El segundo gobierno de Óscar R. Benavides en el Perú se inició el 30 de abril de 1933 y culminó el 8 de diciembre de 1939. Fue un gobierno de carácter dictatorial, nacido en momentos en que dicho país atravesaba una severa crisis interna, motivada por el enfrentamiento entre el gobierno y los militantes del APRA, estos últimos de tendencia socialista, cuyo corolario sangriento fue el asesinato del presidente Luis Sánchez Cerro, su antecesor en el cargo. A esa crisis interna se sumaba un conflicto internacional con Colombia, derivado del incidente de Leticia, en la frontera del río Amazonas, conflicto que estaba a punto ya de escalar. La situación del Perú era pues muy crítica tanto interna como internacionalmente, al momento de asumir el poder Benavides.

Benavides fue elegido por el Congreso Constituyente para completar el periodo de Sánchez Cerro, el mismo que debió haber culminado en 1936. Esta elección no estuvo sujeta a la Constitución, pero fue realizada invocando la situación de emergencia. En esta primera fase de su gobierno (1933-1936), Benavides arregló la paz con Colombia a través de la firma del Protocolo de Río de Janeiro, que reconoció la situación preexistente antes del conflicto (1934). También dio una ley de amnistía política, que permitió la liberación de los presos apristas, entre ellos su líder Víctor Raúl Haya de la Torre. Pero poco después, a consecuencia de la persistente actividad subversiva de los apristas, volvió a poner fuera de la ley a estos y reinició la persecución. Y finalizando ya el periodo que el congreso le había otorgado, convocó a las elecciones generales de 1936, en las que el favorito resultó ser Luis Antonio Eguiguren, candidato apoyado por los apristas. Como el APRA estaba fuera de la ley, el gobierno arguyó que Eguiguren había recibido votos ilegales. El asunto fue llevado al congreso, que procedió a anular las elecciones. Como el 8 de diciembre de 1936 culminaba el periodo constitucional, el congreso decidió disolverse, no sin antes dejar todo el poder en Benavides.

Benavides se prorrogó así en el poder por tres años más, esta vez ya con carácter abiertamente dictatorial, sin tener un congreso como contrapeso. Durante esta segunda fase (1936-1939) continuó la represión a los apristas y ocurrió la intentona golpista del general Antonio Rodríguez Ramírez, su ministro del Interior. Finalmente, realizó un plebiscito que hizo algunas reformas importantes a la Constitución destinadas a fortalecer al poder ejecutivo, y convocó a elecciones generales en 1939, cuyo resultado dio como ganador a Manuel Prado Ugarteche, proceso electoral que ha sido considerado fraudulento. El 8 de diciembre de 1939, Benavides entregó el mando a Prado, inaugurándose así una nueva etapa democrática.

Benavides gobernó bajo el lema de «orden, paz y trabajo» y contó con el respaldo del ejército y de la oligarquía. Hechos importantes de este gobierno, además del arreglo de paz con Colombia y la represión a los apristas y comunistas, fueron la promulgación de leyes a favor de la clase trabajadora (como la ley del seguro social obligatorio para los obreros) y la mejora de la situación económica y financiera, que le permitió hacer numerosas obras públicas. Se crearon los ministerios de Educación y Salud Pública, se modernizaron las fuerzas armadas, se construyeron escuelas, carreteras y hospitales en todo el territorio nacional. En Lima se remodeló el Palacio de Gobierno, tal cual como se ve actualmente, y se construyó un nuevo Palacio Nacional de Justicia. Se dio el Código Civil de 1936, que habría de regir hasta 1984.

Antecedentes

Gobierno de Luis M. Sánchez Cerro

miniatura|220px|izquierda|Presidente Luis Sánchez Cerro. Luis Miguel Sánchez Cerro juramentó como presidente del Perú el 8 de diciembre de 1931. Su principal oponente en las elecciones generales realizadas en octubre de ese mismo año, fue el líder aprista Víctor Raúl Haya de la Torre, quien el mismo día de la toma de mando cuestionó la legitimidad del nuevo mandatario. Desde el comienzo adujo que el proceso electoral había sido manipulado.

