La Exposición Centroamericana fue una feria industrial y cultural que se realizó en Guatemala en 1897 y que fue aprobada el 8 de marzo de 1894 por la Asamblea Nacional (Decreto 253) tras la sugerencia hecha por el presidente general José María Reina Barrios. Tuvo como objetivo primordial la presentación del Ferrocarril interoceánico entre el puerto de Iztapa en la costa del Pacífico y el de Puerto Barrios en la costa del Atlántico, construcciones que estaban muy avanzadas a inicios de 1897, pero que quedaron inconclusas porque Guatemala entró en una profunda crisis derivada de la caída del precio internacional del café, y de la construcción de numerosos edificios y monumentos públicos -incluidos los salones de la Exposición- en la Ciudad de Guatemala, los cuales fueron ejecutados simultáneamente con los ferrocarriles. Como resultado, la Exposición fracasó, la crisis económica de Guatemala dio lugar a rebeliones -como la Revolución quetzalteca de septiembre de 1897- y el presidente Reina Barrios murió asesinado el 8 de febrero de 1898.

Inspiración

Nació como una inspiración de la IV Exposición Universal de París, la cual se realizó en el año de 1889, en FranciaLa primera de estas exposiciones se realizó en 1798, con la idea de promocionar y difundir los productos comerciales e industriales de Francia. Según el decreto oficial, el gobierno de Reina Barrios sostenía que «debido a la benéfica tranquilidad que el país ha logrado, el Gobierno ha creído que es llegada la hora para que Guatemala exhiba los adelantos de su agricultura y las obras hijas de la inteligencia y de la imaginación de nuestros compatriotas en una exposición que será una fiesta de paz en que Guatemala hará sus mejores triunfos».

Según la resolución, la Exposición Centroamericana abriría sus puestas el 15 de marzo de 1897 y se llevaría a cabo en el Bulevar 30 de junio -luego rebautizado como «Avenida La Reforma»- que se encontraba en esos momentos en construcción en las afueras de la ciudad. La Exposición sería instalada en diecisiete edificios principales de diferentes proporciones, desde un salón principal de 95 metros de largo por 45 metros de ancho, donde estarían las exhibiciones de las naciones centroamericanas y la de California, a pequeños pabellones para restaurantes y oficinas administrativas.

Objetivos

200px|miniaturadeimagen|izquierda|Hotel Exposición, inaugurado en 1896.

Los objetivos de la Exhibición fueron: «reunir diversos objetos para comprarlos; aprender lo que ignoramos; mejorar lo que sabemos; comunicar a otros lo que producimos; despertar el estímulo en pro del trabajo humano; borrar las mezquindades; estrechar los lazos de fraternidad universal y exhibir a Guatemala dignamente, invitando a los pueblos centroamericanos, para una fiesta de civilización y cultura; tales son, entre otros, los provechosos resultados que en general podrá ofrecer la Exposición.»

El reglamento también especificaba lo que el gobierno guatemalteco esperaba lograr con la exposición:

Dado que por ese entonces el punto de entrada de la mayoría de visitantes e inmigrantes de Europa y Norteamérica era el puerto en el Caribe, Reina Barrios presionó para que el Ferrocarril del Norte, que uniría la costa atlántica con la capital, se terminara a tiempo. El Ferrocarril del Norte no era únicamente vital para el éxito de la Exposición sino también para el transporte de mercancías y personas pues complementaría la ya terminada línea férrea entre la capital y el Puerto de San José en el Pacífico, permitiendo así la comunicación directa entre los dos océanos. En esos años, el desarrollo y el progreso del país estaban puestos pues en el Ferrocarril Interoceánico ya que Estados Unidos todavía estaba librando su guerra contra España por el territorio cubano y era evidente que una vía de comunicación entre el Atlántico y el Mar Caribe era crucial para el país norteamericano.

Situación económica del país

En marzo de 1897, coincidiendo con el inicio de la Exposición Centroamericana la revista cultura La Ilustración Guatemalteca publicó un análisis detallado de la situación económica de Guatemala. Para entonces, los bancos del país presentían una mala situación y habían querido mejorar sus créditos exigiendo garantías fiduciarias, retirando créditos y pasando circulares con lo que consiguieron general el pánico entre la población guatemalteca. Por otra parte, algunos bancos habían incrementado considerablemente el tipo de interés aprovechando la concesión que tenían del gobierno para emitir billetes.

En ese momento, la cesación del alza de los precios de los valores públicos se había convertido en un descenso rápido y desconsolador; por ejemplo, las acciones del Banco Internacional bajaron de $5500 a $5000 entre junio de 1896 y febrero de 1897, mientras que las bonos de la Exposición y del Ferrocarril del Norte bajaron de $90 y $44 a $80 y $32, respectivamente en el mismo período. Solo se mantuvieron estables las acciones del Banco de Occidente y los bonos de la deuda flotante ya que las acciones del banco no podían estar más bajas produciendo 11% por acción; de los bonos de la deuda flotante, emitidos originalmente por tres millones de pesos, restaban ya solamente $380,000 que se encontraban en un reducido círculo de personas acuadaladas, quienes no las ofrecían porque no tenían ninguna necesidad de hacerlo por el momento. Finalmente, los bonos del Ferrocarril del Norte fueron los que más cayeron, pues estaban en manos de empleados y personas poco acaudaladas, que se habían visto en la necesidad de venderlos para subsistir.

