Juan Bravo Murillo (Fregenal de la Sierra, 9 de junio de 1803Vida de Juan Bravo Murillo , sitio web oficial del Ayuntamiento de Fregenal de la Sierra.-Madrid, 10 de enero de 1873) fue un político, jurista, teólogo y filósofo español de ideología liberal. Perteneció al Partido Moderado y ocupó diferentes cargos políticos durante el reinado de Isabel II.

Durante la Década moderada destaca su participación al frente de diferentes carteras ministeriales, como Justicia, Fomento y Hacienda; sobresaliendo sobre todos sus cargos políticos su etapa como presidente del Consejo de Ministros (1851-1852).

Tras la llegada del partido progresista al poder en 1854 con la revolución propiciada por el general O'Donnell, Bravo Murillo sería apartado de la primera línea de la política nacional, destacando solo su papel, durante los primeros años de gobierno de la Unión Liberal, como presidente del Congreso de los Diputados en 1858.

Origen (1803-1815) alt=|izquierda|miniaturadeimagen|333x333px|Fregenal de la Sierra, localidad donde nació Bravo Murillo el 9 de junio de 1803. El 9 de junio de 1803 nacía en Fregenal de la Sierra —por entonces en Sevilla, actualmente provincia de Badajoz— Juan Bravo Murillo, hijo de Vicente Bravo Méndez y de María Manuela Murillo y Ortega, en un modesto hogar en la calle la Jara (actual calle Bravo Murillo). Un niño que, al ser bautizado al día siguiente en la parroquia de Santa Ana, recibiría el nombre de Juan Manuel José Primo Bravo Murillo Méndez. Cabe destacar que la casa de su nacimiento, donde hoy sobresalen varias placas de reconocimiento al insigne político por parte de su ciudad natal y del Cabildo Insular de Gran Canaria, no pertenecía a la familia de los Bravo, sino que era un edificio utilizado como escuela por el padre de Bravo Murillo, Vicente Bravo Méndez, donde se impartían lecciones de latín a los niños. Dicha escuela seguiría en uso hasta bien entrado el siglo . En la actualidad es sede de la Casa de la Cultura de Fregenal.

Estudios (1815-1825)

Se inició en los estudios de filosofía, con tan solo doce años, en las dependencias educativas del Convento de San Francisco en Fregenal, un edificio muy cercano a su casa de nacimiento. Dos años más tarde se trasladaría a continuar sus estudios a Sevilla, ciudad de la que dependía políticamente Fregenal, donde acabaría sus estudios de filosofía en tan solo un año, ya que había cursado los dos primeros en su ciudad natal. En los cinco años que permaneció en la Universidad de Sevilla, que van desde octubre de 1815 a 1820, no solo terminaría sus estudios en filosofía, sino que cursaría también los estudios de teología y comenzaría con los estudios de derecho, que le llevarían posteriormente a trasladarse a Salamanca. Cuando llegó Bravo Murillo a la universidad hispalense, esta era considerada la segunda en importancia en España, tanto por la selección de profesores como por número de alumnos. Si bien es cierto que las enseñanzas de materias más innovadoras habían quedado estancadas en aquella época.

Los constantes cambios políticos acontecidos durante la época, que se ponían especialmente de acento en tierras andaluzas, obligaron a Bravo Murillo a trasladarse en 1820, coincidiendo con el pronunciamiento del coronel Riego en las Cabezas de San Juan, a la Universidad de Salamanca, donde pondría punto final a sus estudios de Derecho y donde se licenció finalmente en 1825.

Carrera profesional (1825-1836)

Al terminar sus estudios Bravo Murillo volvería a trasladarse a Sevilla, con la intención de impartir clases en la universidad hispalense, donde empezaría a dar lecciones de filosofía en octubre de 1825. Permaneció en su cátedra durante nueve años, hasta 1834, si bien es cierto que ya podía disfrutar por aquel entonces de su propio bufete de abogados en Sevilla, lo que obligaba a Bravo Murillo a derivar sus funciones, en ocasiones, en su hermano José Joaquín.

