El Regimiento de Granaderos a Caballo «General San Martín» (RGC) es una unidad de caballería del Ejército Argentino a cargo del ceremonial, fanfarria y custodia presidencial. Fue fundado en 1812 por el coronel San Martín durante la Guerra de la Independencia Argentina llegando a pelear en Chile, Perú y Ecuador ganando reconocimiento como cuerpo fundado por el libertador. Luego de ser disuelto en 1828, fue recreado en 1903 por el presidente Roca con el uniforme original y la denominación "general San Martín". En 1909 fue designado escolta presidencial.

Es uno de los regimientos históricos del Ejército junto al RI 1 «Patricios» y el RA 1 «Brig. Gral. Tomás de Iriarte», que dependen del Comando de la Guarnición Militar Buenos Aires «Cnl. Dr. Roque Sáenz Peña». Su emplazamiento desde su creación en 1903 es el cuartel del barrio de Palermo, Buenos Aires, cambiando su asiento original que estaba en Retiro.

Antecedentes Al arribar a Buenos Aires, el 9 de marzo de 1812, el entonces teniente coronel de caballería José de San Martín comprobó el difícil estado en que se encontraba la organización militar de las Provincias Unidas del Río de la Plata, alzadas en armas contra el ejército realista como consecuencia de la Revolución de Mayo que había estallado en Buenos Aires, en 1810.

San Martín ofreció sus servicios como militar al Primer Triunvirato, que era el gobierno superior provisional del país.

Ante esta problemática y frente al ofrecimiento, el 16 de marzo, el Primer Triunvirato otorgó a San Martín el grado de teniente coronel de Caballería y lo nombró conjuntamente comandante del Escuadrón de Granaderos que había de organizarse, previendo la necesidad de conformar un cuerpo de caballería idóneo y cualificado, compuesto por voluntarios rigurosamente seleccionados, cumpliendo parámetros de conducta y personalidad muy elevados.

El diseño original de su uniforme en la organización primitiva se basaba en el uniforme militar sueco.Una foto de antiguos soldados de Suecia puede verse aquí.

El objetivo que perseguía San Martín con la creación de este nuevo cuerpo de Caballería era el de dotar a las precarias milicias revolucionarias del Río de la Plata con una mayor cantidad de efectivos para poder contener los embates del ejército realista. También, aumentar su formación militar y su eficacia, siguiendo los preceptos que había aprendido durante su carrera militar en España.

Desde sus inicios, se estipuló que el regimiento debía estar conformado por cuatro escuadrones de tres compañías cada uno; y fue así que bajo la estricta tutela de su jefe y fundador al realizar la selección de sus integrantes, en el mes de mayo de 1812, quedó conformado el primero de sus escuadrones y sus tres compañías respectivas. thumb|250px|Noticia sobre el arribo de San Martín a Buenos Aires

Organización y reclutamiento thumb|250px|right|Granaderos en formación montada en la Ceremonia del 154ºAniversario del fallecimiento del General José de San Martín el 17 de agosto de 2004 thumb|250px|Museo Histórico del Regimiento Granaderos a Caballo General San Martín.

El nuevo regimiento buscaba funcionar como ejemplo de profesionalismo y perfeccionamiento para el resto de las fuerzas. Tal aspiración se correspondería con la visión que José de San Martín tenía sobre el futuro mediato de las fuerzas militares modernas: confiaba en una rigurosa disciplina, evocada no solamente en las maniobras y el entrenamiento, sino también en la esfera social del militar, que debía funcionar como figura ejemplarizadora no únicamente para sus camaradas de armas, sino también para el resto de la sociedad. Así, quedarían delineados desde el nacimiento del Ejército Argentino los valores y fundamentos primarios que San Martín esperaba que se convirtieran en los basamentos del accionar del Ejército Argentino: la estricta disciplina y la conducta ejemplar.

