Zaragoza es una de las cincuenta provincias de España, con capital en la homónima Zaragoza. Con una superficie de es la cuarta provincia más grande de España (después de las provincias de Badajoz, Cáceres y Ciudad Real). Ubicada en la comunidad autónoma de Aragón, limita al norte con Navarra y Huesca, al este con Lérida y Tarragona, al sur con Teruel, al suroeste con Guadalajara y al oeste con Soria y La Rioja, siendo junto a Burgos la provincia española que limita con más provincias (8).
Historia
Prehistoria Los diversos pobladores que han habitado la provincia de Zaragoza han ido dejando sus influjos ya desde la Prehistoria. En Caspe se encontró el hacha de mano de Cauvaca de hace unos 100 000 años. En la zona de Mequinenza se han encontrado y documentado toda la secuencia histórica desde el Paleolítico, Neolítico o Edad del Bronce pasando por diferentes etapas de transición que pueden verse en las cabañas de Riols datadas de hace unos 6000 años o la necrópolis de la Mina Vallfera de hace unos 3200 años aproximadamente. Como resultado de las excavaciones llevadas a cabo en los años 80 en Mequinenza se encontró un importante conjunto de cerámicas impresas y lisas, industria lítica tallada en sílex y útiles pulimentados junto con molinos de mano y elementos de adorno (brazaletes y cuentas de collar) que pueden verse actualmente en las salas de Prehistoria del Museo de Zaragoza.
En Mequinenza también pueden encontrarse evidencias del Calcolítico y de la Edad del Bronce con una importante muestra de arte rupestre disperso en abrigos y rocas de estilo esquemático o abstracto declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO dentro del Arte Rupestre Levantino (Sierra de los Rincones I, Barranco Plana I y II...). A estas expresiones artísticas se suman varios conjuntos de grabados prehistóricos con motivos labrados en la superficie rocosa (Vallmajor I, Mas de Fayonet, Vallperera...). Sin embargo, el conjunto arqueológico más representativo de Mequinenza y de todo el valle del Ebro es el de Los Castellets. El conjunto arqueológico, el yacimiento más representativo de la cultura de Campos de Urnas, está formado por un poblado con muralla y foso, una necrópolis tumular de incineración y una gran necrópolis tumular de inhumación e incineración, con materiales datados desde el Bronce Medio hasta bien entrada la Cultura Ibérica (entre el 1500 y el 500 a. C.). La existencia de ambos ritos funerarios a la vez lo convierte en un yacimiento único en toda la cuenca del Ebro que todavía no ha podido ser excavado a fondo. En la Edad de Hierro continúan ocupándose poblados y necrópolis como los yacimientos de los Brunos y el cabezo de Monleón en Caspe o el Roquizal en Fabara.
Época romana Con la llegada de los romanos (200 a. C.) se inicia la romanización de las tribus indígenas y la creación de nuevas ciudades romanas como la Colonia Iulia Victrix Celsa (actual Velilla de Ebro) o Caesaraugusta, Municipium Augusta Bíbilis o La Malena (Azuara). La provincia acoge un importante patrimonio romano que puede visitarse hoy en día como Los Bañales en Uncastillo o el Mausoleo de Lucio Emilio Lupo en Fabara.
Época musulmana Durante la época de dominación musulmana, las antiguas ciudades se reconvirtieron y se crearon nuevas asentamientos con castillos defensivos y recintos fortificados. Destaca por ejemplo el Conjunto Fortificado Islámico en Calatayud o la creación de nuevas poblaciones como Miknasa al-Zaytún (Mequinenza) o Hawara (Fabara) a partir de tribus nómadas llegadas desde África.
Edad Media miniatura|Castillo de Mequinenza Durante la Edad Media, a medida que el islam retrocedía debido a la Reconquista, los cristianos colonizan los nuevos territorios. En 1118, el rey Alfonso I el Batallador conquistó Zaragoza, que pasó a convertirse en una de las principales ciudades del Reino de Aragón. La conquista se extendió posteriormente por buena parte del territorio que actualmente corresponde a la provincia.