Desde ese momento, se inició una relación tensa y conflictiva entre el presidente Sánchez Cerro y el partido aprista peruano. Esta relación se manifestó de principio en el congreso, como una oposición férrea. Pero progresivamente se fue convirtiendo en un enfrentamiento directo y violento. El mismo que se inició con un atentado contra el presidente en la Iglesia Matriz de Miraflores en marzo de 1932, y tuvo su punto más álgido en la Revolución de Trujillo (1932), realizada por obreros, campesinos y estudiantes de esa ciudad del norte del Perú, en la cual resultaron miles de civiles fusilados extrajudicialmente. Este violento episodio anticipó el último tramo del gobierno de Sánchez Cerro.

El gobierno de Sánchez Cerro se vio también marcado por el conflicto con Colombia, a raíz del llamado incidente de Leticia, cuando un grupo de peruanos, en un arranque nacionalista, tomaron Leticia, el poblado ubicado en el Trapecio amazónico cedido por el Perú a Colombia según el Tratado Salomón-Lozano de 1922. Sánchez Cerro, al principio, consideró este episodio como una maniobra de los apristas y comunistas para minar su gobierno, pero después, ante la ola de reacción patriótica en todo el país, decidió apoyar a los peruanos de Leticia. Colombia protestó ante el Perú y exigió el cumplimiento de los tratados internacionales. Se iniciaron los enfrentamientos armados en la frontera. Fue entonces cuando fue convocado el general Óscar R. Benavides para ser el comandante en jefe de las fuerzas armadas, al ser considerado el más idóneo para colaborar en la solución del conflicto.

Sánchez Cerro fue finalmente asesinado por un militante aprista llamado Abelardo Mendoza Leyva, al mediodía del 30 de abril de 1933, precisamente cuando se hallaba pasando revista a miles de movilizables que iban a ser enviados a la guerra contra Colombia. Esto provocó un escenario de considerable inestabilidad nacional, debido a la ausencia de una autoridad pero también debido a la inminente escalada del conflicto con Colombia.

Momentáneamente, el Consejo de Ministros se encargó del Ejecutivo, y acto seguido declaró el estado de sitio y suspendió las garantías constitucionales. Fue en ese escenario cuando las autoridades decidieron convocar de manera inmediata una reunión extraordinaria del Congreso para que se decidiera la elección del nuevo presidente.

Elección del general Benavides

La elección del presidente de la República, fue pues, decidida por el Congreso, quien realizó la votación en la tarde del mismo día del asesinato de Sánchez Cerro, es decir, el 30 de abril de 1933. La votación se distribuyó de la siguiente manera de un total de 88 votos: 81 votos fueron para el general Óscar R. Benavides, 4 votos para el ingeniero Carlos López Albújar (todos ellos provenientes de los representantes del partido socialista), 1 para Manuel Bustamante de la Fuente y 2 viciados. Uno de esos votos viciados fue para Víctor Raúl Haya de la Torre y lo hizo, según propio reconocimiento, el representante Toribio Sierra. Esta elección quedó consagrada por Ley N.º 7747.

Fue así como Óscar R. Benavides fue designado como presidente constitucional en reemplazo de Luis M. Sánchez Cerro, cuyo frustrado periodo presidencial debía concluir en 1936. Es cierto que su elección como presidente no se sujetaba a la Constitución, pues en esta se estipulaba que no podían ser elegidos para la suprema magistratura los militares en actividad. En esos momentos, Benavides se hallaba al mando de las fuerzas armadas. Sin embargo, se invocó la situación excepcional en que se hallaba la República, que no sólo enfrentaba una guerra exterior (con Colombia), sino que en su interior sufría la amenaza de una guerra civil, a consecuencia de los enfrentamientos entre apristas y urristas (miembros del partido del presidente Sánchez Cerro). El mismo ejército respaldó la elección.