San Martín dispuso el reclutamiento de los hombres más aptos y estipuló un estricto código de disciplina, que hasta el día de la fecha, bajo la denominación de Código de honor sanmartiniano, rige el accionar diario de los Granaderos a Caballo. Su valor personal, las prácticas de ataque y defensa que él mismo enseñaba y sus grandes condiciones de mando, le granjearon rápidamente la simpatía y el respeto de sus subordinados, quienes sentían verdadera admiración por su jefe.

Uniforme

Código de Honor De la misma forma en la que San Martín reclamó de los granaderos el acatamiento de una conducta ejemplar frente a la sociedad y el ejército, hizo caso irrestricto de tales disposiciones sosteniendo como forma de vida la política de «predicar con el ejemplo». thumb|250px|Granaderos en posición de firmes

La férrea disciplina, el culto al valor y al honor, la exigencia y rigurosidad en la instrucción física y militar quedaron entonces patentes en las siguientes disposiciones, establecidas en aquel entonces como la lista de «Delitos por los cuales deben ser arrojados los oficiales», a fin de establecer una norma de conducta para los oficiales del regimiento que sentara el ejemplo para el resto de la tropa. Esta dicta:

Por cobardía en acción de guerra, en la que aún agachar la cabeza será reputado tal. Por no admitir un desafío, sea justo o injusto. Por no exigir satisfacción cuando se halle insultado. Por no defender a todo trance el honor del cuerpo cuando lo ultrajen a su presencia o sepa ha sido ultrajado en otra parte. Por trampas infames como de artesanos. Por falta de integridad en el manejo de intereses, como no pagar a la tropa el dinero que se haya suministrado para ella. Por hablar mal de otro compañero con personas u oficiales de otros cuerpos. Por publicar las disposiciones internas de la oficialidad en sus juntas secretas. Por familiarizarse en grado vergonzoso con los sargentos, cabos y soldados. Por poner la mano a cualquier mujer aunque haya sido insultado por ella. Por no socorrer en acción de guerra a un compañero suyo que se halle en peligro, pudiendo. Por presentarse en público con mujeres conocidamente prostituidas. Por concurrir a casas de juego que no sean pertenecientes a la clase de oficiales, es decir, jugar con personas bajas e indecentes. Por hacer un uso inmoderado de la bebida en términos de hacerse notable con perjuicio del honor del cuerpo. thumb|250px|Granadero en la Casa Rosada

Tiempo después, y en virtud de los valores que inculcara en el Regimiento de Granaderos a Caballo, dijo San Martín:

thumb|250px|Los Granaderos a Caballo junto a la estatua de José de San Martín

Creación del segundo escuadrón El rigor en la preparación y capacitación de los efectivos exigidos por San Martín retrasó a la larga la conformación definitiva del Regimiento de Granaderos. No obstante, pese a las complicaciones y al apremiante transcurso del tiempo revolucionario, el 11 de septiembre de 1812 el Primer triunvirato decretó la creación del segundo escuadrón y el 5 de diciembre se dispuso la creación del tercero.

Ya para este momento, las autoridades nacionales hacen referencia a San Martín con el título de comandante de Granaderos a Caballo.

Revolución del 8 de octubre de 1812

Los Granaderos a caballo -bajo la comandancia del teniente coronel San Martín- fueron los escuadrones militares que junto a los batallones de los cívicos -dirigidos por Francisco Ortiz de Ocampo- se plegaron, en las primeras horas del 8 de octubre de 1812, a la Logia Lautaro, y provocaron el derrocamiento del Primer Triunvirato exigiendo un Cabildo Abierto y un cambio de gobierno afín a las ideas de la Logia y de la Sociedad Patriótica. El triunfo de los confabulados dio como resultado la elección del Segundo Triunvirato, que quedó compuesto por Juan José Paso, Nicolás Rodríguez Peña y Antonio Álvarez Jonte.

Así, los Granaderos a caballo tuvieron la particularidad de haber tomado intervención en un golpe de Estado que depuso a las autoridades patrias constituidas, antes que haber peleado en un hecho de armas enfrentando a los realistas, que eran los enemigos externos.

