La historia del cómic en España puede remontarse muy atrás en el tiempo, dependiendo de lo que se entienda por historieta. Por ello, y al igual que sucede en otros países europeos, existe una fuerte controversia sobre cuál fue el primer cómic autóctono, llegándose a citar las Cantigas de Santa María, realizadas probablemente entre 1260 y 1270 por el taller de Alfonso X el Sabio como tales. En cualquier caso, y en forma de una tradición ininterrumpida que llega hasta nuestros días, el cómic español parte de mediados del y gozó de sus años dorados en los años 1940 y 1950, además de un boom entre finales de los 1970 y mediados de los 1980.Salado, Ana en De "Mortadelo y Filemón" a la robótica para ABC, Madrid, 23 de noviembre de 1983, pp. 56 a 57. 250px|thumb|Primer número de Dominguín (1915).
Las aleluyas (siglos y ) Habrá que esperar hasta el para que se produzcan en España, las primeras aleluyas o auques (del catalán: auca) y estampas con una estructura de viñetas,La estampa popular en el siglo XVII por Valeriano Bozal que algunos teóricos consideran el origen de la historieta en España,Como Parramón, José Mª. en Cómo dibujar historietas, Parramón Ediciones, S. A., 1966, p. 25. aunque la mayoría consideran la historieta como un producto cultural de la modernidad industrial y política occidental que surgió en paralelo a la evolución de la prensa escrita como primer medio de comunicación de masas, por lo que buscan la primera historieta española entre las reproducidas en ella.
Primeras historietas en prensa (1857-1909) 250px|thumb|Historieta cómica de Tomás Padró. Se identifica como la primera historieta española a la "Historia de las desgracias de un hombre afortunado" (1857), del militar vasco afincado en Cuba Víctor Patricio de Landaluze (Bilbao, 1827-Guanabacoa, 1889),Véase el artículo dedicado a él por Richard Neumann, con numerosos datos biográficos y bibliográficos desde su vida y obra en Cuba: "Víctor Patricio de Landaluze. Su obra y su época", revista Arquitectura (La Habana), año XVIII, nº 206, septiembre de 1950, págs.422-427, digitalizado en Galería Cubarte. Hemeroteca . publicada en el n.º 6 (20-IX-1857) de La Charanga, una revista cubana, que entonces era territorio español.Sobre ello véase el importante artículo de M. Barrero citado a continuación, con ilustración de la misma y amplia bibliografía. En la España peninsular, los primeros ejemplos encontrados no son anteriores a 1864, citándose a autores como Luis Mariani Jiménez en Sevilla o Salustiano Asenjo en ValenciaBARRERO, Manuel en "El bilbaíno Víctor Patricio de Landaluze, pionero del cómic español en Cuba", en la revista Mundaiz (Universidad de Deusto) nº 68, San Sebastián: Universidad de Deusto, 2004, pp. 54. y, ya en los setenta, a Francisco Cubas, Tomás Padró y José Luis Pellicer. Publicaban en revistas satíricas como La Flaca (1869-1876) y sobre todo El Mundo Cómico (1873).
Pronto hubo recopilaciones en álbumes como los de Francisco Ortego, Apeles Mestres ("Granizada", 1880 y "Cuentos vivos", 1882), J. Passos, Ramón Escaler, Ángel Pons, Xaudaró o Navarrete,Martín, Antonio en una Una obra maestra de la Cultura Catalana, prólogo a "Cuentos vivos", Colección Patrimonio de la Historieta, Ediciones Glénat, 12/2007, p.5 destacando también otros autores como Joan Llopart, Mecáchis, José Pando o Antoni Utrillo.
A principios del , surgen revistas infantiles como Monos y En Patufet, de 1904, donde destacan autores como Junceda, y suplementos como Gente Menuda (1906) del diario ABC, además de la argentina Caras y Caretas con abundante colaboración española.