Los ejes principales de la política de Benavides al iniciar su gobierno fueron: buscar el fin del conflicto con Colombia, calmar la agitación política interna y superar la crisis económica.

Óscar R. Benavides miniaturadeimagen|El coronel Óscar R. Benavides, en los años 1910. Benavides era ya una figura muy conocida en la política peruana, habiendo sido sucesivamente presidente de la Junta de Gobierno y presidente provisorio en lo que fuera su primer gobierno (1914-1915), también por elección del Congreso. Como militar, se había destacado en el conflicto de La Pedrera de 1911, en la frontera con Colombia. Durante el Oncenio de Leguía (1919-1930) se había dedicado a conspirar contra dicho régimen, por lo que fue deportado. El gobierno militar de Sánchez Cerro lo nombró embajador en España. Regresó al Perú en 1931, durante el proceso eleccionario que elevó a Sánchez Cerro a la presidencia constitucional. Después de un breve paso como ministro plenipotenciario en Inglaterra, regresó al Perú en 1933 para ponerse al frente de las fuerzas armadas durante un nuevo conflicto con Colombia.

Primera etapa (1933-1936)

La primera etapa del gobierno de Benavides se caracterizó por la búsqueda de dos objetivos claves: lograr una mejora en el nivel económico por medio de reformas re-distributivas y re-establecer el orden interno por medio de una actitud cauta políticamente. En este periodo se presentaron diversos episodios de inestabilidad provocados por los constantes enfrentamientos entre apristas, el gobierno y otros grupos políticos.

En el aspecto exterior, se propuso llegar a un arreglo de paz con Colombia.

Primer gabinete ministerial

El inicio del gobierno de Benavides se dio a poco tiempo de haberse promulgado la Constitución de 1933, que reemplazó a la de carta de 1920. Esta nueva Constitución constituyó así en el marco jurídico del nuevo régimen.

El primer gabinete ministerial de Benavides, presidido por José Matías Manzanilla (que fuera jefe del último gabinete de Sánchez Cerro), juró el 5 de mayo de 1933. Lo integraban los ministros del anterior gabinete sanchecerrista: Julio Chávez Cabello (Gobierno y Policía), Wenceslao Delgado (Justicia e Instrucción), Ignacio A. Brandariz (Hacienda), el coronel Antonio Beingolea Balarezo (Guerra); más dos cambios: Pablo Ernesto Sánchez Cerro, hermano del presidente asesinado (Fomento) y Luis A. Flores, líder de la Unión Revolucionaria, el partido sanchecerrista (Marina y Aviación). Con este gabinete se daba a entender que se mantendría la política del anterior mandatario o tal vez era una estrategia para no entrar en disputa con los sanchecerristas, que todavía mantenían su influjo en la vida política.

Arreglo con Colombia

Benavides encaró el problema con Colombia de manera franca. El recién electo presidente colombiano, Alfonso López Pumarejo (amigo de Benavides desde los días en que ambos coincidieron en Londres desempeñando funciones diplomáticas), viajó hasta Lima para entrevistarse con el presidente peruano. Finalmente, se llegó a un acuerdo de paz en mayo de 1934, según se detallará más adelante, en la sección de aspecto internacional.

El juicio por el asesinato de Sánchez Cerro

Una corte marcial se hizo cargo del proceso por el asesinato del presidente Sánchez Cerro. Estaba presidida por el coronel Maximiliano Frías e integrada por los vocales: capitanes Humberto León Ravines, Manuel Marchena y Miguel San Román, y el teniente Pedro de la Torre Ugarte. Como fiscal estaba el mayor Julio Barrionuevo.

Se detuvo a varios sospechosos relacionados con el Apra, todos de extracción humilde. Estos denunciaron durante el proceso haber sido sometidos a torturas para arrancárseles confesiones. El fiscal señaló como único autor del crimen a Abelardo Mendoza, y como sus cómplices a los que habían sido cercanos a él; también incluyó a un grupo de encubridores. Pero iniciado el proceso, sorpresivamente retiró su acusación sobre los cómplices y la mayoría de los encubridores.