Creación del tercer escuadrón

El recientemente creado Segundo Triunvirato ascendió a José de San Martín al grado de coronel el 7 de diciembre de 1812 y creó el Regimiento de Granaderos a Caballo sobre la base de los tres escuadrones.

El 3.º Escuadrón se organizó en diciembre de 1812, expidiéndose el 15 de diciembre los despachos de teniente coronel a Carlos de Alvear y de sargento mayor a José Zapiola. Ante el traslado de Alvear a otra unidad, el 18 de enero de 1813 fueron ascendidos: a teniente coronel Zapiola, y a sargento mayor el capitán de artillería Juan Ramón Rojas.

También en 1812 fue trasladado el regimiento desde los precarios establecimientos del «Cuartel de la Ranchería» hasta los terrenos del «Cuartel de Retiro» —en aquel momento ocupado por el Regimiento de Dragones de la Patria—, más aptos para las labores de instrucción militar y entrenamiento.

El 4 de diciembre de 1812, el capitán Francisco Luzuriaga recibió el despacho de sargento mayor del regimiento, debido a que Rojas había sido nombrado comandante del 3.º Escuadrón. El 7 de junio de 1815, José Melián recibió los despachos de comandante del 4.º Escuadrón, que se organizó.El paso de las Andes: Crónica histórica de las operaciones del ejército de los Andes, para la restauración de Chile en 1817. pp. 63-64. Autor: Gerónimo Espejo. Editor: C. Casavalle, 1882

Accionar militar Bautismo de fuego

thumb|250px|Escena del combate de San Lorenzo

En la noche del 3 de febrero de 1813, tras días de marcha forzada, San Martín y los granaderos arribaron al convento de San Carlos, cuyo guardián era el fraile Pedro García, en San Lorenzo, provincia de Santa Fe. La incursión se enmarcaba en la misión asignada por el Gobierno de Buenos Aires al coronel del recientemente formado regimiento, en la que se le ordenaba destacar una sección de su unidad para proteger las costas del Río Paraná desde Zárate hasta Santa Fe, en prevención de posibles incursiones enemigas. En tal situación, y por la sumatoria de la más intrincada cadena de circunstancias casuales, San Martín tomó conocimiento del futuro desembarco realista en las cercanías del convento y decidió aprestarse a su encuentro para impedir el ede víveres de la flota española en tierra a fin de retrasar o evitar futuros avances en tierra.

El plan de San Martín era aguardar el arribo enemigo con sus 120 granaderos al amparo de los muros del convento. Frente a este se extiende una alta planicie, muy propicia para las maniobras de caballería; más allá, el borde de un barranco acantilado, y luego unos 300 m de playa hasta la orilla. El objetivo era evitar que los españoles sospecharan su presencia, lograr que se acercaran hasta el terreno mencionado y, una vez allí, lanzar el ataque sin darles tiempo de organizar la defensa.

A tal fin, San Martín estudió las posiciones y disponibilidad de recursos del enemigo y dispuso la división de su contingente en dos escuadrones: el 1.º, al mando del capitán Justo Bermúdez, con órdenes de flanquear y cortar la retirada a los invasores; y el 2.º, a su propio mando. El comandante arengó a sus hombres, que se hallaban a punto de combatir por primera vez, y explicó a Bermúdez que le daría las órdenes posteriores una vez en combate, otorgando a ambos escuadrones sus posiciones a izquierda y derecha del convento, a la espera de la orden de ataque.

A la señal del clarín, ambos escuadrones se lanzaron sobre las líneas enemigas, formadas por unos 250 hombres dispuestos en dos columnas paralelas con el pabellón desplegado, y dos piezas de artillería al centro. Los realistas solo atinaron a replegarse en forma desorganizada sobre las mitades de retaguardia, intentando repeler el sorpresivo poder de la carga simultánea impartida por ambos flancos de las líneas de tropa, a lo que respondieron con fuego de mosquete y bayoneta calada.