miniaturadeimagen|245px|Mapa esquemático donde se representan, sin sus variantes regionales, los tres dialectos del español presentes en la mitad austral de América del Sur, según uno de varios esquemas.Se advierten las mixturas entre las variantes chilena —en color pardo—, rioplatense o argentina —en fucsia—, y andina —en amarillo—.
El español de Chile, castellano chileno o dialecto chileno (es-CL)es-CL es el código de idioma para el español chileno, definido por el estándar ISO (ver ISO 639-1 e ISO 3166-1 alpha-2) y STD. es la variedad del español propia de dicho país que suele considerarse una unidad independiente en los estudios para establecer las zonas dialectales americanas. Presenta ciertas diferencias a lo largo de su área de distribución geográfica, y entre las distintas clases sociales y generaciones. El español, el idioma oficial de facto y la lengua administrativa de ChileEl español es la lengua administrativa de Chile por haber sido parte de la Corona de Castilla durante la publicación de los Decretos de Nueva Planta. —donde también recibe el nombre de «castellano», reminiscencia de la denominación original del español—, es hablado por el 99,3 % de los chilenos (2002). En el país también se hablan, en menor medida, el español andino y el español chilote.
En zonas limítrofes de Argentina con Chile, se puede escuchar a los hablantes expresarse con una pronunciación y entonación similares a las del español chileno y algunas palabras de él; sin embargo, pese a las semejanzas, el uso del idioma, gran parte del léxico y las estructuras utilizadas corresponden totalmente al español rioplatense. Esta situación se registra principalmente en la región geográfica argentina de Cuyo, particularmente en la ciudad de Mendoza, mientras que en la Patagonia chilena se mezclan rasgos chilenos con otros chilotes y rioplatenses.
Pese a que en el ámbito doméstico se registran simultáneamente casi todas las particularidades que se describen más adelante, en situaciones formales las diferencias con el «español estándar» son menores y suelen restringirse a la pronunciación y al léxico.
Formación del español de Chile Antecedentes De acuerdo con la teoría lingüística andalucista, la más aceptada desde las últimas décadas del en adelante, el español de Hispanoamérica es fruto de la convergencia de diversos dialectos del español de España hacia un dialecto común o «español koiné», entre los que el andaluz fue el más influyente.
Los argumentos que fundamentan esta teoría son tanto internos (lingüísticos) como externos (sociodemográficos): Sobre los aspectos lingüísticos, los fenómenos característicos del «español koiné» (el seseo, el yeísmo, la aspiración de /-s/ implosiva, la síncopa de /-d-/ intervocálica, la glotalización de /x/, la neutralización de la oposición de las líquidas /-l, -r/ implosivas, y la neutralización de los pronombres «vosotros/ustedes», entre otros) han sido documentados en el dialecto andaluz antes del , lo que indica que no surgieron en América en evolución paralela al andaluz —como propugnaba la tesis antiandalucista— ni son fruto del contacto con las lenguas de sustrato —como defendían los sustratistas a principios del —, sino que fueron importados a América por hablantes del sur de España. En cuanto a los aspectos sociodemográficos, de acuerdo con los datos aportados por Peter Boyd-Bowman, de los 54 881 emigrados a América desde puertos españoles en el periodo 1493-1600, 20 229 (36,9 %) procedían de Andalucía —porcentajes de andaluces según los periodos: 39,7 % (1493-1519), 32,0 % (1520-1539), 36,1 % (1540-1559), 37,2 % (1560-1579) y 42,2 % (1580-1600)—; respecto de las mujeres, eran naturales o vecinas de la ciudad de Sevilla «una de cada dos» en el periodo 1493-1519 y «una de cada tres» en el periodo 1540-1560.
Posteriormente, en Hispanoamérica se inició una etapa de regionalización, marcada por la divergencia del «español koiné» hacia distintas variedades dialectales.
Desarrollo El periodo inicial de convergencia hacia una variedad koiné comenzó en Chile con la llegada de los españoles y tuvo una duración aproximada de sesenta años, según estimaciones de Germán de Granda.