Este despacho traería mucha fama en Sevilla al joven abogado frexnense, donde en 1831 lograría una sonada victoria. Su reputación le llevaría a que, a la muerte de Fernando VII, fuera nombrado, en 1834, fiscal de la Audiencia Provincial de Cáceres, por el ministro de Gracia y Justicia, Nicolás María Garelly, que ejercía su cartera dentro del gabinete moderado de Martínez de la Rosa.

La Audiencia Provincial de Cáceres había sido creada durante el reinado de Carlos IV, e impartía justicia a toda la región extremeña, a la que había sido adscrita Fregenal de la Sierra, lugar de nacimiento de Bravo Murillo, tras la reforma territorial de 1833 por el gobierno de Francisco Cea Bermúdez, por la que Fregenal pasaba a formar parte de la provincia de Badajoz. Muy posiblemente esta sería una de las causas por las que el afamado abogado había aceptado el cargo, además de por tratarse de un cargo de alto puesto en la sociedad.

Permanecería en la audiencia cacereña hasta 1835, cuando por orden del ministro Álvaro Gómez Becerra, debía trasladarse a la Audiencia de Oviedo, lo que suponía un retraso en su carrera, pues la audiencia de Oviedo era considerada de menor rango que la de Cáceres. Ante esta situación el entonces fiscal decidió renunciar a su cargo y trasladarse a Madrid.

Una vez instalado en la capital de España, comenzaría a abrirse camino en su profesión como abogado, pese a no contar con la fama con la que se había hecho durante su estancia en Sevilla. De esta etapa cabe destacar su iniciativa, que apoyada por su amigo y compañero de profesión Joaquín Francisco Pacheco, llevaría a los dos próximos políticos de relevancia a fundar el Boletín de Jurisprudencia y Legislación en 1836, un periódico que buscaba ser, al mismo tiempo, de carácter teórico y práctico, insertando en él trabajos doctrinales sobre derecho en sus distintas ramas y, al mismo tiempo, la legislación y las resoluciones judiciales, cuyo conocimiento era tan necesario para los abogados.

Inicios en la política (1836-1843)

miniatura|200px|Baldomero Espartero expulsaría a la regente María Cristina de Borbón, haciéndose con el máximo poder nacional. Bravo Murillo abandonaría entonces momentáneamente la política.

Caído en el mes de mayo de 1836 el Gobierno presidido por Mendizábal, se crearía un gabinete encabezado por Francisco Javier Istúriz que, unido a Alcalá Galiano, pretendía dar la vuelta a las políticas progresistas del anterior gobierno, y pasar a realizar todo tipo de medidas de corte moderado. En este gobierno entró a formar parte como ministro de Gracia y Justicia el antiguo profesor de Bravo Murillo en la Universidad de Salamanca, Barrio Ayuso. El nuevo ministro quiso contar con la colaboración de su amigo y discípulo en el ministerio, ofreciéndole un cargo de oficial que no dudó en aceptar.

Istúriz, buscando la mayoría en el Congreso de los Diputados, que por entonces caía del bando progresista, consiguió que la regente María Cristina de Borbón firmase un decreto de disolución de las Cortes, convocándose nuevas elecciones en 1837, en las que Bravo Murillo se presentaría como candidato del Partido Moderado por Sevilla. Pese a ser elegido como diputado no llegaría a ocupar su escaño, ya que el ejército protagonizaría un motín en La Granja que obligó a la regente María Cristina a destituir el gabinete de Istúriz y a poner en vigor de nuevo la Constitución de Cádiz.

Por otra parte se crearía un nuevo Gobierno, presidido por el doceañista José María Calatrava y que convocaría Cortes Constituyentes con la intención de realizar una renovación de la Constitución de 1812. De todo este proceso nacería la nueva Constitución de 1837, que trajo consigo un nuevo sistema político que se perpetuaría hasta 1844. De este proceso constitucional preferiría apartarse Bravo Murillo, que volvió a dedicarse a su carrera de abogado, aunque este periodo sería de corto espacio.

