevada a cabo por fray Juan de Zumárraga, nombrado inquisidor y en la que también participaron Avellaneda y Sancho de Carranza, inquisidor de Calahorra. En 1530 las Juntas Generales de Guipúzcoa pidieron la intervención de un inquisidor para que acabara con las brujas, quien según la tradición murió envenenado por ellas. Hubo otro foco en Navarra en 1538 que dio lugar a numerosas detenciones y en 1555, varios pueblos de Guipúzcoa volvieron a reclamar la intervención de la Inquisición, pero el Consejo de la Suprema Inquisición estimó que los casos que habían sido relatados en los memoriales que se le habían enviado, no habían sido verificados, ni comprobados, por lo que no envió ningún inquisidor. Ese mismo año un tribunal civil de Bilbao abrió un proceso contra unas supuestas brujas de la localidad vizcaína de Ceberio, basándose principalmente en el testimonio de dos niñas, al parecer instigadas por los dos bandos enfrentados en el pueblo. Veintiuna personas fueron encarceladas, diecisiete mujeres y cuatro hombres, y condenadas al tormento de agua y cordel.
En 1575 hubo un nuevo caso en Navarra y bastantes hombres y mujeres fueron encarcelados por orden del Consejo del reino. Como en 1555, la Inquisición se mostró mucho más prudente que las autoridades civiles, que exigían un castigo ejemplar, y se negó a emplear un rigor excesivo. En 1595 los representantes de la villa de Tolosa en las juntas generales de Guipúzcoa piden la intervención de la Inquisición debido a la gran cantidad de brujos y brujas que había en su zona.
El
La caza de brujas en el país de Labort (1609) miniatura|200px|Mapa de las provincias vascas españolas (en rosa), francesas (en amarillo) y Navarra (en verde), con los nombres en euskera. La persecución de las brujas del Labort (Lapurdi, en euskera; Labourd, en francés), en el país vasco francés, fue obra del juez del parlement de Burdeos Pierre de Lancre, comisionado por el rey Enrique IV de Francia en respuesta a la petición hecha por los señores D'Amou y D'Uturbie para que acabara con la "plaga" de brujos y de brujas que según ellos asolaba el país. Conocemos la actuación de De Lancre gracias a dos libros que publicó después y que tuvieron un enorme éxito: Tableau de l'inconstance des mauvais anges et demons (1612) y L'incrédulité et mescréance du sortilege plainement convaincue (1622).
La llegada de Lancre y de sus subalternos a Labort provocó el pánico y muchas familias se dirigieron a Navarra, agolpándose en la frontera. En sus dos libros Lancre cuenta lo que creyó averiguar: que se celebraban cualquier día de la semana e incluso de día juntas de brujos y brujas, a las que llaman lane de Aquelarre, en las que se adoraba al macho cabrío, aunque el demonio podía adoptar otras formas –en el Tableau aparecía una lámina de un aquelarre que causó un gran impacto, y que fue arrancada de muchos ejemplares del libro-; que los desastres que acaecían en Labort, como las grandes tormentas que provocaban naufragios, eran obra de las brujas; que los brujos y brujas usaban ungüentos para poder acudir volando al aquelarre, transformarse en bestias o producir otros prodigios y efectos maléficos; que se celebraban misas negras en las que se consagran hostias negras y cultos satánicos, copiados de los cristianos y a veces oficiados por sacerdotes sacrílegos (lo que provocó que Lancre ordenara la detención y tortura de varios clérigos de la zona, sin más prueba que los testimonios de ciertos "testigos", como el de un sacerdote muy anciano y trastornado que confesó que había dado culto al diablo, y que sería ajusticiado por ello "para servir de ejemplo" –algunos de los sacerdotes encarcelados lograron escapar antes de ser ejecutados-).
Lo que creyó averiguar De Lancre, lo obtuvo de declaraciones de niños, de viejos y de adultos sometidos a tortura. Además tuvo que valerse de traductores, pues no comprendía el euskera, y como ha señalado Caro Baroja, "a veces transcribe mal los nombres" y de algunas palabras en vasco "parece no haber entendido el significado en una declaración amplia". Así es como De Lancre llegó a la conclusión de que en Labort había más de tres mil personas que llevaban la marca de la brujería.
Pierre de Lancre mandó quemar a 80 supuestas brujas y el pánico se trasladó a los valles del norte de Navarra. Precisamente el núcleo fundamental del nuevo brote de brujería se situó en la zona colindante con el país de Labort, en el noroeste de Navarra, más concretamente en Zugarramurdi.
El caso de las brujas de Zugarramurdi
miniatura|300px|Cueva de Zugarramurdi (Sorginen Leizea) donde se reunían los brujos y las brujas para celebrar el aquelarre. El proceso inquisitorial más grave y de mayor trascendencia contra la brujería fue el que instruyó el tribunal de la Inquisición de Logroño y que culminó en un auto de fe celebrado el domingo 7 de noviembre de 1610, en el que se aplicaron penas muy duras: de los 29 acusados de brujería, seis fueron quemados vivos y cinco en efigie porque habían muerto en prisión. Según Joseph Pérez, "si lo comparamos con los centenares de ejecuciones que se producen al mismo tiempo en territorio francés, al otro lado de los Pirineos, este veredicto puede parecer clemente. En España resulta escandaloso".