vínculo=https://gl.wikipedia.org/wiki/Ficheiro:Phoenix_detail_from_Aberdeen_Bestiary.jpg|miniaturadeimagen|La leyenda del fénix resurgiendo de sus cenizas es una creencia en la resurrección profundamente arraigada en la civilización occidental.

Las creencias son estados de la mente en los que un sujeto supone que algo es verdadero o probable, pero se expresan lingüísticamente mediante afirmaciones.Padilla Gálvez, J. (2007). El laberinto del lenguaje. Servicio de Publicaciones de la UCM pp. 53-75 Hay desacuerdo sobre cuáles son las características esenciales de las creencias: los representacionistas identifican creencias con actitudes proposicionales como representaciones mientras que los funcionalistas ven su papel causal como esencial y los interpretacionistas se centran en la dependencia de la interpretación de otra persona.

El concepto de creencia se aplica a diferentes tipos de actitudes mentales, que pueden clasificarse utilizando algunas distinciones básicas. Las creencias ocurrentes son conscientes o causalmente activas de alguna otra manera, mientras que las creencias disposicionales están actualmente inactivas. Las creencias plenas implican la aceptación sin reservas de que algo es cierto, mientras que las creencias parciales incluyen un grado de certeza con respecto a la probabilidad. En su significado principal, creencia se considera como creencia-de-que, es decir, como una actitud mental hacia una proposición o un estado de cosas. Esto contrasta con el uso como creencia-en, que a menudo se refiere a la confianza en una persona o a una actitud hacia la existencia de algo. Este sentido desempeña un papel central en la creencia religiosa con respecto a la creencia en Dios. Hay varias teorías sobre cómo el contenido de una creencia depende del contenido de otras creencias mantenidas por la misma persona. Los atomistas niegan tales relaciones de dependencia, los molecularistas las restringen a creencias estrechamente relacionadas, mientras que los holistas sostienen que pueden existir entre creencias cualesquiera. Los externalistas asumen que las creencias de una persona dependen de su relación con el entorno, mientras que los internalistas sostienen que están determinadas únicamente por lo que ocurre en la cabeza de esa persona.

Las creencias desempeñan un papel central en la epistemología, donde el conocimiento se ha definido tradicionalmente como creencia verdadera justificada. Hay diferentes vías de formación de creencias: las creencias pueden originarse internamente, cuando se basan en las propias experiencias del creyente, o externamente, cuando se adoptan de otras personas.

Concepciones Se han propuesto varias concepciones de las características esenciales de las creencias (belief), pero no hay consenso sobre cuál es la correcta. El representacionalismo es la posición tradicionalmente dominante. En su forma más común, sostiene que las creencias son actitudes mentales hacia representaciones, que generalmente se identifican con proposiciones. Estas actitudes forman parte de la constitución interna de la mente que mantiene la actitud. Este punto de vista contrasta con el funcionalismo, que define las creencias no en términos de la constitución interna de la mente, sino en términos de la función o del papel causal desempeñado por ellas. Según el disposicionalismo, las creencias se identifican con disposiciones para comportarse de ciertas maneras. Este punto de vista puede verse como una forma de funcionalismo que define las creencias en términos del comportamiento que tienden a causar. El interpretacionismo constituye otra concepción que ha ganado popularidad en la filosofía contemporánea. Sostiene que las creencias de una entidad son, en cierto sentido, dependientes o relativas a la interpretación por otra persona sobre esta entidad. El representacionalismo tiende a asociarse con un dualismo mente-cuerpo. Las consideraciones naturalistas contra este dualismo son una de las motivaciones para elegir una de las concepciones alternativas.

Representacionalismo El representacionalismo caracteriza las creencias en términos de representaciones mentales. Las representaciones suelen definirse como objetos con propiedades semánticas, como tener un contenido, referirse a algo, ser verdadero o falso, etc. Las creencias forman una clase especial de representaciones mentales, ya que no implican cualidades sensoriales para representar algo, a diferencia de las percepciones o los recuerdos episódicos. Por eso, parece natural interpretar las creencias como actitudes hacia proposiciones, que también constituyen representaciones no sensoriales, es decir, como actitudes proposicionales. Como actitudes mentales, las creencias se caracterizan tanto por su contenido como por su modo. El contenido de una actitud es a lo que se dirige esta actitud: su objeto. Las actitudes proposicionales se dirigen a proposiciones. Las creencias suelen distinguirse de otras actitudes proposicionales, como deseos, por su modo o la forma en que se dirigen a proposiciones. El modo de creencias tiene una dirección de ajuste mente-a-mundo (mind-to-world direction of fit): las creencias tratan de representar el mundo tal como es, no pretenden cambiarlo, a diferencia de los deseos. Por ejemplo, según esta perspectiva, si Rahul cree que hará sol hoy, entonces tiene una actitud mental hacia la proposición «Hará sol hoy», que afirma que esta proposición es verdadera. Esto es diferente del deseo de Sofía de que haga sol hoy, a pesar de que tanto Rahul como Sofía tienen actitudes hacia la misma proposición. La dirección de ajuste mente-a-mundo de las creencias a veces se expresa diciendo que las creencias tienen como objetivo la verdad. Este objetivo también se refleja en la tendencia a revisar una creencia al recibir nueva evidencia de que es falsa. Por lo tanto, al escuchar la previsión del mal tiempo, es probable que Rahul, pero no Sofía, cambie su actitud mental.