Las Cortes volvieron a reunirse en noviembre de 1837, donde Bravo Murillo ocupó su escaño por Sevilla. Pocas serían sus intervenciones como procurador y estas, más que a problemas de política en general, se referían a aspectos técnicos y especialmente jurídicos. Del gabinete en el Gobierno, presidido por el conde de Ofalia, podría haber formado Bravo Murillo, pero las circunstancias le llevaron a no aceptar el cargo, ya que habría ocupado alguna de las carteras ministeriales que habían sido abandonadas ante las presiones del general Baldomero Espartero, que hacía y deshacía a su antojo apoyado en sus victorias contra los carlistas.

De nuevo sería ofrecido un cargo ministerial a Bravo Murillo, esta ocasión por parte del duque de Frías a su llegada al poder en 1838, un puesto que volvería a rechazar, ya que se encontraba ante la misma situación, donde el general Espartero seguía dominando la situación política. La hostilidad de Espartero hacia el duque de Frías propiciaría la destitución del Gobierno antes de que acabase el año.

Otro nuevo Gobierno fue designado, de acuerdo con los intereses de Espartero y esta vez presidido por Evaristo Pérez de Castro, que no ocupaba la posición de más poder, ya que casi todo el peso del gobierno caía sobre el ministro de Guerra, de total confianza para Espartero, el general Alaix. De este periodo destaca la intervención de Bravo Murillo ante las Cortes por los disturbios que tuvieron lugar en Sevilla en enero de 1839. Ese mismo año se pondría fin a la primera guerra carlista.

Ya en 1840, y con el propósito de favorecer el poder de los progresistas y sobre todo el del general Baldomero Espartero, se convocaron elecciones, donde Bravo Murillo volvió a ser elegido como diputado, esta vez desde la provincia de Ávila, en las filas del Partido Moderado, que conseguiría afianzarse en las Cortes, inauguradas por la regente María Cristina en febrero del mismo año. Fue durante este periodo cuando Bravo Murillo pronunció sus primeros discursos en relación con la hacienda en España, que tan famoso lo harían posteriormente.

Finalmente al llegar octubre de 1840 conseguiría al fin llegar a la regencia Baldomero Espartero, que había conseguido expulsar a la regente María Cristina y hacerse con el máximo poder en España. En esta situación Bravo Murillo se apartaría de nuevo de la lucha política, como había hecho en 1837, para dedicarse de forma exclusiva a ejercer la abogacía. En estos años de exclusiva dedicación a su profesión, Bravo Murillo comenzaría a estrechar lazos con los personajes más relevantes de la aristocracia madrileña, que le confiaban sus pleitos.

En el gobierno (1843-1854)

miniatura|izquierda|250px|Isabel II, por Federico Madrazo. 1850. Durante su reinado gobernó Bravo Murillo y se realizó el canal que lleva el nombre de la reina.

En el mes de julio de 1843 se cumplió el pronóstico de la reina María Cristina cuando al salir de España después de renunciar a la Regencia anunció que la caída del general Espartero sería rápida. En aquel caluroso estío, en que las pasiones políticas alcanzaron también máxima temperatura, se embarcaba también el duque de la Victoria para el destierro, zafándose de sus perseguidores. Había conseguido el regente unir a moderados, liderados por Narváez, y progresistas, dirigidos por Salustiano Olózaga y Joaquín María López. No participaría Bravo Murillo de la insurrección que llevó a Baldomero Espartero a abandonar España; pero no se mostraría sino satisfecho con la noticia de la salida del regente de su cargo.

Ante esta situación de desgobierno las Cortes, convocadas para el 15 de octubre, acordarían anticipar la mayoría de edad de la reina Isabel, que por aquel entonces solo contaba con trece años de edad. De esta forma no sería necesario elegir un nuevo regente. Aunque ahora el problema se situaba sobre quien conseguiría reunir los apoyos suficientes y la confianza de la reina para crear un gobierno.