Sadomasoquismo es un acrónimo de los términos sadismo y masoquismo, y se refiere a la práctica de dar y recibir placer por medio de actos que incluyen recibir o provocar dolor o humillación. Quienes practican el sadomasoquismo pueden buscar obtener placer sexual a través de estos actos. En el caso del masoquismo, la persona obtiene placer al ser dominado o maltratado. Por su parte, el sadismo es la obtención de placer al realizar actos de crueldad o dominio. Si bien los términos sádico y masoquista se refieren respectivamente a una persona que disfruta de dar o de recibir dolor, algunas de las personas que lo practican pueden cambiar entre la actividad y la pasividad.

La abreviatura S&M se usa comúnmente para referirse al sadomasoquismo (o Sadismo & Masoquismo), aunque también se usan otras como S-M, SM, o S/M, particularmente entre quienes lo practican. Este disfrute puede ser de naturaleza sexual y consensuada, en cuyo caso se considera una de las prácticas que se engloban bajo el acrónimo BDSM. El sadomasoquismo no es considerado una parafilia clínica (véase, trastorno de sadismo sexual) a menos que su práctica lleve a distrés o discapacidad significativos para un diagnóstico. De manera similar, el sadismo sexual dentro del contexto del consentimiento mutuo, conocido generalmente bajo el título de BDSM, se distingue de los actos no-consensuales de violencia sexual o agresión.:"Sexual arousal from consensual interactions that include domination should be distinguished from nonconsensual sex acts." En caso contrario, puede ser indicativo de trastorno mental o el resultado de emociones humanas como el odio, la venganza e incluso ciertas concepciones arcaicas de la justicia. Estamos, pues, ante una polisemia con matices de significado claramente diferenciados.

El psiquiatra alemán Richard von Krafft-Ebing introdujo los términos «sadismo» y «masoquismo» en la terminología médica en su obra Neue Forschungen auf dem Gebiet der Psychopathia sexualis («Nueva investigación en el área de la psicopatología del sexo») en 1890. El término sadismo viene del nombre del marqués de Sade (1740-1814), escritor y filósofo francés autor de numerosas obras donde el sadismo sexual ocupa un papel de gran importancia. Su antónimo y complemento potencial es el masoquismo, que viene del nombre de Leopold von Sacher-Masoch (1836-1895, también escritor), autor de La venus de las pieles, obra polémica que llevó a Krafft-Ebing, a asociar la obra del autor con las prácticas masoquistas y a crear esa palabra basado en su segundo apellido, Masoch. El masoquismo es la obtención de placer a través de actos de crueldad o dominio causados a sí mismo o provocados a uno mismo por medio de una persona con la que se mantenga un vínculo sexual. Este disfrute también puede ser sexual o asexual. La característica fundamental del masoquismo que lo distingue de otros tipos de sumisión es la algolagnia, esto es, la mezcla causada entre el dolor y el placer.

Sadismo thumb|Retrato del Marqués de Sade por Charles-Amédée-Philippe van Loo (1761) El sadismo es una característica de la naturaleza humana, difícil de identificar en otras especies, ampliamente documentada desde los orígenes de la especie mediante hallazgos antropológicos y obras históricas. Los actos de crueldad elaborada, excesiva o gratuita contra animales, personas y colectivos constituyen una constante en el desarrollo de la humanidad, frecuentemente justificados como exigencias de mantenimiento de la disciplina, del orden familiar, del orden social, del orden divino, ejemplarización o retribución, y consecuencia de los actos de guerra. Muchas sociedades han llegado a transformar algunos de estos actos de crueldad en festejos colectivos, como es el caso del circo romano o la tortura y ejecución públicas de los condenados.

La realización de algunos de estos actos de crueldad constituye mandato divino en la mayoría de las religiones, si bien en algunas ocasiones estas mismas religiones actuaban de limitadores de los mismos.

Por lo común, tales actos de crueldad se han considerado malignos cuando se realizan por razones exclusivamente personales y privadas, al margen de estos mecanismos de socialización o sacralización. Por ello, resulta complejo separar la crueldad y el sadismo de sus justificaciones sociales en tiempos anteriores a la Edad Moderna, y solo nos han llegado noticias de sádicos históricos cuando el uso privado o el nivel y grado de elaboración de la crueldad llamaron la atención de sus coetáneos. Este es el caso de personajes como Calígula, Tiberio, Gilles de Rais, Vlad Tepes, Murad IV, Isabel Báthory o Catalina la Grande. En general, la crueldad es indistinguible del ejercicio del poder familiar o social hasta la llegada del humanismo renacentista y la plasmación final de la singularidad individual en las declaraciones de derechos de la Edad Moderna; por tanto, resulta imposible hasta este momento diferenciar claramente el disfrute personal de la crueldad de los ejercicios de crueldad colectiva. Y quienes comenzaron a hacerlo, fueron rápidamente caracterizados como pervertidos o psicópatas.

Masoquismo thumb|210px|Demostración de azotamiento en la Folsom Street Fair, 2004. La observación histórica y antropológica del masoquismo resulta aún más oscura. En el periodo premoderno, el masoquismo quedó enmascarado por el hecho de que el comportamiento óptimo de todo súbdito —a diferencia del ciudadano— es análogo al de un esclavo masoquista: reconocimiento de la autoridad y de la sujeción a la misma, obediencia sin paliativos, aceptación activa del orden impuesto y de los métodos de castigo utilizados para mantenerlo, cooperación en los mecanismos represivos, etc.