Según los datos recopilados por Boyd-Bowman, en el periodo 1540-1600 Chile atrajo a 1830 colonos —de ellos, 180 ya se encontraban en América en el periodo 1520-1539, antes de que comenzara la conquista de Chile: «116 llegaron con la expedición original de Valdivia y otros 64 [...] entraron a Chile más tarde, principalmente en 1549 y 1557 con don García Hurtado de Mendoza»—. En el periodo 1540-1559 «Chile atrajo el más alto porcentaje de castellanos nuevos y el más bajo de andaluces [emigrados a América]» y «Santiago, después de Asunción, [fue] la ciudad con mayor porcentaje de extranjeros[: 16 no españoles]». En cuanto a las mujeres, en el periodo 1579-1600 Chile recibió a 23, «prácticamente todas ellas sevillanas».
El periodo posterior de regionalización, o de divergencia de la variedad koiné hacia una variedad dialectal, implicó en Chile: un proceso de vernacularización, que hizo que el «español koiné» se tiñera de características particulares fruto de la especial composición demográfica de la región y, más tarde, un proceso de estandarización tardía, que hizo retroceder fenómenos poco valorados socialmente, reemplazándolos por variantes de prestigio. En el caso de Chile, la estandarización tardía explica, por ejemplo, el retroceso de la glotalización de /x/ hacia una variante velar palatalizada y la restricción de la neutralización de líquidas a zonas rurales o a variedades sociolectales bajas.
El español de Chile es considerado una unidad independiente en los estudios para establecer las zonas dialectales americanas y «un producto genuino e inimitable por el resto del universo lingüístico del español». En 2021 el periódico español El Mundo lo describió como «el más difícil de clasificar, el más reconocible por su melodía, por sus modismos y por lo que tiene de disruptivo».
Variantes Teniendo en cuenta el vocabulario —que presenta ciertas diferencias a lo largo de su área de distribución geográfica, y entre las distintas clases sociales y generaciones—, el español de Chile se divide en cuatro zonas: nortina («[donde] existe una leve influencia del quechua»). central (donde se encuentra la capital chilena, Santiago, «principal centro de irradiación cultural»). sureña («[donde] proliferan las voces de origen mapuche, poco conocidas, o desconocidas, en la zona central»). chilota («la más relevante [...] por el carácter arcaico de su lengua»).
Existen diferencias sobre todo de entonación en el nivel fónico, mientras que no hay mayor variación en el nivel morfosintáctico.
Fonética y fonología
Desde la independencia de Chile, en el ámbito fonológico «se puede observar un aumento paulatino del yeísmo [...], fuera de la aspiración de la /s/ ante consonante [...], su pérdida cada vez mayor en posición final de una palabra [...], y la aparición de una variante del fonema que representamos con la letra <ch>, pronunciada más o menos como la <sh> del inglés».
Fenómenos compartidos con la mayoría de las variedades del español El seseo: indistinción entre los sonidos /s/ (fricativa alveolar sorda) y /θ/ (fricativa dental sorda), representados por las grafías «s» y «ce/ci, z», respectivamente; lo que produce algunos homófonos («abrasar - abrazar», «casa - caza», «cima - sima», «cocer - coser», por ejemplo). El primer sonido, [s], se pronuncia en todos los casos. Este fenómeno lingüístico se originó en el reajuste de las sibilantes ocurrido entre los siglos y . El yeísmo: indistinción entre los sonidos /ʎ/ (aproximante lateral palatal sonora) y /ʝ/ (fricativa palatal sonora), representados por las grafías «ll» y «y», respectivamente; lo que produce algunos homófonos («baya - valla - vaya», «calló - cayó», «aya - halla - haya», «holló - oyó», por ejemplo). El primer sonido, [ʎ], aparece solo en un número muy reducido de hablantes bilingües —las lenguas autóctonas aimara, mapuche y quechua cuentan con este fonema— y entre personas de edad avanzada de la Región de Ñuble. En el resto del país se ha neutralizado la diferencia entre ambos fonemas, y la realización más frecuente es la de [ʝ]; entre las otras pronunciaciones encontradas en Chile, se cuentan [j] (aproximante palatal sonora), más frecuente en el norte del país; y [d̠͡ʒ] (africada postalveolar sonora).
