miniatura|Fotografía de un niño muerto simulando estar dormido. miniatura|Sin simular.

La fotografía post mortem (también conocida como fotografía póstuma) es la práctica de fotografiar al recientemente fallecido para dejar su retrato conmemorativo para la posterioridad. Varias culturas usan y han usado esta práctica, aunque el área mejor estudiada de la fotografía post mortem es la de Europa y América. Puede haber una controversia considerable sobre si las primeras fotografías individuales muestran realmente a una persona muerta o no, a menudo agudizada por consideraciones comerciales.

La forma continuó la tradición de los retratos de duelo pintados anteriormente. Hoy en día, la fotografía post mortem es más común en los contextos del trabajo policial y patológico.

Antecedentes El hecho de fotografiar muertos tiene antecedentes prefotográficos en el Renacimiento, donde la técnica era el retrato por medio de la pintura en el llamado memento mori, frase en latín que significa "recuerda que eres mortal". En la historia del arte era utilizado para la representación de los difuntos; otra técnica de la época medieval donde se concebía que el fin era inevitable y había que estar preparados. La composición de retratos de muertos, especialmente de religiosos y niños, se generalizó en Europa desde el . Los retratos de religiosos muertos respondían a la idea de que era una vanidad retratarse en vida, por eso una vez muertos, se obtenía su imagen. En estos retratos se destacaba la belleza del difunto y se conservaba para la posteridad. Los retratos de los niños, en cambio eran una forma de preservar la imagen de seres que se consideraban puros, llenos de belleza y eran la prueba misma de que la familia del desafortunado niño, había sido elegida para tener un "angelito" en el cielo.MORALES Alatorre, Perla Y. Ritual de la “muerte niña” en México. (Finales del y principios del ). México, Tesis de licenciatura en Historia para la Universidad Nacional Autónoma Metropolitana-Iztapalapa, 2009.

La contemplación de la muerte y sus diferentes miradas a través del tiempo Desde épocas muy remotas el hombre se preocupó por realizar rituales funerarios, como signos distintivos de la vida transitoria del hombre. Entre los ejemplos representativos tenemos a la cultura del Antiguo Egipto que momificaba a los Faraones carentes ya de vida conservando así su apariencia para la eternidad. Los mayas por su parte inmortalizaban el rostro del difunto tallando máscaras de jade. En Europa apareció un ritual singular: se trataba del uso de la Máscara mortuoria, originalmente para nobles y monarcas en la Antigua Roma (en Egipto ya se tenía esa tradición al cubrir el rostro de los Faraones con máscaras) la práctica tenía como fin capturar los rostros de ilustres difuntos que en vida fueran hombres influyentes como: artistas, científicos y pensadores. En Europa apareció el grabado en lápidas con la figura del difunto, con tal de mantener la memoria física y táctil de los rostros. Fue en la época Renacentista y Barroca donde las representaciones mortuorias resultaban muy interesantes, frutos de una mirada diferente; a través del retrato post mortem se dejaba en claro el abandono de la representación del hombre como ideal, concepto heredado de la Antigua Grecia, para mostrar ahora al individuo de manera cruda, sin omitir defectos. Esta nueva visión llega con artistas como Rembrandt, cuyos retratos reflejaban las características antes dadas incluyendo la enfermedad, ni bien entrado el Barroco. También aparece en esta época el molde de escayola a partir de la cara del difunto, que se seguiría realizando hasta el .

Técnica de la fotografía mortuoria miniatura|izq|Fotografía post mortem de Víctor Hugo en 1885. miniatura|Fotografía post mortem de una chica muerta y sus padres miniatura|Fotografía post mortem del emperador Federico III de Alemania en 1888

Algunos retratos póstumos se caracterizan por los variados artilugios de los que se servían los fotógrafos para embellecer la imagen y despojarla de la crudeza de la muerte, intentando algún tipo de arreglo para mejorar la estética del retrato. En algunos casos se maquillaba al difunto o se coloreaba luego la copia a mano. Los difuntos, por otra parte, eran sujetos ideales para el retrato fotográfico, por los largos tiempos de exposición que requerían las técnicas del . En la toma de daguerrotipo la exposición seguía siendo tan larga que se construían soportes disimulados para sostener la cabeza y el resto de los miembros de la persona que posaba evitando así que esta se moviera.

Las fotografías de difuntos los muestran "cenando" en la misma mesa con sus familiares vivos, o bebés difuntos en sus carritos junto a sus padres, en su regazo, o con sus juguetes; abuelos fallecidos con sus trajes elegantes sostenidos por su bastón. A veces, agregaban elementos icónicos -como por ejemplo una rosa con el tallo corto dada vuelta hacia abajo, para señalar la muerte de una persona joven, relojes de mano que mostraban la hora de la muerte, etc. Los militares, los sacerdotes o las monjas eran, por ejemplo, usualmente retratados con sus uniformes o vestimentas características. La edad del pariente que acompañaba al difunto era el hito temporal que permitía ubicarlo en la historia familiar. Los deudos que posaban junto al muerto lo hacían de manera solemne, sin demostración de dolor en su rostro.

Los retratos mortuorios privados podían encuadrarse en tres posibles categorías según la manera en que se retrataba al sujeto: Simulando vida: en un intento por simular la vida del difunto se los fotografiaba con los ojos abiertos y posando como si se tratara de una fotografía común, por lo general junto con sus familiares. No es difícil notar cual es la persona sin vida ya que -entre otras diferencias-, al no tener movimiento alguno sale muy nítida en la imagen y no así sus familiares. Las tomas se solían retocar a mano usando coloretes o pintando los ojos sobre los párpados cerrados. Simulando estar dormido: por lo general se realizaba con los niños. Se les toma como si estuvieran descansando, y en un dulce sueño del cual se supone que despertarían. En algunos casos los padres los sostenían como acunándolos para aportar naturalidad a la toma. Sin simular nada: se les fotografiaba en su lecho de muerte, o incluso en el féretro. En este tipo de tomas se agregaban flores como elemento ornamental, que no existían en el resto de las fotografías post mortem. Ese tipo de fotografías también se les tomaban a los niños (sobre todo en el caso de México).

