La iglesia de San Francisco Javier, en el Segundo Ensanche de Pamplona (Navarra), es un edificio religioso, actualmente parroquia, considerado de estilo neogótico, construido por el arquitecto Miguel Gortari Beiner en 1951 con el importante apoyo de Félix Huarte Goñi. El conjunto escultórico, interior y exterior, es obra del granadino Eduardo Carretero y las pinturas murales, por otra parte, son obra del pintor navarro Emilio Sánchez Cayuela Gutxi Desde diciembre de 1980 está considerado bien de interés cultural. Por este edificio su arquitecto recibió, en 1955, la Cruz Pro Ecclesia et Pontifice.
Contexto histórico Con el comienzo del Pamplona perdió su carácter de plaza fuerte y su crecimiento urbano pasaba por el derribo del Baluarte de la Reina. El ritmo de crecimiento fue acelerado y con él surgió la necesidad de dotar al nuevo barrio, el Segundo Ensanche, de nuevos servicios como parroquias.
El Segundo Ensanche fue concebido por el arquitecto Serapio Esparza inspirado en el Ensanche de Barcelona. izquierda|miniatura|Plano del segundo ensanche de Pamplona La parroquia de San Francisco Javier se creó el 7 de marzo de 1940, por decreto de Marcelino Olaechea Loizaga, obispo de Pamplona. Provisionalmente comenzó su funcionamiento en una bajera sita entre los números 30 y 32 de la avenida del General Franco (hoy avenida de la Baja Navarra). Poco después, el 1 de mayo, se traslada al núm. 38. Este nuevo local fue adaptada por el arquitecto Víctor Eusa.
El primer párroco fue Jacinto Argaya Goicoechea siendo sustituido en febrero de 1943 por José Manuel Pascual Hermoso de Mendoza que permanecería al frente hasta su jubilación en abril de 1979 y sobre quien recaerá todo el proyecto del edificio eclesial de nueva planta.
Historia Hacia 1946-47, con el proyecto en marcha, el Ayuntamiento de Pamplona cedió el terreno para su construcción y el párroco solicita a Eusa un anteproyecto que gusta al obispo de Pamplona, Enrique Delgado Gómez, pero que, sin embargo, se encuentra con la oposición de la Diputación Foral. Esto lleva a desechar a Eusa, arquitecto de la Diputación y realizar un concurso entre los arquitectos que ganó el arquitecto pamplonés Miguel Gortari Beiner. Ante la falta de apoyo de la Diputación, el constructor, Félix Huarte adelantó el dinero de la obra, y el propio arquitecto renunció a cobrar.
La construcción del templo se inició oficialmente con la colocación de la primera piedra prevista para el 17 de junio pero, finalmente tuvo lugar el domingo 24 de junio de 1951 a causa de una fuerte tormenta impidió su celebración el día previsto. Con todo, la obra no comenzó al día siguiente porque faltaba aún por decidirse el proyecto y el arquitecto. La cimentación del templo se inició el 28 de octubre de 1951. La falta de recursos paralizó la obra durante dos meses más hasta que Construcciones Huarte puso en juego sus recursos para reiniciar su actividad y avanzar rápidamente. Llegaron a trabajar hasta 160 obreros.
Iniciada la construcción en septiembre de 1951, tras once meses de trabajos, la iglesia fue bendecida el día 2 e inaugurado el 3 de diciembre de 1952, IV Centenario de la muerte de San Francisco Javier. A la inauguración acudieron ocho arzobispos y obispos, el Jefe del Estado, Francisco Franco, con su esposa y su gobierno, el Ayuntamiento y otras autoridades, así como representaciones extranjeras, comunidades religiosas y fieles en general.
La casa parroquial se continuó levantando durante 1953 y el primer trimestre de 1954. Tras ello se remataron detalles pendientes en el exterior del templo como el pórtico de la fachada principal y el bajorrelieve del acceso que da a la avenida entre mayo y agosto de 1954. Con ello se finaliza el proceso constructivo de la iglesia y la casa parroquial.