Un nuevo lenguaje (1910-1937) El investigador Antonio Martín, cuya labor es fundamental para conocer este período, considera la serie El suero maravilloso de Robledano publicada en 1910 en la revista para niños "Infancia" como la primera historieta española con globos de diálogo.Martín, Antonio en Historia del comic español, 1875-1939, Editorial Gustavo Gili, Barcelona, 1978. Estaban surgiendo entonces multitud de revistas infantiles como Dominguín (1915), Charlot (1916) y sobre todo TBO (1917), la primera que gozó de gran difusión (220.000 ejemplares en 1935)Martín (01/1968), p. 10. y que, a la postre, generó el nombre con el que se ha conocido al medio en España. Entre sus autores, destacan Ricard Opisso y Manuel Urda Marín. Otros tebeos importantes son los también barceloneses B.B. (1920), el primero dedicado a chicas, Pulgarcito (1921) de la editorial El Gato Negro y "Virolet" (1922), en lengua catalana; los madrileños "Chiquilín (1924) y "Pinocho" (1925) y el valenciano Los Chicos, en el que destacó Juan Pérez del Muro. miniaturadeimagen|«La suerte. Historieta», por Bluff (Gutiérrez, 1929)
K-Hito y Miguel Mihura desarrollaron historietas con un nuevo humor, más absurdo y moderno, en revistas para adultos como Gutiérrez (1927) e infantiles como Macaco (1928) y Macaquete (1930).
Es en los años 1930 cuando el tebeo inició su popularización en España, al compás de los cambios sociales y el auge editorial, sumado a la introducción del material clásico estadounidense en revistas como Yumbo (1934), Aventurero (1935) y La revista de Tim Tyler (1935) de Hispano-Americana de Ediciones, Mickey (1935) de Editorial Molino y Cine Aventuras (1936) de Editorial Marco.Martín (2004), p. 17. Debido a esta influencia, las aventuras autóctonas se alargan y surgen autores de grafismo realista como Francisco Darnís, Salvador Mestres, Riera Rojas y Jaime Tomás, que se unen a los de grafismo caricaturesco, como José Cabrero Arnal o Arturo Moreno. Otras revistas importantes, pero más minoritarias, son "Pocholo" (1931) y KKO (1932).
Finalmente, durante la guerra civil española, se lanzaron publicaciones propagandísticas en ambos bandos, como Pelayos (1936), Flecha (1937), Pionero Rojo (1937) o Pionerín (1937), aunque en 1938 dejan de editarse las principales revistas barcelonesas.Escudero, Vicente en "40 años de censura infantil" de Totem nº 6, Editorial Nueva Frontera, S. A., Madrid, 1978, pp. 4, 5, 41 y 49.
El conflicto bélico supuso que muchas familias abandonaran el país, lo cual afectaría también a la historia del cómic, al partir un infante Sergio Aragonés de su Castellón natal y terminar convirtiéndose en una de las mayores figuras del mercado estadounidense siendo ya adulto; y hacer lo propio Quino de su natal Fuengirola, quien se convertiría pasados los años en uno de los máximos exponentes de la historieta en Argentina. Esta “fuga de cerebros” se extendió durante toda la posguerra, pudiendo citarse ejemplos posteriores, como el de José Luis García López.
La España del tebeo (1938-1967) thumb|Francisco Ibáñez. Durante la posguerra, la historieta española se convierte en el medio más popular del país,Porcel (2002), 69-70. hasta tal punto que Luis Gasca llegó a escribir que «el tebeo en España alcanza sus años dorados, del 40 al 50, que ya nunca volverá a conocer».Citado por Parramón, José Mª. en Cómo dibujar historietas, Parramón Ediciones, S. A., 1966, p. 26. Era entonces una lectura barata, que incluso llegaba a alquilarse por diez céntimos en los barrios, y serían los miembros de las clases populares los que se dedicarían profesionalmente a ella en los siguientes años.Tubau, Iván y Carlos Giménez en "Conversación en Premiá de Mar", publicada en Un hombre, mil imágenes nº 1. Norma Editorial. 1982, p. 23.