Fenómenos compartidos con algunas variedades La aspiración de la «s» en posición implosiva; es decir, al final de una sílaba. Por ejemplo, «estas manos» se pronuncia ['eh.tah 'mã.noh ]. La aspiración, evitada a veces en el habla formal, tiene un sonido como en la mitad sur de España. La síncopa de la «d» intervocálica, sobre todo en las terminaciones «-ado, -ada», «-ido, -ida», y la elisión de la «d» al final de palabra, como en la mitad sur de España y en otras de las llamadas «hablas de las tierras bajas», en el lenguaje coloquial: «salado» se pronuncia [sa'la.ð̞o] o [sa'la.o] y «salada», [sa'la.ð̞a], [sa'la:] o [sa'la]; «realidad» se pronuncia [reali'ðað̞] o [reali'ða].
Fenómenos compartidos con pocas variedades El grupo «tr-» se pronuncia como [t͡ɹ̝̥] (africada retrofleja sorda), sonido que se considera inculto, pero que a principios del ya se registra en amplios sectores de la sociedad. Lingüistas como Rodolfo Lenz postulaban que este rasgo se debía a la interferencia del mapudungun, que tiene este sonido como un fonema aparte; sin embargo, la teoría en boga, defendida por Amado Alonso en tiempos de Lenz, afirma que se trataría de un fenómeno no propio, ya que se puede encontrar también en el español paraguayo, el español del nordeste argentino y, menos estridentemente, en el español andino, español costarricense y español mexicano. La fricativización del sonido /t̠͡ʃ/ (africada postalveolar sorda), «ch»; es decir, se pronuncia [ʃ] (fricativa postalveolar sorda), «sh», como en la región meridional de Andalucía occidental, zonas ribereñas del Caribe y el noroeste de México. Ocurre en los estratos menos educados de la población y en zonas rurales de todo Chile de forma general y está fuertemente estigmatizado. El sonido [ʃ] se evita incluso al decir palabras originadas en otras lenguas cuya pronunciación correcta es con dicho sonido —por ejemplo, muchos dicen «suchi» (sut̠͡ʃi) por «sushi» (suʃi), para no ser clasificados como pronunciadores de [ʃ] y evitar el estigma asociado— o al pronunciar otros idiomas, como el inglés «show» o el francés «Michelle».
Otros fenómenos Por ultracorrección, y para evitar el poco prestigioso sonido /ʃ/, hay quien pronuncia la africada postalveolar sorda, /t̠͡ʃ/, como una africada sorda con oclusión prolongada [tt͡ʃ]. La prótesis de [ɣ] (fricativa velar sonora) ante los diptongos /wa/, /we/ y /wi/, por ejemplo: «huaso», ['ɣwa.so] ('guaso'), «huevo», ['ɣwe.β̞o] ('güevo'), «huincha», ['ɣwin.t͡ʃa] ('güincha'). Además de [b] (plosiva bilabial sonora) y [β̞] (fricativa bilabial sonora), el fonema /b/ tiene el alófono [v] (fricativa labiodental sonora), según se ha registrado en el habla de Concepción, cuya existencia ha sido negada en el idioma español. La palatalización de las plosivas y fricativas velares sordas y sonoras; es decir, los sonidos /k/, /g/, /x/ y /ɣ/ se pronuncian [c], [ɟ], [ç] y [ʝ], respectivamente, delante de las vocales anteriores «e/i»: «queso», ['ce.so], «guitarra», [ɟi't̪a.ɹa], «jefe», ['çe.fe], «mi guitarra», [mi.ʝi't̪a.ɹa] (en este último caso, la «g» intervocálica en las sílabas «-gue» y «-gui», al pronunciarse fuertemente con el paladar, se parece mucho a la y común castellana).Otras fuentes indican que es un fenómeno general debido a la distribución complementaria o coarticulación (en el español chileno, las consonantes velares suelen realizarse palatalizadas; cuando estas se combinan con las vocales palatales e/i, el resultado es una variante más adelantada de lo que se puede encontrar en otras variedades dialectales).
Morfología y sintaxis