Tenía una estimación coste de ocho millones de pesetas en su diseño inicial y recibió críticas por parte de vecinos y clero que consideraban estaba «falto de monumentalidad y clasicismo». Finalmente las cuentas se elevaron a más de catorce millones de pesetas que fueron sufragados en más de un 21% por el estado y por donativos el restante que se pagaron durante los doce años siguientes.
El centro parroquial, la tercera parte restante, se levantó en año y medio, entre 1966 y 1968 con un coste inicial superior a los once millones. Entre sus dotaciones previstas y creadas estaba un bar y el cine Xavier. Félix Huarte terminó finalmente por aportar unos siete millones y medio de pesetas.
Descripción artística Exterior mini|Planos Se ubica en el cruce de las actuales calle Olite, calle Tafalla y avenida de la Baja Navarra, en una manzana en forma de trapecio irregular, en un terreno escaso. Mantiene la orientación litúrgica. El conjunto parroquial tiene una distribución jerarquizada, ordenada, buscando la unidad del conjunto, y está compuesto de tres partes diferenciadas, construidas por separado. A saber:
El templo, con una capacidad de mil personas sentadas, es el edificio más alto y central del conjunto. Lleva adosada una capilla, una sacristía y el baptisterio. También, a los pies, en la fachada principal orientada al oeste, está el campanario. La Casa de Acción Católica y el Salón de Actos, con locales para cine, un salón de actos de 600 localidades y alojamiento comunitario. La Casa sacerdotal, con oficinas y despachos parroquiales, además de viviendas, incluyendo un pequeño jardín a modo de claustro que da paso tanto a la iglesia como a la capilla adyacente.
izquierda|mini|Fachada norte, junto a la avenida de la Baja Navarra Fachadas Desarrolladas sobre la base de mantener ese orden del conjunto, buscan «pureza en las formas, equilibrio en los volúmenes y proporciones armónicas, descartando el exceso decorativo» y empleando cuidadosamente materiales, texturas y colores, por lo que combina piedra arenisca de Tafalla, piedra de Colmenar en basamentos y partes relevantes y ladrillo cara vista en el resto.
La fachada principal está orientada al oeste, a la calle Olite, mostrando un triple acceso, sobre los cuales, apoyados en arcos de medio punto, se muestra un tímpano que representa el milagro del crucifijo devuelto de las aguas por un cangrejo. Sobre este conjunto escultórico, un rosetón central que ilumina la nave con una simbología centrada en la Santísima Trinidad. Destaca en ella hacia el norte la torre de 50 m de altura, con su campanario. Y hacia el sur, otra figura, esta vez de San Ignacio de Loyola.
De las laterales, la fachada septentrional mira a la avenida de la Baja Navarra. Tiene una puerta de acceso, usada excepcionalmente, sobre la que se muestra la imagen de la Inmaculada Concepción. Se muestra esta fachada magnífica, con solemnidad, los distintos volúmenes del conjunto. Así se observa el friso del Apostolado de Carretero tallado en piedra, de más de 20 metros cuadrados, colocado durante la fase de edificación del centro social.
La fachada meridional, mirando a la calle Tafalla, tiene un acceso a ras de suelo que facilita la entrada a personas con sillas de ruedas o coches de niños. Este acceso, mediante un atrio, atraviesa el jardín interior que comunica la casa parroquial con la iglesia y la capilla de la Virgen de Fátima. Presenta un gran lienzo de piedra, de forma cóncava, en ángulo, apoyado sobre dos columnas que dan paso al jardín que comunica, al mismo tiempo, la casa sacerdotal, la iglesia y la capilla. mini|Detalle del interior, fachada occidental
Interior De nave única, con una gran iluminación, muestra ya elementos arquitectónicos posconcilares. Está cortada rítmicamente por pilares verticales revestidos de mármol conformando cinco tramos incluyendo el tramo sobre el que se eleva el coro. A su vez, en la disposición vertical del espacio, pueden distinguirse tres niveles:
El nivel inferior, destinado a los altares laterales, puertas de acceso, la capilla y el baptisterio. El nivel intermedio, formado por los palcos y el espacio del coro, en una disposición perimetral. El nivel superior, con los grandes ventanales recubiertos de vidrieras coloridas y luminosas.