De acuerdo al análisis de La Ilustración Guatemalteca, en marzo de 1897 existía una paralización completa en los negocios por carencia casi absoluta de efectivo, situación muy grave que estaba empezando a afectar el comercio, la agricultura, la industria y demás fuentes de riqueza. Las causas de este serio problema eran el excesivo desarrollo que el gobierno de Reina Barrios había dado a necesidades ficticias -o sea, el embellecimiento de la Ciudad de Guatemala, proyecto de Acatán y el gasto millonario en la Exposición Centroamericana- sin haber tomado en cuenta el verdadero estado de las cuentas nacionales y para las que necesitó de muchos recursos particulares obtenidos por medio de bonos. Esta actitud se había trasladado a la población en general, ya que las familias habían entrado en una época de lujo y vanidad en el que se buscaban coches, caballerizas, lacayos con lujosa librea, visitas al teatro y otras cosas en las que se gastaba más de lo que las familias tenían de ingresos; esto resultaba en que se hubiera abusado del crédito y de la especulación. Se consideraba para entonces que la única solución era una austeridad completa con un plan de economías y la abstención absoluta de todo dispendio innecesario y se temía que se llegara a una bancarrota estatal.

Por otra parte se indicaba que el país solamente producía café y no tenía ningún otro fruto con qué hacer frente al sinnúmero de necesidades aumentadas por los bonos para el Ferrocarril del Norte, para Acatán y para la Exposición, entre otros; por otra parte, todo era importado y por consiguiente, el país era deudor no solo por el importe de los bienes, sino también por el cambio de moneda, los fletes y las comisiones. Las exporaciones guatemaltecas no llegaban a veinte millones de pesos y como eran muchas la fincas en manos extranjeras, no regresaba al país el valor total de las exportaciones.

En resumen, no quedaba saldo alguno que pudiera equilibrar la balanza del comercio guatemalteco en 1897 y se recomendaban medidas de austeridad y que se hiciera un préstamo a largo plazo negociado en buenas condiciones, y que no fuera como los que hasta entonces se habían hecho por los gobiernos guatemaltecos que no solamente tenían intereses excesivos, sino que no eran administrados de forma honrada.

El 10 de marzo, el periódico opositor La República publicó que no existía regocijo entre la población guatemalteca por la realización de la Exposición, a pesar de la majestuosidad de la misma; dicha apatía se debía a la preocupación por los acontecimientos económicos y políticos de los últimos meses. Se hizo ver que desde un principio la idea de hacer la exposición no fue bien recibida —a pesar de que la situación económica del país era muy buena en ese momento— y que en 1897 la crisis hacía por demás impopular a la celebración: la escasez de dinero, la reducción de negocios y la imposición de mayores sacrificios para sufragar la Exposición, hicieron que los ciudadanos la rechazaran por completo.

A finales de marzo de 1897 continuaron los fuertes editoriales contra el gobierno en La República. En uno se indicaba que no se había concluido la línea del Ferrocarril del Norte y que para ello se necesitan casi doce millones de pesos guatemaltecos y que si se suspendían dichos trabajos, el costo del mantenimiento de lo ya construido costaría cerca de cuatro millones y medio de pesos guatemaltecos. Los editores de La República acusaron al gobierno de despilfarrar el erario pues trató de hacerlo todo a la vez: aparte del Ferrocarril del Norte -que por sí solo hubiera traído grandes beneficios económicos a Guatemala- se habían construido bulevares, parques, plazas, edificios suntuosos, aparte de gastar tres millones de pesos guatemaltecos en la Exposición. La República fue incluso un poco más allá y acusó al presidente de apropiarse de bienes del Estado. En otro fuerte artículo contra el gobierno, acusan de deficiente el manejo de agua -la cual se obtenía en parte del proyecto de Acatán- y que se estaba utilizando en las fuentes de la Exposición dejando sin abastecimientos a la población de la Ciudad de Guatemala. Por estas publicaciones, el periódico fue cerrado temporalmente por el gobierno de Reina Barrios, aunque fue reabierto pocos meses después.

Ejecución

Construcción

200px|miniaturadeimagen|Construcción del pabellón principal.

200px|miniaturadeimagen|Pabellón de la Exposición casi finalizado.

El doctor Gustavo E. Guzmán, quien había representado a Guatemala en las exposiciones de París y de Chicago, fue encomendado para dirigir el comité de la Exposición. Recibió fuertes críticas durante su gestión, al punto que la tensión lo llevó a caer víctima de una grave enfermedad luego de que un contratista extranjero quisiera incumplir con los términos del contrato que habían acordado. Pocos días después, falleció cuando faltaban cuatro meses para inaugurar el evento.

La exposición se desarrolló en los terrenos de la finca nacional El Recreo, en el cantón Exposición.Situado entre los cantones La Libertad al norte, el Cantón La Palma y el cantón Independencia al este, el Cantón Tívoli al sur, y el cantón La Paz al oeste.

El arzobispo Ricardo Casanova y Estrada, quien se encontraba exiliado en Costa Rica desde el gobierno del general Manuel Lisandro Barillas Bercián, emitió su opinión favorable acerca del certamen mediante una carta pastoral enviada desde San José, el 29 de junio de 1896 en la que indicó que esta exposición permitiría dos grandes objetivos: que los centroamericanos se conocieran mejor entre sí y que se exhibieran ante el mundo los productos que se producían en estas tierras.