Durante los siglos XII y XIII se produjo la repoblación de numerosas localidades mediante fueros, cartas de población y concesiones de tierras. Se consolidaron núcleos como Tarazona, Borja, Daroca, Calatayud y Ejea de los Caballeros, que adquirieron funciones administrativas, comerciales y militares. Surgen los monasterios cistercienses como el de Veruela o el de Piedra así como numerosos castillos y construcciones medievales defensivas. Algunos de estos castillos como el de Uncastillo o el de Mequinenza son auténticos ejemplos de obras de ingeniería que quedaron legadas a la Corona de Aragón. Destaca en esta época también la pervivencia del arte mudéjar en campanarios y cimborrios. Esta arquitectura fue declarada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad en 2001.
Durante los siglos XIV y XV el territorio zaragozano quedó plenamente integrado en las estructuras políticas y jurídicas del Reino de Aragón y, desde 1164, de la Corona de Aragón. La ciudad de Zaragoza se consolidó como uno de los principales centros políticos del reino. Las Cortes de Aragón se reunieron en diferentes ocasiones en la ciudad y Zaragoza adquirió una importancia creciente como residencia real y centro económico.
El siglo XIV estuvo marcado por conflictos y crisis demográficas. La peste negra de 1348-1349 provocó una importante mortalidad y afectó a numerosas poblaciones aragonesas. Durante el siglo XV, Zaragoza experimentó un nuevo periodo de crecimiento y se convirtió en uno de los principales centros del Renacimiento aragonés. La presencia de la monarquía, la nobleza y las instituciones del reino favoreció la construcción de palacios, iglesias y edificios civiles.
Edad moderna miniaturadeimagen|257x257px|Fernando II de Aragón, "el Católico", nacido en la localidad zaragozana de Sos (actual Sos del Rey Católico). La unión dinástica de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón a finales del siglo XV no supuso la desaparición inmediata de las instituciones propias de Aragón. El territorio zaragozano continuó formando parte del Reino de Aragón dentro de la monarquía de los Austrias, sin embargo, Zaragoza mantuvo una posición destacada como centro político y económico, actuando como capital efectiva del reino y fue sede de importantes instituciones y acontecimientos políticos.
Durante el siglo XVI se produjeron tensiones entre las instituciones aragonesas y la monarquía. Uno de los episodios más importantes fueron las Alteraciones de Aragón de 1591, relacionadas con el conflicto entre Felipe II y el antiguo secretario real Antonio Pérez. El Justicia de Aragón, Juan de Lanuza el Mozo, fue ejecutado en Zaragoza en diciembre de 1591. Como consecuencia de la crisis, Felipe II impuso importantes modificaciones en las instituciones y fueros aragoneses.
La Guerra de Sucesión española tuvo importantes repercusiones en Aragón. En 1707, tras la victoria borbónica, Felipe V promulgó los Decretos de Nueva Planta, mediante los cuales se suprimieron buena parte de las instituciones y fueros propios de la Corona de Aragón. La desaparición de las instituciones del Reino de Aragón supuso un cambio fundamental en la organización política del territorio. La antigua Diputación del Reino desapareció y sus funciones fueron sustituidas por nuevas estructuras administrativas dependientes de la monarquía.
Siglo XIX miniaturadeimagen|246x246px|Pintura del "Asalto a Zaragoza", realizada por el polaco January Suchodolski. A comienzos del siglo XIX, el territorio de Zaragoza volvió a convertirse en escenario de importantes acontecimientos militares. Durante la Guerra de la Independencia española, Zaragoza sufrió dos sitios por parte de las tropas napoleónicas, en 1808 y 1809. La resistencia de la ciudad adquirió una gran importancia simbólica y tuvo consecuencias demográficas y materiales muy graves. La ciudad quedó prácticamente destruida y posteriormente tuvo que ser reconstruida.