Sin embargo, la historieta tuvo que sortear una serie de dificultades: Desde 1941, solo aquellas editoriales autorizadas por la Vicesecretaría de Educación Popular de FET y de las JONS, adscrita como Subsecretaría en 1945 al Ministerio de Educación Nacional, podían acceder a las cuotas de papel necesarias, dadas las carencias económicas del país.Martín (02/1968), pp. 65 a 67. Tras la regulación de los permisos para publicaciones periódicas en 1951,Porcel (2002), 70. el Gobierno esperaba que la historieta —convertida ya en un medio de comunicación de masas—Gubern, Roman en "La edad de oro de las historietas cómicas" para Historia de los Cómics, 1983, p. 480, de Toutain Editor. actuara como difusora de su ideología, de tal forma que los españoles de la época nunca vieron a Popeye, Flash Gordon o Superman luchar contra las Potencias del Eje. Con el Decreto de 24 de junio de 1955 sobre ordenación de la prensa infantil y juvenil se limitó al 25% la presencia de material extranjero en los tebeos, pero empezó también a aumentarse sobremanera la censura,Vázquez de Parga, Salvador en "El comic realista español desde 1950 hasta los últimos años 60" para Historia de los Comics, 1983, p. 497, de Toutain Editor. la cual afectó en primer lugar a las series cómicas que hacían mofa de la institución familiar como Doña Tula, suegra de Escobar.Porcel (2002), 77-79. En 1962 nace la Comisión de Información y Publicaciones Infantiles y Juveniles, cuyo secretario general, el Padre Jesús María Vázquez carga contra la violencia de las series de acción, contribuyendo a la desaparición de los cuadernos de aventurasPorcel (2002), 79-82. y prohibiendo en 1964 las series de superhéroes. Finalmente, los autores son meros empleados con contratos a menudo leoninos que les obligan a producir a destajo y a los que se niega la propiedad de sus personajes.Situación resuelta posteriormente por diversas sentencias de los Juzgados de Primera Instancia de Valencia, por las que se reconocía la autoría de Pumby y El Guerrero del Antifaz a José Sanchis Grau y Manuel Gago, respectivamente.
En general, el desarrollo del medio en esta época tiene cuatro vertientes bien diferenciadas:
El tebeo de aventuras Desarrollado a partir de referentes norteamericanos (tiras de prensa como Flash Gordon, Jorge y Fernando y El Hombre Enmascarado, principalmente,Porcel (2002), 72. así como el cine clásico de Hollywood)Porcel (2002), 190-92. su punto de partida puede hallarse en revistas como Flechas y Pelayos y sobre todo Chicos (1938), donde se dan a conocer Emilio Freixas y Jesús Blasco con su Cuto.
La Editorial Valenciana implanta poco después el cuaderno de aventuras con series tan populares como Roberto Alcázar y Pedrín (1940) de Eduardo Vañó, y El Guerrero del Antifaz (1944) del prolífico Manuel Gago, destacando, por su factura gráfica, Silac, el Hombre-León (1945), de Enrique Pertegás.Porcel (2002), 102-103. En 1947, nuevas revistas de Bruguera, como Pulgarcito y El Campeón incluyen también series de aventuras, como El Inspector Dan de la Patrulla Volante de Eugenio Giner, Silver Roy de Bosch Penalva y Dr. Niebla de Francisco Hidalgo. Clíper lanza El Coyote, con guiones del propio Mallorquí, y Toray, Hazañas Bélicas (1948) de Boixcar.
Ya en los 50, logran un gran éxito El Cachorro (1951) de Iranzo; Aventuras del F.B.I. (1951) de Luis Bermejo; Diego Valor (1954) de Jarber/Buylla/Bayo; Red Dixon (1954) de Joaquim Berenguer Artes/Martínez Osete; Mendoza Colt (1955) de González Casquel/Martín Salvador y sobre todo, El Capitán Trueno (1956) de Mora/Ambrós, que llega a vender hasta 350000 tebeos semanalesJohn M. Burns y Víctor Mora en Cómo nació El Capitán Trueno - La reina bruja de Anubis, Ediciones B, Barcelona, 1991, ISBN 84-406-2302-X. y provoca, con su éxito, que se desdramaticen las aventuras, ganando en tono festivo.Porcel (2002), 75. Otros títulos destacados de esta década son El capitán Pantera (1954) de Carrillo, El mundo futuro (1955) de Boixcar y Hazañas de la juventud audaz (1959) de Matías Alonso.
Manuel Gago, por su parte, fundaría en 1951 la Editorial Maga, dando pie a series como El Capitán España (1955), dibujada por Gago con guion propio y de su hermano Pablo Gago, y principalmente Pantera Negra (1956), Apache (1958) y Bengala (1958), estas tres últimas escritas por Pedro Quesada y dibujadas, respectivamente, por José Ortiz, Luis Bermejo y Leopoldo Ortiz.