Adicionalmente, en tiempos de gran crueldad y brutalidad, no resultaba difícil provocar situaciones que se resolvieran mediante la aplicación de control y dolor fácilmente predecibles en intensidad y alcance por el contexto cultural.

Este enmascaramiento dificulta enormemente la identificación de masoquistas conocidos en la historia y obliga a deducir su existencia de sus acciones, lo que siempre resulta discutible. Este sería el caso de algunos mártires y también de ciertos líderes, que buscaron activamente su propia destrucción aunque las circunstancias no lo exigieran. Asimismo se trasluce en algunos personajes literarios, como el caballero Lancelot de las leyendas artúricas.

En todo caso, el masoquismo es igualmente una característica de la naturaleza humana que no se halla en otras especies. Son incontables las personas que buscan y mantienen situaciones en las que resultarán dañadas, humilladas, castigadas e incluso torturadas o destruidas. Hay quien afirma que las sociedades organizadas serían imposibles sin estos rasgos masoquistas en una mayoría de la población.

El masoquismo parece hallar su satisfacción en:

Las sensaciones de orden, control y predecibilidad de los acontecimientos, contra los impulsos propios y ajenos de naturaleza caótica. El abandono temporal o permanente de las propias responsabilidades, sobre todo cuando estas resultan muy agobiantes, retornando a un estado "infantil" más libre dentro de su dependencia de otros. Ocasionalmente, reproducción y liberación de experiencias infantiles traumáticas, lo que refuerza el elemento anterior. El alivio de las sensaciones de culpa a través del castigo, que refuerza los dos elementos anteriores, en caso de darse. El efecto enteogénico y ansiolítico de las endorfinas, potentes opiáceos naturales segregados por el cerebro como respuesta al dolor y el miedo, así como de otros mecanismos analgésicos endógenos. Los factores de intensa excitación sexual vinculados a estas actividades. En algunos casos, la reivindicación del propio ser desde un papel de víctima sacrificada o dispuesta.

Cuando el masoquismo busca la propia destrucción, rechazo o abandono, suele considerarse un indicio de patología mental o de tendencias suicidas. En cambio, cuando busca la propia realización a manos de una persona con la que se mantiene un vínculo emocional, constituye una manifestación de la afectividad del tipo del BDSM.

La investigación científica ha revelado que podría existir un tipo particular de masoquistas por razones exclusivamente fisiológicas, debido a un error de transcripción del gen SCN9A, que codifica el canal de ion sodio Nav1.7 utilizado por el organismo para el control del dolor. Estos masoquistas tendrían interés únicamente en la experiencia del dolor (algolagnia), sin los factores psicológicos, aunque se cree que su propio desarrollo personal les conduce a distintas manifestaciones del sadomasoquismo.

Switchs

Una característica que diferencia a sádicos y masoquistas del conjunto de la comunidad BDSM es su propensión más frecuente a intercambiar los roles (switch ‘conmutador’), lo que ya observó Krafft-Ebing en un buen número de sus famosos casos. Freud profundizó en ese concepto, afirmando que el masoquismo masculino no es sino una transformación del sadismo.

Se observa, de la experiencia, que un elevado porcentaje de personas dispuestas a tomar parte en prácticas sadomasoquistas de alto nivel pueden hacerlo desde cualquiera de los dos papeles, lo que resulta menos frecuente en las personas interesadas primordialmente en las relaciones de dominación/sumisión sin un intenso componente sadomasoquista.

Se ha documentado que los sádicos patológicos, en entornos psiquiátricos y penitenciarios, son extremadamente proclives a adoptar roles masoquistas e incluso buscarlos activamente. Serían, pues, "sádico-masoquistas" que solo llaman la atención de la sociedad y las autoridades por sus actividades sádicas, pero en quienes las masoquistas están igualmente presentes.

Evolución de las percepciones sobre sadismo y masoquismo Fetichistas thumb|200px|right|Mujer haciendo el rol de "esclava", practicando el sadomasoquismo. La práctica de actos sadomasoquistas consensuados individuales o grupales aparece esporádicamente en la historia desde la Antigüedad. Ya en el siglo existen referencias de flagelaciones en el culto a la diosa Artemisa (Arthemis Orthia). La Tomba della Fustigazione (periodo etrusco, siglo ) contiene la pintura de dos hombres azotando a una mujer en un contexto inequívocamente sexual. El conocido Kama Sutra (India, siglo ) describe varias formas de relaciones sadomasoquistas, y diversos poetas romanos como Juvenal o Petronio hablan de personas atadas y azotadas por razones eróticas. Las orgías de los cultos mistéricos extendidos por el Mediterráneo oriental desde el Neolítico incorporaban sangrientos rituales netamente sádicos y masoquistas.

Sin embargo, el surgimiento del sadomasoquismo como actividad sexual diferenciada se manifiesta con los avances propios de la Edad Moderna mencionados anteriormente. El ser humano, convertido en individuo y ciudadano, da rienda suelta a sus pasiones privadas en un contexto igualmente privado. La novela Fanny Hill, de 1740, describe claramente una escena de flagelación sexual. En 1769 hay ya numerosos informes de prostíbulos especializados en prácticas sadomasoquistas de todo tipo. Por la misma época, el marqués de Sade comenzaba a meterse en los problemas político-sexuales que le costarían muchos años de prisión.