La provincia de Zaragoza fue creada en el marco de la división provincial de España impulsada por el ministro Javier de Burgos. El 30 de noviembre de 1833 se aprobó el decreto de división territorial que organizó España en provincias. La nueva provincia de Zaragoza quedó integrada en la región de Aragón, junto con las provincias de Huesca y Teruel. Esta división constituye la base territorial de la provincia actual, aunque posteriormente se produjeron modificaciones menores.
La Diputación Provincial de Zaragoza quedó constituida en 1836, en aplicación del nuevo modelo administrativo liberal. La institución asumió competencias relacionadas con la administración provincial, obras públicas, beneficencia, educación y cooperación con los municipios.
Durante el siglo XIX, la provincia estuvo afectada por las guerras carlistas y por los conflictos políticos derivados de la construcción del Estado liberal. Zaragoza, debido a su posición estratégica, tuvo además una importante presencia militar.
La llegada del ferrocarril convirtió Zaragoza en uno de los principales nudos ferroviarios del nordeste de España. La conexión con Madrid, Barcelona, Navarra y otras zonas de Aragón favoreció el comercio y la industrialización. La ciudad de Zaragoza experimentó un importante crecimiento urbano y comenzó a consolidarse una burguesía comercial e industrial. El proceso estuvo acompañado por el desarrollo de nuevas infraestructuras, industrias y servicios. En el resto de la provincia, la agricultura continuó siendo la principal actividad económica. Los cultivos de cereal, vid, olivo y otros productos agrícolas tenían un peso importante, mientras que determinadas zonas desarrollaron industrias agroalimentarias.
Siglo XX La industrialización se aceleró gracias a las comunicaciones ferroviarias y al crecimiento de actividades relacionadas con la transformación de productos agrícolas. La capital acogió además la Exposición Hispano-Francesa de 1908, acontecimiento que simbolizó la modernización económica y urbana de Zaragoza.
La proclamación de la Segunda República en 1931 produjo importantes cambios políticos y sociales. En Zaragoza y en otras localidades de la provincia se desarrollaron movimientos obreros, republicanos, socialistas y anarquistas. miniaturadeimagen|Casas destruidas en la localidad de Belchite después de la batalla (1937). El inicio de la Guerra Civil española en 1936 tuvo consecuencias decisivas para la provincia. Zaragoza quedó rápidamente bajo control de las fuerzas sublevadas y se convirtió en uno de los principales centros militares y logísticos del bando franquista en Aragón. En 1937 se produjo la ofensiva republicana de Zaragoza, que pretendía recuperar la ciudad y alterar el frente aragonés, pero no consiguió su objetivo. La guerra afectó profundamente a numerosas localidades de la provincia, tanto por la movilización militar como por la represión política y las consecuencias económicas. La batalla de Belchite (1937) fue uno de los principales enfrentamientos de la Guerra Civil española en la provincia de Zaragoza, desarrollada entre agosto y septiembre de 1937 y que dejó la localidad gravemente destruida, conservándose aún sus restos.
Durante la dictadura franquista, la provincia experimentó una importante transformación económica y demográfica. Zaragoza se consolidó como uno de los principales centros industriales del nordeste de España. El crecimiento de industrias, servicios e infraestructuras provocó una fuerte migración desde las zonas rurales de la propia provincia y de otras áreas de Aragón y España hacia la capital. Durante las décadas de 1950, 1960 y 1970 se produjo un importante proceso de éxodo rural. Numerosos municipios rurales perdieron población mientras Zaragoza y algunos núcleos industriales aumentaban considerablemente su tamaño. El desarrollo de nuevos barrios y polígonos industriales transformó profundamente la estructura urbana de la capital. Paralelamente, la mecanización agrícola redujo las necesidades de mano de obra en muchas zonas rurales.