Hay diferentes formas de concebir cómo las representaciones mentales se realizan en la mente. Una forma es la hipótesis del lenguaje del pensamiento (language of thought hypothesis), que afirma que las representaciones mentales tienen una estructura similar al lenguaje, a veces denominada «mentalés». Al igual que el lenguaje regular, se trata de elementos simples que se combinan de diversas maneras según reglas sintácticas para formar elementos más complejos que actúan como portadores de significado. Según esta concepción, mantener una creencia implicaría almacenar tal elemento complejo en la mente. Las diferentes creencias están separadas entre sí porque corresponden a diferentes elementos almacenados en la mente. Una alternativa más holística a la hipótesis del lenguaje del pensamiento es la concepción del mapa, que utiliza la analogía con los mapas para dilucidar la naturaleza de las creencias. Según este punto de vista, el sistema de creencias de una mente no debe concebirse como un conjunto de muchas oraciones individuales, sino como un mapa que codifica la información contenida en estas oraciones. Por ejemplo, el hecho de que Bruselas esté a medio camino entre París y Ámsterdam puede expresarse tanto lingüísticamente a través de una oración como a través de un mapa por sus relaciones geométricas internas.

Funcionalismo El funcionalismo contrasta con el representacionalismo en el sentido de que define las creencias no en términos de la constitución interna de la mente, sino en términos de la función o el papel causal que desempeñan. Este punto de vista a menudo se combina con la idea de que la misma creencia puede realizarse de varias maneras y que no importa cómo se realice mientras desempeñe el papel causal característico de ella. Como analogía, un disco duro se define de manera funcionalista: realiza la función de almacenar y recuperar datos digitales. Esta función puede realizarse de muchas maneras diferentes: estando hecha de plástico o acero, usando cinta magnética o láser. Los funcionalistas sostienen que algo similar es cierto para las creencias (o los estados mentales en general). Entre los roles relevantes para las creencias está su relación con las percepciones y con las acciones: las percepciones generalmente causan creencias y las creencias causan acciones. Por ejemplo, ver que el semáforo ha cambiado a rojo generalmente se asocia con la creencia de que está rojo, lo que a su vez hace que el conductor detenga el coche. Los funcionalistas utilizan tales características para definir creencias: cualquier cosa que sea causada por las percepciones de cierta manera y que también cause comportamiento de cierta manera se llama creencia. Esto es cierto no solo para los humanos, sino que puede incluir animales, extraterrestres hipotéticos o incluso computadoras. Desde este punto de vista, tendría sentido atribuir la creencia de que el semáforo está rojo a un automóvil autónomo que se comporta como un conductor humano.

El disposicionalismo a veces se considera una forma específica de funcionalismo. Define creencias solo con respecto a su papel como causas de comportamiento o como disposiciones para comportarse de cierta manera. Por ejemplo, la creencia de que hay un pastel en la despensa se asocia con la disposición a afirmarlo cuando se le pregunta y a ir a la despensa cuando tiene hambre. Aunque no es controvertido que las creencias moldean nuestro comportamiento, la tesis de que las creencias pueden definirse exclusivamente a través de su papel en la producción de comportamientos ha sido disputada. El problema surge porque los mecanismos moldeando nuestro comportamiento parecen ser demasiado complejos para señalar la contribución general de una creencia en particular en cualquier situación posible. Por ejemplo, uno puede decidir no afirmar que hay un pastel en la despensa cuando se le pregunta porque quiere mantenerlo en secreto. O puede que uno no coma el pastel a pesar de tener hambre porque también cree que está envenenado. Debido a esta complejidad, no podemos definir ni siquiera una creencia tan simple como esta en términos de disposiciones conductuales de las que es responsable.

Interpretacionismo Según el interpretacionismo, las creencias de una entidad son en cierto sentido dependientes o relativas a la interpretación por otra persona sobre esta entidad. Daniel Dennett es un defensor importante de tal posición. Sostiene que atribuimos creencias a entidades para predecir cómo se comportarán. Las entidades con estructuras simples de comportamiento pueden describirse mediante leyes físicas o en términos de su función. Dennett se refiere a estas formas de explicación como la postura física y la postura de diseño. Estas posturas se contrastan con la postura intencional, que se aplica a entidades con un comportamiento más complejo al atribuir creencias y deseos a estas entidades. Por ejemplo, podemos predecir que una jugadora de ajedrez moverá su dama a f7 si le atribuimos el deseo de ganar la partida y la creencia de que esa jugada lo logrará. El mismo procedimiento también puede aplicarse para predecir cómo se comportará una computadora de ajedrez. La entidad tiene la creencia en cuestión si esta creencia puede utilizarse para predecir su comportamiento. Tener una creencia es relativo a una interpretación, ya que puede haber diferentes formas igualmente buenas de atribuir creencias para predecir el comportamiento. Así que puede haber otra interpretación que predice el movimiento de la dama hacia f7 que no implica la creencia de que este movimiento ganará la partida. Otra versión del interpretacionismo se debe a Donald Davidson, que utiliza el experimento mental de la interpretación radical, en el que el objetivo es dar sentido al comportamiento y al lenguaje de otra persona desde cero sin ningún conocimiento del lenguaje de esta persona. Este proceso implica atribuir creencias y deseos al hablante. El hablante realmente tiene estas creencias si este proyecto puede tener éxito en principio.