Por los años veinte o treinta del comenzaron a adoptarse nuevas tendencias que alcanzaron incluso la fotografía post mortem. De esta forma, los fotógrafos comenzaron a presentar a los muertos bajo nuevos ángulos y perspectivas: detalles de las manos o de otras partes del cuerpo, con desenfoques selectivos muy controlados y realizando primerísimos planos de ciertas zonas del fallecido, o bien imágenes muy cercanas al fotoperiodismo actual. Son tomas que en muchos casos resultan impresionantes por su dramatismo y cuidada iluminación.

De Europa a América Usos en América Latina thumbnail|Retrato de niña muerta rodeada de flores. En el , era una práctica muy común la fotografía post mortem. En un extracto de "El Nacional", un diario argentino de 1861 fundado por Dalmacio Vélez Sársfield, se publicaba que el fotógrafo Francisco Rave y su socio José María Aguilar... "Retratan cadáveres a domicilio, a precios acomodados...". Este tipo de publicaciones era la forma en que habitualmente promocionaban sus servicios los fotógrafos en el . En 1848, Tomas Helsby ofrecía este tipo de retratos al igual que Bartola Luigi con su socio Aldanondo Antonio, que en 1856 instalaron su estudio especializándose en retratos post mortem. Daviette, de nacionalidad francesa, en conjunto con el profesor Furnier ofrecían en Perú entre los años 1844-46, los servicios de fotografías de difuntos en la cual recalcaban con avisos en el diario local la posibilidad de inmortalizar al ser querido. En dichos avisos él mismo se anunciaba como "artista fotogénico" recién llegado de París, el cual se encargaba de "retratar los difuntos como cuadros al óleo". Otro fotógrafo importante que se destacó en este género fue el peruano Rafael Castillo, quien comenzó a trabajar en el estudio del estadounidense Villroy Richardson, uno de los cinco grandes estudios fotográficos de Lima; posteriormente se le cedió la dirección del estudio a Ignacio Lecca. Aún con el nuevo dueño, Castillo continuó dirigiéndolo como operador, mientras utilizaba con solvencia el mismo equipo y los recursos del estadounidense, aunque le cambió el nombre por el de "Fotografía Nacional". Este estudio demostró ser el segundo en Lima, después del de Courret, en equipamiento, sofisticación y comodidades. Castillo desarrolló nuevas tretas comerciales dirigidas a seducir clientes: gran variedad de servicios y nuevos productos, aparecieron las tarjetas de gabinete (mucho más grandes que las de visita), las imperiales, aún más grandes y las enormes ampliaciones de los negativos en las que las personas aparecían en tamaño natural. Introdujo también las copias al carbón y la producción de los barniztipos y la fotografía de fantasía, estas últimas hechas con accesorios y decorados extravagantes. La estética abordada en sus imágenes post mortem respondió a retratos frontales, de pie, en un espacio austero. Generalmente posaban ante su cámara personajes que no pertenecieron a la clase acomodada limeña.Garreaud, Fernando. La recuperación de la Memoria: El primer siglo de la fotografía. Perú 1842-1942.

En el caso de México, hubo varios fotógrafos que obtuvieron importantes colecciones fotográficas de “difuntos”, uno de ellos fue Juan de Dios Machain, fotógrafo jalisciense de quien se conocen más de 100 fotografías de este tipo. Retrataba “angelitos” ya fuera en su casa o su estudio, si la fotografía se tomaba en estudio, contaba con varios fondos especiales para la fotografía. En Guanajuato su contemporáneo Romualdo García, llegó a obtener miles de retratos de ese tipo -la mayoría de estudio-, su obra es tan amplia que en ella dejó un invaluable patrimonio en imágenes sobre costumbres y formas de vivir de la sociedad mexicana que lo rodeaba a principios de . Otra importante colección la obtuvieron los hermanos Casasola, importantes fotógrafos mexicanos que trabajaron a fines del y principios del .Morales. Op. Cit.

Fotografías de "Angelitos" thumb|180px|Fotografía del de un niño fallecido con flores. thumb|180px|Fotografía de una niña muerta en 1870.

El niño muerto fue objeto de culto en las diferentes culturas desde la antigüedad. El culto varía dependiendo de la época y la cultura de que se trate. Se les enterraba con juguetes u objetos de uso cotidiano. En la Europa medieval, además de monumentos funerarios se colocaban epitafios con notas biográficas y frases que expresaban la pesadumbre y el deseo de perpetuar la memoria del niño muerto, invitándolo a tomar su lugar en el coro de ángeles. Por eso a las fotografías post mortem de niños, a partir del se les llamó de "angelitos".

Existe una importante cantidad de fotografías de ese tipo, debido el alto índice de mortalidad infantil de dicha época, (la mayoría de los fallecimientos se debieron a los escasos recursos médicos en esos tiempos, como a la pobreza en muchos de los casos). Una familia común sumaban entre 8 y 10 hijos de los cuales solían fallecer la mitad. Tomando en cuenta ese contexto, las fotografías del niño fallecido junto a sus padres o hermanos, o simplemente el niño muerto, estaban comprensiblemente aceptadas.

Aspectos religiosos