Presbiterio Se levanta sobre siete gradas, quedando en un espacio bien diferenciado respecto a la nave, donde además existe una iluminación cenital sobre el mural, luz que entra por las vidrieras de la cúpula que lo remata. Su decoración, con mármol verde y negro, resalta los tonos broncíneos del altar y las águilas que adornan los ambones, así como de las barandillas y apliques de lámparas. Se completa este espacio de sorprendentes perspectivas creado por Miguel Gortario con los bajorrelieves y la escultura del santo de Javier, obra de Eduardo Carretero, todo ello en plena armonía con las pinturas murales de Emilio Sánchez Cayuela "Gutxi". mini|El milagro del Crucifijo de San Francisco Javier devuelto por un cangrejo, de Eduardo Carretero
Escultura La labor escultórica del templo la realizó por completo el escultor Eduardo Carretero, tanto en el exterior del edificio como en el interior. En la parte de la cabera, complementando las pinturas murales, hay cuatro tallas, de los Evangelistas, con unos 4,5 metros sobre peanas que plasman el tetramorfos. En el lado de la epístola, Marcos y Lucas, y del evangelio, Mateo y Juan. Los bajorrelieves, del mismo autor, representan a San José y a la Inmaculada Concepción.
En el ábside, una escultura monumental, también de 4,5 metros, representando a San Franciso Javier como patrono de Navarra y las Misiones, con el crucifijo alzado en la mano derecha, y la sotana jesuita abierta con la mano izquierda para mostrar el corazón en llamas por amor a Cristo. Sobre la peana en la que descansan sus pies, el emblema de Javier. Esta figura del cuerpo central forma parte de la escena mural que la rodea.
En el exterior del templo, como ya se ha indicado, el conjunto del tímpano de la fachada principal, presenta sobre una peana al santo patrón del templo, de 4,5 m de altura, en una de las escenas de su vida, recreando el milagro del cangrejo. Muy cercana a esta escena, se levanta una imagen de San Ignacio de Loyola en piedra, de 3,5 m de altura mientras que en la fachada norte, sobre una puerta de acceso, se muestra un relieve de la Asunción en piedra, de 8 m de altura.
Pintura Del interior de la iglesia son llamativas las pinturas murales firmadas por Emilio Sánchez Cayuela que decoran el presbiterio. Ocupan una superficie de 250 metros cuadrados. La iluminación cenital que penetra por la cúpula, ilumina de forma especial todo el conjunto pictórico de este ábside.
El cuerpo central, representando la predicación con los indígenas (con una escultura del santo en el centro), muestra una iconografía en la tradición barroca de pintores como Vicente Berdusán. Ambos lados de esta escultura muestran murales con dos grupos dispuestos ordenadamente, en simétrica composición triangular. A la derecha del santo se representan habitantes de la India. Las edificaciones del fondo situarían la escena en Trichendur o en Suchindran, al sur de la India. El grupo a la izquierda representa a gentes del Japón, quizá Cangoxima, basándose en los detalles dibujados y al volcán Satsuma representado.
Por finalizar la escena, dada la altura del ábside, se muestra sobre la tierra un Cielo con las figuras de la Trinidad en disposición vertical, en una gloria compuesta de ángeles y nubes. Esta representación de la gloria con la Trinidad supone una innovación en el tema iconográfico.
A ambos lados, a modo de tríptico, se observan otras dos pinturas. Una representa al santo orando en Oriente y otra refiere la muerte de San Francisco Javier.
El San Francisco Javier de Gustavo de Maeztu